Suspensión en el suministro de petróleo mexicano profundiza crisis energética en Cuba y amenaza sectores clave de su economía
Desde La Habana, Cuba – 28 de enero de 2026 (Agencias). – El reciente anuncio de la suspensión parcial de los envíos de petróleo desde México a Cuba ha encendido las alarmas en una nación que ya enfrenta una de las peores crisis energéticas de su historia reciente.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, confirmó el martes 27 de enero que Petróleos Mexicanos (Pemex) ha interrumpido temporalmente el suministro a la isla, bajo el argumento de ajustes contractuales.
Sin embargo, esta medida, que oficialmente no responde a presiones externas, se produce en un momento de alta tensión geopolítica y de creciente aislamiento de La Habana por parte de actores internacionales, especialmente Estados Unidos.
Las consecuencias para Cuba no se han hecho esperar. Con una matriz energética altamente dependiente del petróleo importado, el recorte del suministro desde México agrava aún más la situación de escasez crónica de combustible, provoca apagones prolongados y amenaza con paralizar sectores estratégicos de la economía, desde la industria y el transporte hasta los servicios públicos y la producción de alimentos.
A medida que disminuye la disponibilidad de energía, se multiplican los efectos en cadena sobre la ya debilitada economía cubana, con impactos tangibles en la vida cotidiana de millones de ciudadanos.
Un vínculo energético en revisión

México se había convertido en los últimos dos años en uno de los principales proveedores de crudo para Cuba, tras la disminución drástica del envío de petróleo desde Venezuela.
Entre octubre de 2024 y noviembre de 2025, los envíos mexicanos superaron los 1.106 millones de dólares, según cifras del Banco de México, lo que representó un aumento histórico sin precedentes en las relaciones bilaterales. Este monto supera ampliamente los registros de administraciones anteriores y representa más del 57 % del total exportado por México a Cuba en tres décadas.
En efecto, los datos muestran que solo en los primeros 13 meses de gobierno de Sheinbaum, el volumen de exportaciones petroleras a la isla superó por 15 veces lo registrado durante el sexenio de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, y por siete veces lo enviado en la administración de Enrique Peña Nieto.
Estas cifras ilustran el grado de dependencia energética que Cuba ha desarrollado en torno a este vínculo, y explican la magnitud del impacto que puede causar cualquier modificación en el flujo de hidrocarburos.
Sin embargo, la presidenta mexicana ha insistido en que la interrupción actual responde únicamente a razones contractuales. “Pemex toma decisiones en la relación contractual que tiene con Cuba… así como durante un tiempo no se envió y después sí se envió y otro tiempo no se envió”, explicó en rueda de prensa.
Evitó, no obstante, aclarar si se trata de una suspensión total o de una pausa temporal, lo que incrementa la incertidumbre en la isla.
La presión de Estados Unidos y el contexto regional

El anuncio del recorte se produce en un entorno regional marcado por una renovada presión de Estados Unidos hacia el Gobierno cubano. Legisladores republicanos de Florida han advertido que la continuidad de los envíos de petróleo por parte de México podría tener consecuencias para la relación comercial en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
“Durante años hemos exigido el cese de todo el envío de petróleo de México a la dictadura en Cuba. El gobierno mexicano está socavando la política de Estados Unidos y no vamos a tolerar esa gran traición mientras renegociamos nuestro tratado de libre comercio”, escribió el congresista Carlos Giménez en la red social X.
A estas presiones se suma la crisis venezolana, que derivó en la paralización casi total de los envíos de petróleo desde Caracas tras el operativo militar que resultó en la detención del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
Con Venezuela fuera de la ecuación y Rusia ofreciendo un apoyo intermitente, México había pasado a ocupar un rol central en la supervivencia energética de Cuba. Su retirada, parcial o total, del esquema de suministro coloca a La Habana en una situación de extrema vulnerabilidad.
Apagones masivos: la cara más visible de la crisis
La consecuencia más inmediata del recorte es el agravamiento del régimen de apagones que afecta a toda la isla. Según reportó la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE), hasta el 58 % del país estará sin suministro eléctrico durante las horas de mayor consumo energético.
En los informes más recientes, la capacidad de generación eléctrica se estima en apenas 1.345 megavatios (MW), frente a una demanda que supera los 3.150 MW, lo que implica un déficit de más de 1.800 MW.
Las autoridades han reconocido que nueve de las 16 unidades de producción termoeléctrica están fuera de servicio, sea por mantenimiento o por fallas técnicas, en gran parte atribuibles a décadas de uso sin modernización adecuada.
Estas plantas aportan cerca del 40 % de la generación total del país, por lo que su indisponibilidad tiene un impacto desproporcionado. A ello se suma la paralización de gran parte de la generación distribuida —motores de combustión alimentados con diésel y fueloil— debido a la escasez de combustibles y lubricantes.
Una economía colapsada por la falta de energía
La falta de energía eléctrica y combustibles se traduce en una cadena de efectos devastadores para la economía cubana, que desde 2020 ha sufrido una contracción acumulada superior al 15 %, según cifras oficiales.
La paralización de la industria, el transporte y los servicios genera una situación que muchos analistas comparan con el llamado «Período Especial» de los años noventa, cuando el colapso de la Unión Soviética dejó a Cuba sin acceso a petróleo y provocó una grave crisis económica.
Entre los sectores más afectados se encuentra la agricultura, especialmente en momentos en que el país enfrenta dificultades para importar alimentos debido a la escasez de divisas. Sin electricidad para sistemas de riego ni combustible para maquinaria agrícola, la producción local se desploma, incrementando la dependencia de importaciones que Cuba no puede costear.
Los servicios públicos tampoco escapan al impacto. Hospitales, escuelas, sistemas de agua potable y telecomunicaciones experimentan interrupciones constantes. Aunque se prioriza la atención a instalaciones críticas, la falta de insumos energéticos limita severamente la capacidad de respuesta del Estado.
Esta precariedad, combinada con una creciente sensación de abandono, alimenta el descontento popular.
Un malestar social en crecimiento
Los prolongados apagones han sido uno de los principales catalizadores de las recientes protestas en diferentes puntos del país. La población, harta de vivir sin luz, sin transporte y con escasa disponibilidad de alimentos,
ha comenzado a manifestarse con mayor frecuencia, desafiando el tradicional control del aparato estatal. La respuesta del Gobierno ha sido la contención y el llamado a la resistencia, pero la magnitud de la crisis plantea un desafío creciente para las autoridades cubanas.
Expertos independientes advierten que el colapso del sistema eléctrico podría precipitar una crisis humanitaria si no se toman medidas urgentes. Se calcula que serían necesarios entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para modernizar y estabilizar la red eléctrica nacional, una inversión que parece imposible en el corto plazo para un país con acceso limitado al financiamiento internacional.
Conclusiones: incertidumbre en el horizonte
El recorte en el suministro de petróleo mexicano representa mucho más que una simple decisión comercial: constituye un factor de desestabilización para una economía ya frágil y un desafío mayúsculo para la gobernabilidad en Cuba.
En un contexto de aislamiento creciente, con escasas alternativas de financiamiento y sin aliados regionales de peso que garanticen una fuente estable de combustible, La Habana enfrenta una crisis estructural sin precedentes.
La respuesta inmediata del Gobierno cubano ha sido mantener el discurso de resistencia y señalar las causas externas como responsables de la crisis. Pero el malestar social, la parálisis económica y el deterioro de los servicios básicos obligan a repensar estrategias y buscar soluciones más allá de la retórica.
Por ahora, millones de cubanos enfrentan días cada vez más largos sin electricidad, con menos transporte, menos alimentos y menos certezas sobre el futuro. Y cada barril de petróleo que no llega desde el exterior se convierte en un nuevo recordatorio de cuán dependiente, y a la vez vulnerable, sigue siendo la economía de la isla.

