Lo que MAGA ve en el espejo de Minnesota

Por David French

Columnista de Opinión

The New York Times

Es importante saber exactamente lo que está ocurriendo en nuestro país. El presidente Donald Trump sufrió un revés en Mineápolis. Sin embargo, su proyecto más amplio sigue adelante, y está creando una realidad paralela basada en el movimiento MAGA que sienta las bases para una mayor escalada de violencia de Estado.

Así es como funciona el proceso. En primer lugar, los agentes federales (principalmente del ICE y de la Patrulla Fronteriza) adoptan una conducta extraordinariamente agresiva y anárquica, que incluye iniciar el contacto físico con manifestantes o miembros del público.

Y no limitan su agresión a los migrantes ilegales que delinquen, “lo peor de lo peor”. Están deteniendo a personas a las que se ha concedido un estatus legal, han atrapado en redadas a ciudadanos y afirman tener la autoridad de entrar en los domicilios de las personas sin órdenes judiciales que les concedan el derecho de registro.

En segundo lugar, como ha señalado mucha gente (me incluyo), cuando se produce un enfrentamiento, el gobierno y sus aliados en el Congreso inmediatamente publican declaraciones en las que culpan a las víctimas, y a menudo utilizan el lenguaje más fuerte posible: las llaman “terroristas domésticos” o “sediciosos”.

Piensa en las cosas espantosas que han dicho sobre Renee Good y Alex Pretti, dos residentes de Minnesota que fueron abatidos a tiros por agentes federales en las calles de Mineápolis. Kristi Noem acusó a Good de cometer un acto de “terrorismo doméstico”. El vicepresidente JD Vance calificó sus acciones de “terrorismo clásico”. El presidente Trump afirmó que ella “atropelló de forma violenta, deliberada y despiadada al agente del ICE”.

Ninguna de esas afirmaciones está ni remotamente respaldada por las pruebas disponibles.

La calumnia del gobierno contra Pretti puede haber sido aún peor. Gregory Bovino, que entonces aún servía en Minnesota en calidad de comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza, dijo que Pretti (que tenía un permiso válido para portar armas de fuego y llevaba una pistola, pero al parecer no la tocó, ni mucho menos la blandió) parecía estar intentando “causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”. Noem también lo acusó de “terrorismo doméstico”, y Stephen Miller lo llamó “asesino” que “intentó asesinar a agentes federales”. Vance compartió la calumniosa acusación de Miller.

De nuevo, ninguna de esas afirmaciones estaba respaldada por pruebas significativas.

El gobierno hace estas declaraciones antes de que haya ninguna investigación y, a veces, incluso antes de haber tenido la oportunidad de revisar todas las pruebas disponibles públicamente, incluidos los videos de los teléfonos móviles. Si el enfrentamiento no es mortal, a menudo presentan cargos penales y publican comunicados de prensa que pregonan su proceso judicial.

Da la impresión de que si pudieran acusar a los muertos de crímenes, lo harían, con regocijo.

En tercer lugar, cuando los miembros de los medios de comunicación tratan de informar cuidadosamente de los hechos y ponen en duda la versión del gobierno, eso se considera un nuevo ultraje. Para el movimiento MAGA, las versiones periodísticas que contradicen la versión oficial son un ejemplo más de que los medios tradicionales tienen un sesgo activista, mienten y manipulan la información.

Por último, cuando las causas penales llegan a los tribunales, a menudo el gobierno no puede apoyar sus afirmaciones, y las causas son desestimadas una y otra vez. Las sentencias judiciales adversas enfurecen aún más al grupo MAGA: ahora los jueces también participan en una forma de “insurrección legal” o anulación de la ley federal.

Las protestas enfurecen al movimiento MAGA. El periodismo enfurece al movimiento MAGA. La rendición de cuentas enfurece al movimiento MAGA. Y la ira sigue creciendo hasta que una sola frase empieza a extenderse a lo largo y ancho de la base de seguidores de Trump: “Invoquen la Ley de Insurrección”.

Visto a través de un prisma, este patrón es una forma de suicidio político. Como demuestran las encuestas, muchos estadounidenses que pensaban que votaban a favor de mejores controles fronterizos y restricciones más estrictas de la migración están descontentos con la agresión de Trump.

A los votantes no les gusta ver a agentes enmascarados que sacan a la gente de casas, tiendas y coches. No les gustan los videos que se difunden en las redes sociales en los que el ICE y la Patrulla Fronteriza se disfrazan de una versión del SEAL Team 6 de baja estofa.

No les gusta que el gobierno mienta y calumnie a las mismas personas a las que hiere y mata, y se enfurecen especialmente cuando los videos grabados con teléfonos móviles desmienten de inmediato la versión del gobierno.

Y en la medida en que prestan atención a los procedimientos judiciales, definitivamente no les gusta cuando el gobierno es sorprendido mintiendo y desafiando las órdenes de los jueces.

Por ejemplo, el miércoles, Patrick Schiltz, juez jefe del Tribunal de Distrito de Minnesota, emitió una orden extraordinaria en la que catalogaba un total de 96 órdenes judiciales que, según dijo, el ICE había violado en 74 casos diferentes. “Es probable que el ICE haya violado más órdenes judiciales en enero de 2026″, escribió el juez, “que algunas agencias federales en toda su existencia”.

La orden de Schiltz llegó tras otra mordaz sentencia de un tribunal federal. Este mes, después de la muerte a tiros de Renee Good, escribí sobre el dictamen de 233 páginas de la jueza Sara Ellis, del Tribunal de Distrito de Estados Unidos, que exponía de forma cuidadosa y detallada una serie de mentiras del gobierno de Trump, mentiras que utilizaba para justificar sus tácticas en las calles de Chicago.

En cada paso del camino, el gobierno está dilapidando lo que tenía de buena voluntad y aumentando las posibilidades de una victoria demócrata en las elecciones intermedias.

El problema, sin embargo, es que el gobierno está jugando un juego diferente. No intenta ganarse el apoyo de la gente, sino imponer su voluntad.

En septiembre de 2020, publiqué un libro en el que argumentaba que las divisiones estadounidenses estaban creciendo tan profundamente que poníamos en peligro nuestra unión nacional. No creía que un divorcio nacional fuera inminente, ni que estuviéramos derivando hacia una guerra civil como la que padecimos de 1861 a 1865, sino que nos encontrábamos en un camino peligroso. Había paralelismos inquietantes entre la década de 1850 y nuestra nación actual.

¿Qué hizo que una facción minoritaria de la política estadounidense decidiera romper la Unión? Obviamente, la defensa de la esclavitud era, en última instancia, incompatible con el credo estadounidense. La nación se encaminaba hacia una colisión entre su creciente abolicionismo y las tenaces fuerzas del poder esclavista, que consideraban la “peculiar institución” del Sur como fundamental para su prosperidad e identidad.

Pero, ¿por qué los sureños estaban tan ansiosos por separarse en 1860 y 1861? Parte de la respuesta está en la prensa del Sur. Después de la ejecución en diciembre de 1859 de John Brown, el violento abolicionista del Norte que había asaltado el arsenal federal de Harpers Ferry en un intento de desencadenar una rebelión de esclavos a gran escala, la prensa partidista del Sur amplificó las voces de los norteños que admiraban a Brown —aunque solo admiraran su causa, no sus tácticas— y utilizó esas palabras para intensificar el miedo y la ira latentes en el público blanco del Sur.

James McPherson, en su magnífica historia de la Guerra Civil en un solo volumen, Battle Cry of Freedom: The Civil War Era, describe el escenario de forma vívida.

Una publicación llamada De Bow’s Review escribió que el Norte “ha aprobado y aplaudido el robo, el asesinato y la traición”. Un periódico de Baltimore se preguntaba si el Sur podría “vivir bajo un gobierno, la mayoría de cuyos súbditos o ciudadanos consideran a John Brown un mártir y un héroe cristiano”.

Como escribió McPherson, los historiadores han comparado el “paroxismo de ira” que se apoderó del Sur en 1859 y 1860 con el “Gran Miedo” de Francia en 1789, cuando los campesinos franceses creyeron que las fuerzas del rey estaban empeñadas en masacrarlos.

Hoy se puede ver en juego la misma dinámica en el movimiento MAGA. Está atenazado por su propio “paroxismo de ira”. Cuando los migrantes indocumentados cometen un crimen violento, la noticia plaga los medios de comunicación de derecha. Sabemos por las elecciones de 2024 que la derecha traficará con las mentiras más descabelladas sobre las comunidades de migrantes, incluida la fantasía de que los migrantes haitianos se comían a los animales domésticos en Springfield, Ohio. Palabras como “invasión” son omnipresentes en los medios de comunicación de derecha.

Con ese telón de fondo, desde el punto de vista del grupo MAGA, la respuesta del resto del país a las muertes de Good y Pretti se parece mucho a la respuesta del Norte a la ejecución de John Brown. Good y Pretti no tenían las manos manchadas de sangre como Brown, pero a los ojos de la derecha MAGA, son criminales peligrosos responsables de sus propias muertes.

Son culpables de obstaculizar a los agentes. Son culpables de resistirse a la detención. Pretti es culpable de llevar un arma a una protesta (extraño que la derecha se oponga, dada su propia afición a las protestas armadas). Son culpables de proteger a migrantes criminales violentos y crueles.

La cámara de eco de la derecha es tan poderosa y está tan herméticamente sellada que incluso los conservadores serios pueden caer en la desinformación del gobierno.

El lunes, una mujer de Chicago llamada Marimar Martinez presentó una moción ante un tribunal federal que solicitaba la anulación de una orden de protección que le permitiera compartir con el público información sobre su encuentro con la Patrulla Fronteriza.

Un agente de la Patrulla Fronteriza disparó a Martinez varias veces el 4 de octubre de 2025, y el gobierno de Trump afirmó inicialmente que ella había “embestido” a agentes de la Patrulla Fronteriza o había ayudado a “acorralar” a agentes de la Patrulla Fronteriza con “aproximadamente 10 vehículos”. El gobierno de Trump presentó cargos penales contra ella, para luego solicitar al tribunal que desestimara los cargos, con perjuicio (lo que significa que no se pueden volver a presentar).

Sin embargo, gran parte de las pruebas del caso permanecen selladas. ¿Y por qué querría Martinez que se revelaran todas las pruebas? ¿Quizás porque el gobierno todavía la califica de terrorista doméstica en el sitio web del Departamento de Seguridad Nacional?

Además, e igualmente inquietante, el juez Samuel Alito repitió la versión falsa de los hechos proporcionada por el gobierno en su opinión disidente en el caso Trump contra Illinois, la reciente decisión de la Corte Suprema que bloquea el despliegue de la Guardia Nacional ordenado por el gobierno de Trump en Illinois.

“En un suceso ampliamente publicitado el 4 de octubre”, escribió Alito, “un vehículo federal que transportaba agentes de la Patrulla Fronteriza fue acorralado en una calle pública por 10 vehículos civiles, y dos de esos vehículos embistieron al vehículo gubernamental. Cuando los agentes salieron de su vehículo, uno de los vehículos civiles se dirigió directamente contra un agente, obligándolo a disparar en defensa propia”.

Si eso es correcto, ¿por qué pidió el Departamento de Justicia que se desestimara el caso, con perjuicio?

No creo ni por un momento que Alito repitiera a sabiendas información falsa, pero es difícil discernir la verdad cuando estás expuesto a una ventisca de mentiras, sobre todo cuando esas mentiras proceden de una institución, el Departamento de Justicia, que ha demostrado durante mucho tiempo tal integridad que los jueces le han concedido una “presunción de regularidad”, es decir, se cree que las fuerzas federales del orden actúan de forma honesta y legal.

Ya no merece tal presunción. De hecho, el gobierno de Trump miente con tal regularidad y descaro que uno debería suponer que es deshonesto hasta que podamos ver con nuestros propios ojos las pruebas que respaldan su versión.

Trump parece estar dando marcha atrás en Minnesota, hasta cierto punto. Bovino, el comandante de la Patrulla Fronteriza que había estado a cargo de la operación del estado, ha sido retirado de Minnesota y, al parecer, se le ha impedido publicar en las redes sociales.

El presidente envió a su zar fronterizo, Tom Homan, al estado. Trump incluso ha suavizado su tono hacia el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, al menos temporalmente. El miércoles, Trump indicó que Frey “jugaba con fuego” si se negaba a hacer cumplir las leyes federales de inmigración.

Homan es un defensor de las políticas de inmigración duras, pero no es tan agresivo y pugilístico como Noem, y al parecer ambos se han enfrentado por la preferencia de Noem por operaciones de aplicación de la ley vistosas y de estilo militar.

Pero hay una diferencia entre un cambio de opinión y una retirada táctica. Al momento de escribir estas líneas, la publicación de Miller en la que acusaba a Pretti de ser un asesino sigue publicada. El retuit de Vance de la publicación de Miller sigue en línea. El martes, un portavoz de Seguridad Nacional se negó rotundamente a dejar de calificar a Pretti de terrorista doméstico durante una entrevista con Dana Perino en Fox News.

Apenas el domingo pasado Miller afirmó que los demócratas, “después de perder unas elecciones, lanzaron una resistencia armada para impedir que el gobierno federal revirtiera la invasión”.

Y entonces, como si estuviera previsto, Miller volvió a atacar al poder judicial justo cuando yo estaba terminando de redactar este boletín. Un tribunal federal de Mineápolis emitió una orden que impedía al gobierno arrestar o detener a refugiados que se encuentren legalmente en Estados Unidos, lo que llevó a Miller a publicar en X: “El sabotaje judicial de la democracia no tiene fin”.

No hay que confundir la gestión de crisis con una reforma real, y no hay que creer ni por un segundo que la furia del movimiento MAGA está amainando. No se ha aplacado por las imágenes que muestran que Pretti fue rociado con gas pimienta sin justificación, que nunca buscó su arma y que fue acribillado a balazos después de ser desarmado.

Tampoco lo escarmientan las imágenes que muestran que el agente que mató a Renee Good ya estaba fuera de peligro cuando disparó la primera bala, ni las que muestran que él mismo provocó gran parte del peligro al caminar imprudentemente delante de un coche en marcha en una situación caótica y confusa. Tampoco lo corrige el sonido de alguien que estaba lo suficientemente cerca como para que se escuchara cuando llamó “maldita perra” a Good justo después de que le dispararan y la mataran delante de su horrorizada pareja.

Y si crees que el movimiento MAGA cree que su furia y rabia paralizarán su actual intento de conseguir un poder cada vez mayor, piensa en la lección que aprendió después del 6 de enero: Trump podría desencadenar lo que equivalió a un intento de golpe de Estado y aun así volver al Despacho Oval.

Así que no cree en las encuestas. No cree a los medios de comunicación. No cree en los tribunales. Sigue confiando en Trump, y seguirá bajo su hechizo cuando muera alguien más y todo el ciclo vuelva a empezar.

Otras cosas que hice

El lunes publicamos una conversación de mesa redonda con mis colegas Michelle Goldberg, Lydia Polgreen y Matthew Rose. Hablamos del asesinato de Alex Pretti y de cómo reformar el ICE:

Me gusta la idea de responder de forma agresiva y específica. Quitarles las máscaras. Acabar con sus inmunidades. Limitar su jurisdicción. Restringir sus tácticas. Todo esto puede hacerse mediante la legislación sin inhibir la aplicación humanitaria de las leyes de inmigración. Y si se hace correctamente, la reforma legislativa puede conducir a una mayor rendición de cuentas en todo el gobierno.

El domingo escribí sobre la forma en que la guerra cultural envenena la enseñanza superior. Está convirtiendo las universidades en motores del activismo, y cuando el activismo es más importante que la investigación, puede tener un efecto pernicioso:

Con el tiempo, esta mentalidad da lugar a una sorprendente monocultura ideológica, en la que casi todas las personas a tu alrededor comparten, en líneas generales, tu misma ideología. Cuando casi todas las personas inteligentes que conoces están de acuerdo contigo de forma significativa, es muy fácil llegar a la conclusión de que tus oponentes no solo están equivocados, sino que incluso pueden ser estúpidos o malvados.

¿Y quién quiere gente estúpida o malvada en el campus?

Las mejores universidades, por el contrario, adoptan el enfoque opuesto. No te enseñan a reafirmar tus convicciones, sino a acercarte al mundo con espíritu de curiosidad. No es que las personas curiosas no deban tener convicciones; pero sus convicciones deben estar templadas por la humildad.

Por último, el sábado publicamos una divertida conversación con mis colegas Emily Bazelon y Aaron Retica. Hablamos de los argumentos orales en el caso Trump contra Cook, en el que Lisa Cook, miembro de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, lucha por conservar su puesto de trabajo después de que Trump intentara despedirla. En el debate participó un conservador tradicional, Paul Clement, contra el gobierno de Trump, y el conservador tradicional va a ganar:

Pero hay otro aspecto muy interesante que, en mi opinión, no ha recibido suficiente atención. El defensor de Lisa Cook era Paul Clement. Esto es significativo porque se produjo un enfrentamiento entre el arquetipo de la filosofía jurídica de MAGA, representada por el procurador general —probablemente el mejor defensor de la filosofía legal del movimiento MAGA en Estados Unidos es el actual procurador general, John Sauer— contra no cualquier abogado conservador, sino un tipo que estaría en el Consejo de Elrond del originalismo.

Es decir, este hombre es el arquetipo del abogado conservador. Así que, francamente, en esa lucha, tenías a la parte legal de MAGA contra el conservadurismo clásico. Lo que Clement logró fue apelar al originalismo de los jueces Roberts, Barrett, Kavanaugh y Gorsuch, y lo hizo con fluidez.

Fue fascinante escuchar el argumento porque, a medida que avanzaba, sentí que Clement ganaba cada vez más confianza. Era como: Oh, yo gano por la puerta n.º 1. Pero si no les gusta la puerta n.º 1, la n.º 2 también es fabulosa. Yo gano por la puerta n.º 2.

Pocas veces he salido de un alegato oral o he escuchado un alegato oral y he salido con una idea tan clara del resultado como en este caso.

David French es columnista de Opinión y escribe sobre derecho, cultura, religión y conflictos armados. Es veterano de la Operación Libertad Iraquí y exabogado constitucional. Su libro más reciente es Divided We Fall: America’s Secession Threat and How to Restore Our Nation. Puedes seguirlo en Threads (@davidfrenchjag).

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