CATALEJO: Anosognosia y justicia

Por ANULFO MATEO PEREZ

En el escenario judicial, pocas nociones resultan tan incómodas como la anosognosia. Se trata de esa condición en la que el sujeto, aun portando una enfermedad mental o neurológica evidente, es incapaz de reconocerla. No niega: simplemente no sabe. Y ese no saber no es moral ni voluntario, sino patológico.

La justicia, acostumbrada a apoyarse en la palabra, tropieza aquí con un límite. El enfermo con anosognosia puede hablar con lógica, defenderse con vehemencia y afirmar, sin fisuras, que está sano.

Sin embargo, su juicio de realidad se encuentra alterado, y con él, la posibilidad de comprender cabalmente la ilicitud de sus actos o las consecuencias de sus decisiones, como ocurre en el caso del actor Bruce Willis.

La anosognosia no es un tecnicismo académico, sino un dato decisivo. Aparece en psicosis, demencias, lesiones cerebrales, y tiene impacto directo sobre imputabilidad penal, capacidad civil y el consentimiento informado.

Ignorar estas condiciones equivale a confundir lucidez verbal con salud mental, y autonomía formal con autodeterminación real. El error más frecuente consiste en interpretar la falta de conciencia de enfermedad como negación, mala fe o simulación.

Desde esa confusión, el sistema penal termina castigando la enfermedad como si fuera delito, y el civil validando actos jurídicos viciados desde su origen.

La anosognosia interpela a la justicia en su núcleo ético: ¿Puede responder plenamente quien no puede reconocerse enfermo? ¿Es libre una decisión tomada desde un juicio alterado?

La respuesta requiere mirada clínica, prudencia jurídica y, sobre todo, humanidad. Porque allí, donde la justicia no distingue entre culpa y patología, deja de ser justa y se convierte, sin saberlo, en otra forma de violencia.

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