Aplausos, muchos aplausos
Carmen Imbert Brugal
Y asoma el tercer mes del año con el eco de las ovaciones recibidas por el jefe de Estado durante su rendición de cuentas, el 27 de febrero.
Una asamblea fascinada, aplaudió hasta los suspiros del mandatario. La rendición de cuentas parecía más el recuento de seis años de gobierno que del año 2025, período difícil, bastante complicado para una administración cautiva de la egolatría, la pureza y la fantasía motivadora.
El presidente siempre tras las plusmarcas superó las propias y permaneció 2 horas 44 minutos leyendo. El año pasado la duración fue de 2 horas 25 minutos. De tantos aciertos y promesas la ciudadanía extrae lo que entiende y siente, para los especialistas y opositores están las cifras y el inventario de inauguraciones.
La exitosa narrativa abinaderista encendió los generadores apagados el lunes 23 cuando ocurrió el segundo “blackout” después del percance de noviembre -2025-. El jefe de Estado prometió megavatios y habló como usuario: «Las fallas ocurridas en el sistema son inaceptables. Nos preocupan y nos ocupan». Y pasó la página, quería tiempo para hablar de tierras raras, de la era espacial criolla y de la instalación del puerto digital de Google, primero en América Latina y octavo en el planeta.
Siempre con el referente de El Salvador, el gobernante se vanagloria de la seguridad existente en el país y dijo algo que provocó sonrisas entre los jefes de zonas inaccesibles para la fuerza pública: “Aquí ya no hay territorios donde no pueden entrar las fuerzas del orden público”’ y ratificó la mano dura, ese “dale pa bajo” con respaldo popular que ya no tiene críticas en los antiguos representantes de la virtud, defensores de los derechos fundamentales: “El Estado dominicano garantiza el orden público y quien atente contra él será perseguido de manera implacable, con todo el peso de la ley”. Peso de la ley que un gatillo representa.
El mes que comienza no será suficiente para la repetición de loas al gobernante, la reproducción de las críticas será imperceptible. Los influencers, bots, ese mundo mediático imprescindible para la gobernanza hará los cortes para revelar las emociones de un ciudadano que no es común menos corriente.
Aquellos que todavía no sucumben hechizados por la magia oficial podrán comentar la fragilidad de una cruzada que convierte al presidente en una especie de adalid ético. Solo él tiene compromisos con la familia, con la patria, en él descansa la virtud nacional, sin su decisión e intervención en la persecución nada es posible.
La insistencia en la pulcritud se resume en la traición de un amigo y por eso la indignación. El afán palaciego para intervenir la independencia persecutoria ignora otras denuncias. La decepción sirve para encubrir las falencias que permitieron, durante cinco años, acciones delincuenciales, sin que la vigilancia ética se percatara.
El caso SenaSa es emblemático por el talante del supuesto protagonista de la trama fraudulenta, indemne desde 2020. Con y sin ficciones, escucharemos por doquier la mención de los aplausos mientras esperamos la publicación del informe con las causas del apagón y aguardamos noticias del Centro Espacial de Oviedo.
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