Bill y Hillary Clinton, curtidos en mil batallas, se preparan para otra pelea en Washington
POR STEVEN SLOAN
WASHINGTON, 26 Feb. — Para algunos de sus críticos conservadores, este es el escándalo que podría por fin derribarlos. Su resistencia a testificar resultó inútil. Y ahora, ante otra pelea épica, están aprovechando sus considerables habilidades políticas para intentar darle la vuelta a la situación frente a sus acusadores.
Para Bill y Hillary Clinton, los años 90 han vuelto.
Los Clinton tienen previsto testificar el jueves y el viernes en una investigación de la Cámara de Representantes sobre Jeffrey Epstein, como parte de un acuerdo con los republicanos después de que quedara claro que el Congreso —con la ayuda de algunos demócratas— estaba dispuesto a declararlos en desacato si se negaban a cooperar. Para la pareja, curtida en mil batallas, se trata de una pelea más en Washington. Y, como tantas de las anteriores, esta es otra mezcla de decisiones cuestionables, conducta sexual inapropiada, dinero y poder.
Durante su campaña de 1992, Bill Clinton presentó su candidatura como “dos por el precio de uno”, anticipando un matrimonio presidencial nunca visto, con una cónyuge cuyas credenciales profesionales rivalizaban con las suyas. En los años transcurridos desde entonces, esa alianza ayudó a los Clinton a capear repetidos escándalos, incluidos algunos tan personales que habrían destrozado muchas otras relaciones. Cuando su carrera política tocaba a su fin, la de ella iba en ascenso tras su elección para el Senado de Estados Unidos por Nueva York; luego se desempeñó como secretaria de Estado antes de convertirse en la candidata demócrata a la presidencia en 2016.
Para quienes llevan mucho tiempo siguiendo a los Clinton, este momento es un recordatorio de que la pareja —criada en la política de la época de la guerra de Vietnam y el Watergate— nunca ha estado lejos del fragor de una batalla cultural. Y con el caso Epstein desarrollándose de manera impredecible en todo el mundo, los Clinton vuelven a estar envueltos en el escándalo del momento.
“Es una especie de coda triste, pero apropiada, para unas vidas políticas extraordinarias”, apuntó David Maraniss, que ha escrito dos biografías de Bill Clinton.
No hay pruebas de irregularidades por parte de ninguno de los dos en lo que respecta a Epstein, un delincuente sexual convicto que se suicidó en la cárcel en 2019 mientras esperaba un juicio por cargos de tráfico sexual.
Pero Epstein tuvo vínculos con Bill Clinton durante años, y visitó la Casa Blanca en múltiples ocasiones en la década de 1990, según los registros de visitantes. Después de que Clinton dejase el cargo, Epstein participó en sus actividades filantrópicas y el expresidente voló varias veces en su avión privado.
“Viajar en el avión de Epstein no mereció los años de interrogatorios posteriores”, escribió Bill Clinton en sus memorias de 2024. “Ojalá nunca lo hubiera conocido”.
Los vínculos de Bill Clinton con Epstein
El verano pasado, el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, controlado por republicanos, emitió citaciones para los Clinton. Durante meses, Bill Clinton, de 79 años, y Hillary Clinton, de 78, ignoraron en gran medida el asunto en público, pero esa actitud se volvió más difícil de sostener en diciembre, cuando el expresidente apareció profusamente en la primera tanda de los archivos de Epstein.
Entre los miles de documentos hechos públicos, algunas fotos lo mostraban en un avión privado, incluida una con una mujer —cuyo rostro está tapado— sentada a su lado que lo rodea con el brazo. En otra aparecía en una piscina con la confidente de larga data de Epstein, la socialité británica Ghislaine Maxwell, y otra persona con el rostro oculto. Otra imagen retrataba a Bill Clinton en un jacuzzi con una mujer, también con la cara censurada.
El presidente del Comité de Supervisión, James Comer, diputado por Kentucky, amenazó con declarar a los Clinton en desacato si no cumplían con las citaciones, una medida histórica ya que nunca se ha obligado a un expresidente a comparecer ante el Congreso. Entre su primer y su segundo mandato, Donald Trump invocó ese precedente para rechazar una citación del comité que investigaba el ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio de Estados Unidos.
Aunque las fotos de Bill Clinton estaban descontextualizadas, subrayaban cómo su promesa política siempre ha estado marcada por sus indiscreciones personales.
La campaña de 1992, que representó la emergente supremacía de la generación del baby boom, fue la misma que estuvo sembrada de rumores de una aventura con Gennifer Flowers. Su presidencia, definida en gran medida por la prosperidad económica, estuvo a punto de descarrilar cuando fue sometido a un juicio político en 1998 por mentir bajo juramento y obstruir la justicia al negar que había mantenido una relación sexual con Monica Lewinsky.
En cada ocasión, muchos republicanos pensaron haber dado por fin con el elemento decisivo contra los Clinton. Pero cada vez, la pareja encontró la forma de salir del aprieto.
Asa Hutchinson, el excongresista republicano de Arkansas que fue uno de los fiscales de la Cámara durante el juicio político a Clinton, describió a la pareja como “una abogada inteligente y un comunicador brillante”.
El manual de los Clinton: contraatacar con dureza
A medida que surgían las crisis, se repetía un patrón: los Clinton negaban con vehemencia las acusaciones y a menudo desacreditaban a las mujeres que presentaban denuncias. Demonizaban al Partido Republicano y volvían a centrar la atención del público en temas más favorables, como la bonanza económica de la época.
Bill Clinton, quien célebremente les dijo a los votantes “siento su dolor”, siempre consiguió mantener la conexión con el público. De hecho, tuvo algunos de los índices de aprobación más altos de su presidencia durante la investigación y el proceso de destitución, cuando cerca de siete de cada 10 adultos en Estados Unidos aprobaban la manera en que desempeñaba su labor.
Hillary Clinton también neutralizó a los republicanos que vieron una oportunidad en su gestión de un ataque contra un complejo en Libia en 2012 que mató a cuatro estadounidenses. En 2015 salió de una audiencia televisada del Congreso, de 11 horas de duración, con apariencia serena. Incluso el presidente republicano del comité que investigaba el ataque dijo que no estaba seguro de que hubiera revelado algo nuevo sobre un asunto que muchos en su partido consideraban un escándalo.
Esa experiencia ha influido en cómo encaran los Clinton el testimonio de esta semana. Hillary ha sido especialmente insistente en pedir que el proceso se celebre en público, en lugar de a puerta cerrada como planea Comer.
“Nosotros no tenemos nada que ocultar”, le dijo a la BBC a principios de mes.
La estrategia de comunicación de Bill ha adoptado un tono más duro, evocando la “sala de guerra” política popularizada durante la campaña de 1992 para responder a las noticias negativas.
Un comunicado acusó a Comer de “mentir en cada aparición que ha hecho esta semana”. Otro se burló de los representantes republicanos Scott Perry, de Pensilvania, y Andy Biggs, de Arizona, con un “premio a la hipocresía del día”, señalando cómo los miembros del Comité de Supervisión desafiaron las citaciones del panel sobre el 6 de enero.
Además, los Clinton publicaron en redes sociales una carta de cuatro páginas dirigida a Comer en la que, de manera desafiante, menospreciaban un proceso que, según dijeron, estaba “literalmente diseñado para resultar en nuestro encarcelamiento”.
Al tiempo que intentaban volver a centrar la atención en los 1990, la misiva arremetió contra la Casa Blanca por desmantelar instituciones, imponer una dura campaña migratoria e indultar a quienes participaron en el asalto al Capitolio.
Ataques conservadores contra los Clinton
El ascenso de los Clinton al poder fue paralelo a la explosión de la radio hablada como fuerza política, con Rush Limbaugh usando su programa diario como plataforma para fustigar constantemente a la Casa Blanca. Hoy, podcasters conservadores como Benny Johnson han ocupado el espacio de Limbaugh y se mostraron exultantes cuando el comité de la Cámara decidió el mes pasado que declararía a la pareja en desacato.
“¿Entienden que Donald Trump cumplió posiblemente su promesa más antigua, que nos hizo a todos hace 10 años, de que Hillary Clinton iría a la cárcel?”, dijo Johnson el mes pasado.
Aun así, algunas dinámicas han cambiado.
El apoyo incondicional que los Clinton recibían de la bancada demócrata del Congreso se ha erosionado coincidiendo con la llegada de nueva generación de legisladores: nueve demócratas votaron con los republicanos en el comité para impulsar la resolución de desacato. Trump, que ha sido escrutado por su propia vinculación con Epstein y puede sentirse incómodo con el precedente de obligar a un expresidente a testificar, ha expresado una inusual preocupación por los Clinton.
En declaraciones a la televisora NBC News señaló que “me molesta que alguien vaya tras Bill Clinton”. Ha descrito a Hillary Clinton como una “mujer muy capaz”.
Incluso Hutchinson, quien ayudó a defender el juicio político a Clinton, expresó simpatía por la pareja.
“Es frustrante y decepcionante que el presidente Clinton y la secretaria Clinton tengan que pasar por este calvario de búsqueda de investigación”, manifestó. “Es difícil para ellos”. (AP)

