Tres horas de cifras, advertencias y emotividad: los momentos más intensos del discurso de Abinader ante el Congreso
Por Manuel Jiménez
Santo Domingo, 27 Feb.– Más que una simple rendición de cuentas, la intervención del presidente Luis Abinader este viernes ante la Asamblea Nacional fue una exposición extensa, estructurada y cargada de momentos de alta intensidad emocional.
Durante tres horas y doce minutos —desde las 10:00 de la mañana hasta la 1:12 de la tarde— el mandatario combinó cifras económicas, anuncios estratégicos y declaraciones firmes en temas sensibles como la corrupción y el sistema eléctrico, en el marco del 182 aniversario de la Independencia Nacional.
Desde los primeros minutos, el tono fue solemne. Abinader inició evocando el sacrificio de los padres fundadores, citando el ideal de patria que defendieron Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella.
Ese arranque marcó un clima de recogimiento histórico que luego daría paso a una exposición técnica, pero intercalada con pausas emotivas y frases pronunciadas con especial énfasis.
Los invitados que pusieron rostro a las políticas públicas
Uno de los momentos más simbólicos ocurrió cuando el presidente comenzó a mencionar por nombre y sector a ciudadanos invitados al hemiciclo. Estudiantes becados, beneficiarios de títulos de propiedad, jóvenes insertados en empleos formales y representantes de comunidades intervenidas fueron llamados a ponerse de pie.
Cada vez que esto sucedía, el hemiciclo respondía con aplausos sostenidos. En particular, cuando se refirió a familias que recibieron títulos de propiedad tras décadas de espera, el presidente bajó el tono y expresó que “la verdadera justicia social también se escribe con papeles que dan seguridad y dignidad”. Ese pasaje provocó una reacción visible de emoción entre algunos invitados.
El momento más enérgico: la corrupción

El segmento más intenso del discurso se produjo cuando abordó la lucha contra la corrupción. Allí el tono cambió. El presidente habló más pausado, con frases cortas y contundentes.
“En este gobierno no hay intocables. No hay protegidos. Nadie está por encima de la ley”, afirmó, marcando cada expresión con una pausa deliberada. El hemiciclo respondió con una de las ovaciones más largas de la jornada.
Al referirse a casos específicos como el de SeNaSa, reiteró que cuando surgen denuncias la instrucción es clara: remitirlas al Ministerio Público “sin interferencias, sin presiones y sin encubrimientos”.
El momento de mayor fuerza llegó cuando pronunció la frase: “Los culpables no solo tendrán encima todo el peso de la ley; tendrán que devolver hasta el último peso de lo robado”. La reacción fue inmediata, con aplausos que interrumpieron brevemente la continuidad del discurso.
También evocó palabras pronunciadas al asumir la Presidencia hace casi seis años: “No habrá impunidad para la corrupción del pasado ni para la que se cometa en el futuro”. Y recordó su advertencia de que cualquier funcionario que se equivoque con el dinero del pueblo sería destituido y puesto a disposición de la justicia. Ese recordatorio fue presentado como coherencia entre promesa y acción.
El reconocimiento de errores en el sistema eléctrico
Otro momento relevante fue cuando abordó el reciente apagón general que afectó al país. A diferencia de otros pasajes celebratorios, aquí el presidente adoptó un tono más serio. Reconoció que las fallas en el servicio eléctrico “no son aceptables” y que el Gobierno trabaja en ampliar la capacidad de generación, transmisión y almacenamiento.
Aunque el segmento fue técnico, el hecho de admitir las dificultades generó un silencio atento en el salón, seguido de aplausos moderados cuando anunció inversiones en nuevas plantas y baterías de almacenamiento energético.
Economía y Meta 2036: visión de largo plazo

En el bloque económico, el mandatario alternó datos con visión estratégica. Al presentar la Meta RD 2036 —que busca convertir al país en una nación desarrollada en una generación— enfatizó que no se trata de una consigna, sino de una hoja de ruta basada en productividad, innovación y capital humano.
Cuando afirmó que duplicar la economía significa “más empleos formales, mejores salarios y menos pobreza”, el discurso adquirió nuevamente un matiz motivacional. En ese punto, el tono se elevó y el lenguaje corporal mostró mayor energía, acompañado de gestos amplios y contacto visual constante con los legisladores.
Cierre con apelación personal
En los minutos finales, Abinader dejó el registro técnico y volvió al plano personal. Habló de compromiso, de responsabilidad histórica y de su deber como Presidente. Con voz firme expresó: “Mientras yo sea Presidente de la República, no habrá escondites ni silencios cómplices”.
El cierre combinó nacionalismo y mensaje de continuidad institucional. Al concluir, la Asamblea respondió con aplausos prolongados mientras el mandatario saludaba desde el podio.
La jornada dejó una imagen clara: un discurso de larga duración, estructurado en datos y metas, pero salpicado de momentos de firmeza y emotividad cuidadosamente dosificados. Más allá de los números, el presidente buscó proyectar coherencia entre advertencias pasadas y decisiones presentes, en una intervención que, por su extensión y tono, marcará el debate político de los próximos días.

