Final de año: entre logros, tropiezos y nuevos retos

Llegó ese momento del año que nos empuja casi sin querer a mirar hacia atrás. Diciembre, con todo y su corre corre, invita a la reflexión. Pensamos en lo que logramos, lo que dejamos en pausa y, por supuesto, en esos fracasos que todavía nos duelen. En lo personal, en lo familiar, en los negocios… cada quien carga su propio balance, pero hay algo que nos une: las ganas de seguir adelante.
Hablar de expectativas logradas no es solo mencionar lo grande. A veces se trata de cosas pequeñas pero significativas: pagar una deuda, iniciar un negocio, mejorar la salud, graduarse, pasar más tiempo con la familia, cambiar de trabajo o simplemente tener más paz mental. Logros así tienen más valor del que aparentan porque son pasos firmes hacia una mejor versión de nosotros mismos.
Ahora, no todo se logra al primer intento. Muchos de nosotros tenemos proyectos en proceso, metas que no se cumplieron por completo, pero que siguen vivas. Y eso está bien. Lo importante es mantener la fe y la dirección. Saber qué queremos y por qué lo queremos.
Los fracasos, aunque duelen, también enseñan. En los negocios, por ejemplo, se puede fallar por falta de experiencia, por no calcular bien los riesgos, por tomar decisiones emocionales o simplemente por circunstancias fuera de nuestro control.
En lo personal, muchas veces tropezamos por no conocernos lo suficiente, por rodearnos de gente equivocada o por no tener el apoyo necesario. Lo triste es cuando esos fracasos se sienten tan grandes que uno piensa que no hay vuelta atrás. Pero siempre la hay. El secreto está en no quedarse ahí, en levantarse aunque duela.
Contexto económico: el peso del entorno

Vivir en una sociedad como la nuestra, donde la economía tiene sus altas y bajas, también afecta nuestras metas. República Dominicana ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos años, pero en este 2025, la historia cambió un poco. Según la CEPAL, el país cerrará con un crecimiento de apenas 2.9%, por debajo del promedio histórico. Economistas locales dicen que podría ser un poco más, pero igual sigue siendo bajo para lo que estamos acostumbrados.
Y lo curioso es que, según las autoridades, muchos indicadores económicos van viento en popa. Por ejemplo, las remesas superaron los 11,700 millones de dólares, el turismo rompió récord con más de 10 millones de visitantes, la inversión extranjera directa pasó de los 4,800 millones de dólares, y las exportaciones mantienen buen ritmo. Entonces, ¿por qué no crecemos más? Todo apunta a causas internas: baja inversión pública, menor dinamismo en sectores clave y un entorno político que necesita reenfocar sus prioridades.
El ciudadano en el medio del vaivén

Aquí es donde entra la gente. Porque, aunque el país se cataloga como de renta media, el Banco Mundial advierte que gran parte de los que salieron de la pobreza ahora son «vulnerables», o sea, que con cualquier desajuste económico pueden volver a caer. Eso impacta directamente a quien decide emprender, a quien monta su colmado, su salón o lanza un proyecto familiar. No hay colchón. Y cuando todo depende de un ingreso inestable, cualquier crisis es una amenaza.
El 2026 llega con muchas expectativas, pero también con tareas claras para el gobierno. Ya se habla de una reforma tributaria y fiscal para enero, que nunca es bien recibida, especialmente si no se traduce en mejoras reales para la gente. Las autoridades deben apostar a más inversión pública, más transparencia, más políticas que verdaderamente incluyan, no solo en papeles y programas sociales, sino con oportunidades reales.
Este nuevo año nos obliga a todos a pensar con más estrategia, a ser más intencionales con lo que queremos y cómo lo vamos a lograr. El reto no es solo del gobierno, sino también de cada ciudadano que quiere mejorar su vida. Porque cuando uno crece, también crece el país.

