Suerte de Maduro depende de acuerdo China-EEUU
Por Charlie Núñez
Hace mucho tiempo se estaba cocinando; el día 3 de enero se puso probablemente el plato principal en la mesa con el apresamiento de Nicolás Maduro en Venezuela por parte de fuerzas militares estadounidenses.
Los venezolanos, con una población dividida en dos pedazos, una rechazaba la acción y la otra celebraba; como se dice en el argot del baloncesto, ambos se fueron con el amague, no estaban liberando a Venezuela ni apresando a Maduro, estaban apresando a Venezuela por lo que esta representa en el nuevo orden mundial que se inició en nuestras narices de manera casi imperceptible.
El poderío que hasta la fecha han mostrado los EEUU nace de una crisis económica provocada por ellos y que ellos aprovecharon para convertirla en oportunidad.
En 1971, el presidente de los EEUU, Richard Nixon, suspende la convertibilidad del dólar en oro, lo que llevó al dólar a un riesgo de debilitamiento como moneda de reserva mundial, generando una gran crisis que se agudizó con el embargo petrolero en 1973, impulsado por los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo para forzar a Occidente a un cambio de actitud en su apoyo a Israel en la denominada guerra del Ramadán.
Durante ese embargo, los precios del petróleo se dispararon, generando grandes beneficios económicos para los países productores de petróleo. En ese escenario de crisis económica y de energía, el gobierno de Nixon, con participación destacada de su canciller Henry Kissinger, en 1974 logró con Arabia Saudita, líder de la OPEP, un acuerdo que dio origen al petrodólar.
En este, Arabia se comprometía a vender su petróleo exclusivamente en dólares estadounidenses y los EEUU daban a cambio protección militar, venta de armas y asistencia para la modernización y desarrollo económico del reino; este mismo acuerdo se amplió hacia otros países productores de petróleo.
Algunos dirán que exagero, pero es una versión moderna de cambio de espejitos por oro.
La fortaleza del imperio no estaba en sus armas ni en su tecnología ni en mentes brillantes, estaba en su fortaleza económica que nació en ese acuerdo; la fortaleza del dólar estaba garantizada de por vida. Sin embargo, aunque ese acuerdo no tenía fecha de caducidad, en el 2024, cincuenta años después, se han dado visos de que Arabia Saudita está en actitud y disposición de vender su petróleo en otras monedas, lo que sería el principio del fin del petrodólar, convirtiéndose en una gran amenaza para la economía norteamericana.
Desde mi óptica, los más afectados por las acciones de Donald Trump son Rusia y Putin, pues han pasado a un segundo plano después de haber sido el centro de atención por la guerra que vienen librando hace mucho con Ucrania.
Lo de Trump y Maduro no es una guerra; forma parte del nacimiento de un nuevo orden que tiene como protagonistas principales a los EEUU y China, en la que la diplomacia como la conocemos hoy en día quedará en el pasado, dando paso a la diplomacia de la fuerza; los enfrentamientos de estas potencias no se están dando con misiles ni tanques, sino con estrategias.
Debemos tener claro que los sistemas, ninguno es bueno ni es malo. Las dictaduras de izquierda y las de derecha tienen víctimas y victimarios, y aun la democracia genera víctimas y victimarios; las luchas internas dependen del papel que le ha tocado a cada quien jugar.
Otro punto importante es que los EEUU no pueden mandar una señal de debilidad en su propio patio, por lo que no se detendrá en ningún derecho o tratado para defender su condición imperial en la zona.
Si me preguntan cómo veo el final de la película, hay dos caminos: que alguien cometa un error y aprieten el botón equivocado y todos salimos perdiendo, o que la nueva diplomacia de la fuerza maneje bien sus fichas y todos saldrán ganando. Donald Trump habrá triunfado, los chinos saldrán por la puerta ancha y Putin continuará con su poderío; el resto del mundo seguirá agarrando una pulmonía cada vez que uno de esos tres tosa.
¿Y Maduro?, terminará como el mensaje oculto de las películas que tienen segundas partes.

