¿Hay interés por el petróleo venezolano?
Bernardo Vega
Washington primero dijo que el propósito de atacar a Venezuela era para acabar con el envío de drogas. Luego citó la necesidad de traer la democracia y la vigencia de los derechos humanos a ese país. Pero, una vez Maduro fue sacado de Caracas, se hizo evidente que el verdadero interés norteamericano en ese país es por el petróleo. Además del valor en sí de ese hidrocarburo está el aspecto geopolítico, ya que casi todo el petróleo venezolano se ha estado embarcando a China en los últimos años, no para generar divisas, sino como forma de repagar enormes préstamos tomados a Pekín en períodos anteriores. Otra proporción de las exportaciones iba a Cuba a precios muy subsidiados, por lo que la toma de control de todas las exportaciones petroleras venezolanas por parte de Washington podría eliminar toda exportación a Cuba, país que, además, depende de una pequeña cantidad de petróleo mexicano, la cual, según declaraciones recientes de la presidenta de ese país, se debe no solo a compromisos comerciales, sino que se envía por razones humanitarias.
Trump quiere estimular a las compañías petroleras norteamericanas a que inviertan en Venezuela para lograr que su producción de petróleo, hoy día muy baja, retorne a los altos volúmenes previos a la nacionalización bajo Chávez.
Pero hay varios problemas. Por un lado, el petróleo se está vendiendo, bajo la fórmula de Texas, apenas a US$57 el barril cuando hace un año estaba a US$100. El petróleo venezolano, muy espeso, y difícil de refinar probablemente tendría un costo de producción igual al actual nivel de precios internacionales, lo cual haría muy poco atractivas nuevas inversiones en la políticamente inestable Venezuela. Además, existen por lo menos dos fuentes alternativas de petróleo en países políticamente estables y confiables. En los propios Estados Unidos, sobre todo gracias a los estímulos impositivos del presidente Trump, ha aumentado mucho la producción de petróleo de esquisto (“shale, “fracking”). Ha aumentado tanto su producción que ya Estados Unidos no solo es un exportador neto de hidrocarburos, sino que sus exportaciones exceden las de Arabia Saudita. Por otro lado, si se quiere buscar petróleo fuera de Estados Unidos no hay que ir muy lejos de Venezuela, pues ese país colinda con Guyana donde varias compañías norteamericanas en años recientes han comenzado a explorar por petróleo.
Para los accionistas de las compañías petroleras norteamericanas, así como para sus altos ejecutivos, tiene mucho más sentido invertir en países estables como Estados Unidos y Guyana y no en Venezuela donde no se sabe cómo cambiará, si es que cambiará, su situación política. Actualmente es un gobierno de Maduro sin Maduro, manteniéndose allí el resto del equipo mandante.
¿Cómo afectará todo esto a la economía dominicana? Desde hace varios años nuestras importaciones petroleras provienen del golfo de Estados Unidos y el carbón, en base a información reciente, fluye desde Colombia. Los precios internacionales tenderán más bien a la baja y, si se logra, se reducirán los enormes subsidios que el Estado dominicano otorga a los precios de venta de la gasolina y la electricidad.
Por otro lado, la inestabilidad política vinculada a guerras como las de Ucrania, Gaza y los afanes expansionistas de Trump, que incluyen a Groenlandia, han estado afectando el precio del oro, el cual ha llegado a niveles altísimos para beneficio del fisco dominicano y de los accionistas de la Barrick, con minas en varias partes del mundo.
En lo geopolítico, si Estados Unidos prohíbe exportaciones petroleras a China es posible que se dé una situación que recuerde a los dominicanos lo que ocurrió aquí a finales del siglo XIX. Buenaventura Báez tomó préstamos onerosos en Inglaterra y el presidente Theodore (“Teddy”) Roosevelt apelando a la hoy revivida doctrina Monroe, repagó la deuda dominicana a Inglaterra a cambio de deudas dominicanas con Estados Unidos, cuyo repago estuvo garantizado hasta 1941 por el control de las aduanas dominicanas por parte de Estados Unidos. Washington hoy día bien podría asumir la deuda venezolana con China, país cuyas importaciones desde Venezuela apenas representan el 5% del petróleo que importa. En cuanto a Cuba, si Washington impide exportaciones petroleras desde Venezuela y México, los cubanos tendrían que traerlas desde Irán o Brasil, pagando precios comerciales, dando quizás el golpe de gracia a la economía de la revolución cubana.
Finalmente, aunque contamos con la “Refinería Dominicana de Petróleo”, esta ha dejado de ser una refinería, pues el 90% de lo que vende es combustible ya refinado que importa desde Estados Unidos. Es pues un simple complejo de tanques muy parecido al cercano a San Pedro de Macorís. Los ahorros al importar crudo para refinarlo localmente han desaparecido y, por cierto, hace muchos años que no importamos de México y Venezuela recursos petroleros pagaderos a largo plazo bajo Petrocaribe. El gobierno venezolano dice que todavía le debemos dinero por esas operaciones, lo que niega el nuestro.
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