Los grupos que defienden a los migrantes en EE. UU. necesitan ayuda
Por Michelle Goldberg
The New York Times
Columnista de Opinión
Para mi columna de donaciones de este año, elegí dos grupos que me inspiraron con su resistencia a los ataques de Donald Trump contra los migrantes indocumentados. Ambos realizan una labor heroica, pero se encuentran atrapados entre una necesidad cada vez más grande de sus servicios y un clima político que amenaza sus recursos.
Conocí a Lindsay Toczylowski, presidenta y directora ejecutiva del Immigrant Defenders Law Center, en abril, cuando escribía sobre su cliente Andry Hernández Romero. El maquillador gay de Venezuela fue enviado por el gobierno a pudrirse en una megaprisión infernal de El Salvador, todo porque alguien identificó sus tatuajes, homenajes a sus padres, como relacionados con las pandillas. Después de ser liberado como parte de un intercambio de prisioneros en julio, describió algunos de los horribles abusos, incluida la agresión sexual por parte de los guardias, que permitió la política de Trump de transferir a sospechosos de un país a otro sin ningún tipo de protección legal.
A diferencia de las personas acusadas de delitos penales, la mayoría de los migrantes recluidos en centros de detención del ICE no tienen derecho a asistencia legal. Immigrant Defenders, con sede en el sur de California, interviene para ayudar a quienes, de otro modo, podrían desaparecer en el sistema. Gestiona una línea telefónica de asistencia jurídica para quienes se ven atrapados en la red del ICE, así como uno de los mayores programas jurídicos del país para veteranos deportados. Toczylowski dijo que el grupo había traído de vuelta a decenas de personas en los últimos cuatro años.
Muchos de los clientes de Immigrant Defenders son niños que cruzaron la frontera sin sus padres y que, por ley, se supone que deben recibir servicios jurídicos. Este año, Trump intentó cortar la financiación gubernamental para su representación legal, lo que obligó a Immigrant Defenders a despedir abogados. Un tribunal ordenó que se restableciera el dinero, pero Toczylowski dijo que existe una “gran incertidumbre” sobre el futuro.
Toczylowski esperaba que el segundo mandato de Trump fuera duro para su personal y sus clientes, pero ha sido incluso peor de lo que temía. La mayoría de las personas a las que atiende Immigrant Defenders no tienen condenas penales. Muchos llevan décadas en el país y tienen hijos e incluso nietos que son ciudadanos. “Los tipos de casos en los que trabajamos son desgarradores a un nivel completamente nuevo”, dijo.
Este verano, fui a Los Ángeles para escribir sobre los residentes que se organizaban para protegerse del ICE. La gente había establecido patrullas locales, en las que tocan el claxon o hacen sonar silbatos para advertir a sus vecinos de la proximidad de los agentes migratorios. Vigilaban los Home Depot donde se reunían los jornaleros migrantes, para que, si detenían a los trabajadores, hubiera alguien allí que lo documentara y alertara a sus familiares.
En gran parte de este activismo fue fundamental la Red Nacional de Organización de Jornaleros, fundada en 2001 para ayudar a los trabajadores, a menudo indocumentados y frecuentemente explotados, que impulsan las industrias de la construcción, las mudanzas y el paisajismo de California. Antes de este año, se enfocaba en ayudar a estos trabajadores a encontrar empleo, recuperar salarios que no fueron pagados y protegerse en lugares de trabajo peligrosos. Entonces Trump volvió al poder, y Pablo Alvarado, cofundador de la red, se dio cuenta de que necesitaría construir un movimiento para defender a su gente del gobierno. “Somos una organización ágil”, dijo. “Nos adaptamos a las nuevas circunstancias”.
Pronto la red estuvo en la vanguardia de la resistencia a Trump. Este año, ha entrenado a 5500 voluntarios para que vigilen al ICE y a las personas a las que persigue. El año que viene espera duplicar esa cifra. Las iglesias se están acercando a la organización, al igual que grupos como Indivisible y el movimiento 50501, mientras sus miembros buscan formas de enfrentarse al gobierno que vayan más allá de la protesta callejera.
A pesar de esta afluencia de energía, Alvarado dijo que el dinero de las fundaciones se está agotando; algunos filántropos parecen recelosos de hacer enfadar a Trump. Su esperanza reside en personas individuales deseosas de luchar contra el autoritarismo, que ven el poder en expansión del ICE como la punta de la lanza. “Este es el momento en el que necesitamos construir solidaridad, amor y poder desde abajo”, dijo. No se me ocurre un mejor deseo para estas fiestas.
Este artículo forma parte de la Guía de donaciones 2025 de Opinión del Times. La autora no tiene relación directa con las organizaciones mencionadas. Si te interesa alguna de las organizaciones mencionadas en la guía, dirígete directamente a su sitio web. Ni los autores ni el Times podrán atender consultas sobre los grupos ni facilitar donativos.
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