Aumento del IVA en Rusia: del 20 % al 22 % a partir de 2026 para apuntalar finanzas del Kremlin

MOSCÚ, 29 nov. (Agencias) — El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, promulgó una ley que modifica el Código Tributario del país, elevando del 20 % al 22 % la tasa general del impuesto al valor agregado (IVA), a partir del 1 de enero de 2026.

La decisión, que forma parte de una amplia estrategia fiscal orientada a garantizar el financiamiento del gasto público en el contexto de la guerra en Ucrania, mantendrá sin embargo el tipo preferencial del 10 % para bienes de alta sensibilidad social, tales como alimentos básicos, medicamentos, artículos infantiles, libros, publicaciones periódicas y animales de cría.

La norma establece también que ciertos productos, como los lácteos que contienen sucedáneos de grasa láctea, quedarán excluidos de este régimen reducido y estarán gravados con la nueva tasa del 22 %.

De igual manera, la ley contempla una moratoria temporal de sanciones para pequeñas y medianas empresas que se incorporen por primera vez al régimen de pago del IVA en 2026, medida que busca facilitar su adaptación al nuevo umbral de ingresos anuales para tributar, el cual será reducido a 20 millones de rublos, lo que representa una disminución considerable frente al límite vigente.

De acuerdo con datos divulgados por medios estatales y recogidos por la BBC de Londres, esta reforma fiscal permitirá al Estado ruso captar ingresos adicionales estimados en 1.187 billones de rublos en 2026, 1.559 billones en 2027 y 1.677 billones en 2028, para un total proyectado de 4.423 billones de rublos en tres años.

Dichos recursos serán destinados a reforzar los sectores de defensa, seguridad nacional y gasto social, en un momento en que el conflicto armado con Ucrania continúa ejerciendo presión sobre las finanzas públicas del Kremlin.

El Ministerio de Finanzas de Rusia había propuesto esta iniciativa a finales de septiembre como parte del paquete presupuestario trienal, el cual fue aprobado por la Duma Estatal el pasado 20 de noviembre.

El proyecto ha sido presentado por las autoridades como un instrumento para garantizar la estabilidad fiscal y responder a las crecientes necesidades de financiamiento derivadas de la guerra, así como de la disminución sostenida de los ingresos por exportaciones de petróleo y gas.

En este sentido, el impacto acumulado de las sanciones impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones occidentales ha limitado el acceso de Rusia a los mercados internacionales, afectando de manera directa su industria energética.

Las restricciones a las exportaciones de crudo, así como la fijación de topes a los precios del petróleo ruso, han provocado una merma significativa en los ingresos estatales, lo cual ha forzado al gobierno a recurrir con mayor énfasis a la recaudación interna.

Además del endurecimiento fiscal, Rusia enfrenta un panorama macroeconómico caracterizado por alta inflación, contracción del consumo interno y presiones sobre el tipo de cambio del rublo.

La prolongación del conflicto militar ha generado un aumento constante del gasto público, mientras que las restricciones tecnológicas y comerciales complican la producción y distribución en sectores clave de la economía.

En este contexto, expertos locales e internacionales han advertido sobre las posibles consecuencias negativas del incremento del IVA para el consumo privado y la inversión empresarial.

El traslado del aumento impositivo a los precios finales podría afectar el poder adquisitivo de la población, en particular de los hogares de bajos ingresos, incrementando los niveles de pobreza y desigualdad.

Al mismo tiempo, la inclusión de nuevas pequeñas y medianas empresas en el régimen de IVA representa un reto operativo y financiero para ese sector productivo, cuya capacidad de adaptación es limitada en tiempos de incertidumbre.

No obstante, desde el Kremlin se insiste en que la medida es necesaria para preservar la soberanía financiera del país y asegurar el funcionamiento del Estado en medio de una coyuntura internacional desfavorable.

La estrategia busca además reducir la dependencia del presupuesto nacional de los ingresos energéticos, apostando por una estructura tributaria más diversificada y sostenida en el tiempo.

La decisión de aumentar el IVA no se presenta como un hecho aislado, sino como parte de una transformación fiscal más profunda que podría incluir otros ajustes en impuestos corporativos, tasas especiales y mecanismos de control sobre las actividades económicas internas.

La evolución de este proceso dependerá, en gran medida, de la duración del conflicto militar y del grado de resistencia de la economía rusa ante el aislamiento financiero internacional.

En definitiva, el incremento del impuesto al valor agregado ratifica el esfuerzo del gobierno ruso por mantener el equilibrio presupuestario en un entorno de guerra y sanciones, pero plantea serios desafíos para el tejido social y productivo del país, que deberá enfrentar las consecuencias de un aumento en la carga fiscal en medio de una situación económica ya frágil.

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