La Habana suspende suministro de combustible a aerolíneas internacionales en medio del cerco petrolero de EE.UU.
La Habana, Cuba – 9 de febrero de 2026. -Cuba ha suspendido por un mes el suministro de combustible a las aerolíneas internacionales que operan en su territorio, una decisión adoptada en medio de una creciente crisis energética nacional y un contexto de presión diplomática y económica intensificada por parte de los Estados Unidos.
La medida fue confirmada por fuentes del sector aéreo y afecta directamente a las operaciones de compañías extranjeras que vuelan hacia y desde la isla.
Esta decisión se enmarca en las dificultades derivadas del bloqueo de los envíos de petróleo venezolano, principal fuente energética para Cuba, así como en las recientes amenazas de la Casa Blanca de sancionar a los países que continúen abasteciendo de crudo a La Habana.
De acuerdo con un ejecutivo de una aerolínea europea que habló con la agencia de noticias AFP bajo condición de anonimato, las autoridades cubanas informaron que a partir del martes 10 de febrero a la medianoche dejaría de estar disponible el JetFuel, el combustible utilizado por la aviación.
La medida fue comunicada oficialmente a todas las compañías aéreas extranjeras, quienes deberán ajustar sus operaciones en consecuencia. En particular, los vuelos de largo recorrido deberán efectuar escalas técnicas fuera del territorio cubano para poder abastecerse antes de regresar a sus destinos, mientras que los vuelos regionales podrían mantener sus operaciones regulares debido a menores requerimientos de combustible.
Aunque las aerolíneas afectadas, entre las que se encuentran compañías estadounidenses, españolas, panameñas y mexicanas, no han emitido pronunciamientos públicos sobre los pasos a seguir, se anticipan modificaciones en rutas, frecuencias y horarios que impactarán tanto en las operaciones comerciales como en la experiencia de los pasajeros.

A corto plazo, esta interrupción representa un nuevo desafío logístico en un contexto marcado por la escasez energética y por la necesidad de mantener activa la economía nacional, fuertemente dependiente del turismo.
La crisis energética en Cuba se ha intensificado a niveles críticos. Las centrales eléctricas apenas logran sostener la generación mínima para mantener en funcionamiento servicios básicos, lo cual ha obligado a las autoridades a adoptar medidas drásticas.
El gobierno de la isla ha atribuido el deterioro de la situación a la política de endurecimiento del embargo económico por parte de los Estados Unidos, vigente desde 1962 y reforzado en los últimos años.
La administración de Donald Trump, actual presidente estadounidense, ha tomado una serie de decisiones orientadas a debilitar aún más la ya frágil economía cubana, incluyendo la reciente orden ejecutiva que permite imponer aranceles a los países que suministren petróleo a la isla.
La Habana ha denunciado estas acciones como parte de un intento sistemático de “estrangular” su economía y generar inestabilidad interna. No obstante, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha manifestado públicamente su disposición a entablar un diálogo con Estados Unidos, aunque ha subrayado que no lo hará bajo condiciones impuestas o amenazas externas.
El mandatario afirmó que la soberanía nacional y la dignidad del pueblo cubano no están en negociación.
El corte de los envíos de petróleo venezolano ha sido un punto de inflexión en la actual coyuntura. A comienzos de enero, la captura forzada del presidente Nicolás Maduro por parte de autoridades estadounidenses generó una ruptura inmediata en el suministro energético hacia Cuba.
A esto se sumó la firma del decreto de Trump, que califica la recepción de petróleo en la isla como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, permitiendo así la aplicación de sanciones a otros países por sus vínculos energéticos con La Habana.
Ante este panorama, el gobierno cubano ha implementado un conjunto de medidas de emergencia orientadas a racionalizar el uso de los recursos energéticos disponibles.
El vice primer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga anunció que el objetivo principal de estas acciones es garantizar la producción de alimentos, mantener la generación de electricidad en niveles mínimos aceptables y asegurar la continuidad de las actividades económicas que generan divisas para el país.

Entre las medidas adoptadas se encuentran la reducción de la semana laboral a cuatro días, la adopción del teletrabajo en instituciones estatales y empresas públicas, limitaciones en la venta de combustible, disminución de los servicios de transporte interprovincial y el cierre temporal de determinados establecimientos turísticos.
Además, en el ámbito educativo, se implementarán jornadas escolares más cortas y el sistema universitario funcionará de manera semipresencial. Estas decisiones buscan preservar combustible para los sectores estratégicos, sin descuidar la atención a las necesidades esenciales de la población.
A pesar de las amenazas de Washington, México ha reafirmado su apoyo al pueblo cubano y ha enviado más de 800 toneladas de ayuda humanitaria. El Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país informó que dos buques de apoyo logístico de la Armada mexicana, el Papaloapan y el Isla Holbox, partieron desde el puerto de Veracruz con más de 814 toneladas de víveres, incluyendo leche líquida y en polvo, arroz, frijoles, productos cárnicos, galletas y artículos de higiene personal.
El gobierno mexicano aseguró que estos envíos responden a los principios humanistas que guían su política exterior, así como a la histórica relación de solidaridad entre ambas naciones. Se anticipa el envío de otras 1.500 toneladas de productos en las próximas semanas, como parte de un programa de cooperación humanitaria en curso.
En su comunicado oficial, México subrayó su compromiso con la cooperación internacional y expresó que sus acciones buscan asistir a pueblos en situación de emergencia y vulnerabilidad. La asistencia humanitaria, aunque no constituye un suministro energético en sí, representa un alivio temporal para la población cubana, que atraviesa una situación social y económica de alta complejidad.
Por su parte, Nicaragua anunció la restitución del requisito de visa para los ciudadanos cubanos, una medida que elimina el libre visado vigente desde 2021, instaurado en su momento con el objetivo de fomentar el turismo y facilitar los vínculos familiares y humanitarios.
El Ministerio del Interior de Nicaragua informó que, a partir de ahora, los ciudadanos cubanos que deseen ingresar al país deberán tramitar una visa a través de canales electrónicos, sin que estos trámites representen un costo para los solicitantes.
El gobierno nicaragüense no ofreció explicaciones detalladas sobre la decisión, aunque se especula que responde a las presiones de Estados Unidos, que ha acusado en varias ocasiones a Nicaragua de servir como ruta de tránsito para la migración irregular de cubanos hacia territorio estadounidense.
La combinación de estos factores —el asedio petrolero, la suspensión del abastecimiento a aerolíneas, las medidas internas de emergencia, la respuesta internacional de solidaridad y los ajustes migratorios regionales— revela un panorama de profunda tensión geopolítica en América Latina. Cuba se encuentra en el centro de una tormenta diplomática, económica y humanitaria que amenaza con escalar aún más en los próximos meses.
Sin embargo, las autoridades cubanas han insistido en que no renunciarán a su autodeterminación y que están dispuestas a resistir las presiones externas, confiando en su historia de resistencia y en la capacidad de su pueblo para afrontar las adversidades.
La decisión de interrumpir temporalmente el suministro de combustible a las aerolíneas internacionales representa una acción estratégica en un momento crítico, que también puede leerse como una señal de alerta a la comunidad internacional sobre las consecuencias del aislamiento energético forzado.
En un escenario global marcado por conflictos, incertidumbre y polarización, el caso cubano vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de replantear los enfoques de política exterior basados en la coerción, y abrir espacio a la diplomacia, la cooperación y el respeto mutuo entre naciones soberanas.

