Nueva oportunidad para la agropecuaria

Felipe Ciprián

El presidente Luis Abinader, por fin, botó al señor Límber Cruz del Ministerio de Agricultura, de donde se lleva la “gloria” de haber colocado al sector agropecuario en su peor condición en los últimos 70 años.

Esa decisión del mandatario es correcta, acertada, necesaria, oportuna.

Lo felicito porque aunque tengo años diciendo que Cruz era el principal obstáculo para recuperar la agropecuaria, sabía que no era fácil removerlo sabiendo que forma parte del tándem de Hipólito Mejía en el gobierno.

Contra mi vaticinio –lo admito–, Abinader botó a Límber (¡Aplausos!) y esa acción equivale a un trasplante de pulmón en la agropecuaria que ese mal funcionario llevó a la condición de tuberculosa.

Que conste que Límber no encabezó el descalabro de la agropecuaria por ser incompetente. ¡No! Él sabe cómo se puede impulsar el sector, pero no fue puesto ahí por Hipólito (el decreto es de Abinader) para que dinamizara la producción nacional, sino para quebrarla.

Quiebra a propósito

Aunque parezca una barbaridad, cuando el país estaba en plena pandemia de Covid-19, momento en que gran parte de la economía estaba paralizada, la decisión del gobierno fue abandonar todos los proyectos que venían funcionando bien de las Visitas Sorpresa de Danilo Medina, botar los técnicos agropecuarios, negar el financiamiento del Banco Agrícola a los productores y dárselo a comerciantes importadores de alimentos.

Resulta que a finales de 2020 y comienzos de 2021, el confinamiento incrementó el consumo de alimentos en la población dominicana y en el mundo, pero en lugar de estimular la producción agropecuaria (que no representaba riesgo de contagios masivos del virus), el gobierno cortó los financiamientos a los productores y se los dio a los importadores, a quienes además, les eliminó los aranceles.

El resultado no podía ser otro: ruina para los productores agropecuarios, llegada de la peste porcina africana, importación masiva de alimentos del campo, inflación y ciclos de escasez consecutiva.

Mientras los productores acumulan pérdidas por los estragos de esas políticas y los embates de ciclones y tempestades, el país asistía a la instalación de un régimen de privilegios para los socios políticos del gobierno aprovechando la desgracia de los agricultores.

Dinero para políticos

Ese régimen de privilegios se puso en evidencia en los programas de asistencia para conjurar los daños provocados por sucesivos aguaceros durante los años 2023, 2024 y 2025.

Aunque los propietarios de invernaderos y de fincas a cielo abierto recibieron a técnicos que evaluaron sus daños, los cheques con la ayuda dispuesta por el gobierno de Abinader, en su gran mayoría fueron a parar a manos de dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), funcionarios locales y hasta gobernadores.

Esa práctica perversa usando los fondos públicos ha sido la continuidad de los préstamos privilegiados del Banco Agrícola de Fernando Durán y Juan Rosario, de dar dinero a manos llenas a funcionarios del gobierno, sus familiares y allegados, a tasa cero, sin que se conozcan sus siembras ni el cumplimiento de sus pagos.

Completar el trabajo

Despedir a Límber Cruz es un punto inicial positivo de Abinader, pero al colocar al productor arrocero Oliverio Espaillat al frente del Ministerio de Agricultura, el gobernante debe enviar una señal clara de que el nuevo funcionario tiene la misión de recuperar la producción, aumentar la productividad y provocar una mejora sustancial para los agroproductores y los consumidores.

No conozco a Espaillat, pero las referencias que tengo acerca de él son favorables para impulsar un trabajo exitoso en el sector.

Hablo de éxito, no de hacerlo mejor que Límber, porque eso lo logra cualquiera.

Si tendrá éxito pronto lo sabremos porque se supone que llamará a trabajar con él a los técnicos cancelados, restablecerá la protección fitosanitaria, actualizará los laboratorios, multiplicará las acciones para la investigación, capacitación y extensión agropecuaria.

Espaillat debe comprender que su trabajo implica una sintonía armónica con el Banco Agrícola para estimular la producción, no para financiar importaciones de alimentos, lo que equivale a decir que Abinader tiene que limpiar la podredumbre que impera actualmente en esa entidad, la que está sobradamente documentada y es de dominio público.

Con Fernando Durán y Juan Rosario administrando el Banco Agrícola, el nuevo ministro de Agricultura tiene las manos atadas en gran parte porque ellos son co-responsables con Límber Cruz, de la ruina de los productores, las descomunales ganancias de los comerciantes importadores y la carestía de todos los alimentos.

Si Abinader deja el Banco Agrícola en manos que han demostrado suficientemente que lo de ellos es hacer negocios con los fondos públicos sin financiar la producción, al primer paso positivo le seguirá un traspié.

Botar a Límber Cruz y colocar en su lugar a Oliverio Espaillat equivale a bañar bien a un caballo de paso fino listo para trotar con elegancia.

Pero si dejan a Durán y a Rosario jefeando en el Banco Agrícola, Oliverio no podrá avanzar en un camino con tanto fango y ambiciones.

Llevar a Oliverio a dirigir la agropecuaria y mantener a Fernando Durán en el Banco Agrícola es lo mismo que poner un buen desodorante en un sobaco hediondo. De mal olor, pasará directamente a grajo.

Listín Diario

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