El hallazgo del cuerpo de Camilo Torres revive una de las fibras más sensibles del conflicto en Colombia

Bogotá, Colombia, 25 enero. – El anuncio del posible hallazgo e identificación de los restos del sacerdote, sociólogo y guerrillero Camilo Torres Restrepo, desaparecido desde su muerte en combate en 1966, ha reabierto uno de los capítulos más emblemáticos y debatidos del conflicto armado colombiano, marcando un punto de inflexión en la búsqueda de verdad y memoria histórica. Así lo reseña el diario El País de España en su cobertura sobre este significativo suceso.

Durante más de seis décadas, la ubicación de los restos del conocido como “cura guerrillero” fue una interrogante persistente en la historia sociopolítica de Colombia, debido a que tras su muerte en el combate de Patio Cemento, en Santander, el cuerpo desapareció y nunca fue entregado formalmente a su familia ni identificado de manera oficial.

El anuncio sobre el hallazgo se da justo cuando se acercan los 60 años de su caída en combate, un simbolismo que ha resonado entre sectores sociales, académicos y políticos.

De acuerdo con la reseña de El País, el sacerdote Camilo Torres, una de las figuras más simbólicas de la izquierda colombiana y de la llamada teología de la liberación, fue identificado por un equipo de antropólogos forenses que, tras años de trabajo, lograron encontrar restos humanos que corresponden al religioso desaparecido en 1966.

Este hallazgo se realizó en el marco de investigaciones impulsadas por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), una entidad creada tras los acuerdos de paz con las FARC para esclarecer casos de desaparecidos en el marco del conflicto armado.

La figura de Camilo Torres Restrepo trasciende su papel como combatiente. Antes de enrolarse en las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), nació en una familia acomodada de Bogotá y se formó como sacerdote católico, integrándose activamente en la vida intelectual, religiosa y social del país.

Tras culminar estudios en sociología en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, se convirtió en una figura visible dentro de los debates sobre pobreza, desigualdad y reforma social en Colombia, especialmente desde su rol como capellán y profesor en la Universidad Nacional.

En su paso por la Universidad Nacional, Camilo Torres se destacó no solo por su labor religiosa, sino también por su compromiso con las causas sociales. A comienzos de los años sesenta, promovió iniciativas de organización comunitaria como las juntas de acción comunal, concebidas para fomentar la participación ciudadana y dar soluciones colectivas a problemas cotidianos en barrios y zonas rurales.

Además, junto a Orlando Fals Borda, cofundó la primera Facultad de Sociología de América Latina, un hito académico que consolidó su reputación como promotor de una sociología comprometida con la realidad del país.

La evolución ideológica de Torres lo llevó a cuestionar la eficacia de las reformas graduales frente a las profundas desigualdades estructurales del país, influenciado tanto por las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II como por los procesos revolucionarios latinoamericanos de la época.

Su convicción de que la lucha armada era un camino necesario para lograr transformaciones sociales lo llevó a unirse al ELN en 1965, donde participó activamente hasta su muerte, ocurrida el 15 de febrero de 1966 en el Combate de Patio Cemento.

La identificación de sus restos tiene un fuerte componente simbólico, pues Torres ha sido objeto de reivindicación y disputa ideológica durante décadas. El ELN lo ha elevado como figura ideológica central en su narrativa, resaltando sus múltiples facetas como sacerdote, sociólogo, dirigente político y revolucionario.

No obstante, su apropiación como mito político ha sido cuestionada por críticos que señalan una reinterpretación de su legado con fines estratégicos propios. El presidente Gustavo Petro, por ejemplo, ha recurrido a la figura de Torres como ejemplo en sus llamados al diálogo con el ELN, aunque también ha criticado ciertas interpretaciones que distorsionan su pensamiento.

Según la cobertura del El País, el hallazgo de los restos de Camilo Torres también plantea una oportunidad para vincular su memoria a su trayectoria académica y social antes de su ingreso a la lucha armada, particularmente a través de la Universidad Nacional de Colombia.

La institución ha anunciado planes de construir un mausoleo en su honor en el campus, convirtiendo el espacio en un lugar de memoria que reconcilia tanto su aporte intelectual como el impacto de su participación en el conflicto.

La UBPD, encargada de coordinar la búsqueda, ha trabajado intensamente en los últimos años, utilizando metodologías amplias que integran fuentes documentales, testimonios y técnicas antropológicas para acercarse a la identificación de los restos de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado.

El proceso para Camilo Torres se ha desarrollado con especial atención, debido al carácter histórico de su desaparición y al largo periodo de incertidumbre sobre su paradero.

Más allá de las implicaciones simbólicas, este descubrimiento tiene una dimensión humana significativa: permite cerrar, en parte, una larga etapa de dolor para las familias afectadas por desapariciones forzadas, ofreciéndoles la posibilidad de un acto de despedida digno. Asimismo, reabre el debate sobre las responsabilidades estatales e institucionales durante el conflicto, especialmente en relación con la desaparición de cuerpos y el tratamiento de víctimas.

La figura de Torres también es relevante para entender las complejidades del conflicto colombiano, que ha involucrado múltiples actores, reivindicaciones sociales y procesos de transformación política a lo largo de décadas.

Su historia —de sacerdote comprometido con los pobres a combatiente armado— refleja tensiones profundas dentro de la sociedad colombiana entre la búsqueda de justicia social y las vías para alcanzar ese objetivo.

Hoy, mientras el país reflexiona sobre el impacto de este hallazgo, sectores universitarios, sociales y políticos debaten sobre cómo incorporar este hecho en la narrativa histórica del conflicto, distinguiendo entre la memoria de un intelectual y líder social y las interpretaciones que han sido utilizadas políticamente por diferentes grupos a favor o en contra de la lucha armada.

Este momento marca, sin duda, un hito en la historia de Colombia: la posible identificación de Camilo Torres Restrepo —una figura que simboliza tanto aspiraciones de justicia social como las contradicciones de un país en conflicto— y la apertura a una nueva fase de reflexión y memoria histórica que puede contribuir a la construcción de paz.

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