La guerra de Irán se convierte en una competición de quién aguanta más dolor
DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos, 11 marzo. — La guerra con Irán, con toda su complejidad y sus efectos globales, se reduce a una sola pregunta: ¿quién puede aguantar el dolor durante más tiempo?
Un repunte de los precios del petróleo apunta a lo que podría ser el arma más eficaz de Irán y la mayor vulnerabilidad de Estados Unidos para continuar la campaña: dañar la economía mundial. Un fuerte aumento de los precios de la gasolina ha sacudido a los consumidores y a los mercados financieros, y los viajes internacionales y el transporte marítimo se han visto gravemente alterados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece consciente del peligro. El petróleo subió el lunes a casi 120 dólares por barril, el nivel más alto desde 2022, y él sugirió que la guerra sería “a corto plazo”. Eso ayudó a tranquilizar a los mercados y el precio bajó a alrededor de 90 dólares, incluso cuando Trump, casi en la misma frase, prometió continuar la guerra y el castigo contra Irán.
Del otro lado, Irán tiene que soportar un flujo casi constante de ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra los que no puede defenderse. Hasta ahora, la República Islámica ha logrado mantener cohesionados y al mando de la situación a su liderazgo y a sus fuerzas armadas. La población iraní, que ya se levantó contra su teocracia en protestas nacionales en enero, sigue hirviendo de ira, pero se ha quedado en casa mientras intenta sobrevivir al intenso bombardeo. Las fuerzas de seguridad han estado en las calles todos los días para garantizar que no se formen manifestaciones antigubernamentales.
La presión también recae sobre los aliados de Estados Unidos. Los estados árabes del Golfo, aunque todavía no son combatientes en la guerra, enfrentan un fuego iraní aparentemente interminable y en ocasiones mortal, dirigido contra campos petroleros, ciudades e infraestructuras críticas de agua. E Israel, aunque presume de haber infligido un gran daño al programa de misiles de Irán y a otros objetivos militares, sigue siendo blanco de misiles iraníes cada vez más sofisticados que hacen caer sobre sus ciudades una lluvia de explosivos de alto poder. Las frecuentes sirenas de ataque aéreo han alterado la vida cotidiana, cerrado escuelas y lugares de trabajo y creado un ambiente tenso en toda la región.
No se ven salidas a los combates
No hay un final inmediato de la guerra a la vista, ni tampoco en la retórica que llega tanto desde Estados Unidos como desde Irán, cuya enemistad se remonta décadas atrás, a la Revolución Islámica de 1979 y la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense.
“Ya hemos ganado en muchos sentidos, pero no hemos ganado lo suficiente”, afirmó en un discurso el lunes en Doral, Florida. “Seguimos adelante, más decididos que nunca a lograr la victoria final que pondrá fin a este peligro prolongado de una vez por todas”.
El funcionario del Ministerio iraní de Exteriores Kazem Gharibabadi ofreció desde Teherán un comentario en espejo, alardeando de que la República Islámica había rechazado contactos sobre un alto el fuego que, según dijo, habían llegado de China, Francia, Rusia y otros.
“En este momento, llevamos la ventaja”, declaró Gharibabadi a la televisión estatal iraní a última hora de la noche del lunes. “Basta con mirar el estado de la economía mundial y de los mercados energéticos: ha sido muy doloroso para ellos”.
Sostuvo que sería Irán quien “determinará el fin de la guerra”.
La estrategia iraní sigue siendo el caos
Durante años, antes de que Israel y Estados Unidos iniciaran la guerra el 28 de febrero, Irán advirtió que, si era atacado, tomaría represalias en todo Oriente Medio, apuntando a la infraestructura petrolera que hizo fabulosamente ricos a sus vecinos árabes del Golfo. En contraste, la economía de Teherán ha quedado paralizada por las sanciones internacionales.
Ahora Irán ha respaldado su amenaza con andanadas de misiles y drones. Qatar se vio obligado a detener su producción de gas natural, y Bahrein declaró que sus operaciones petroleras no podían cumplir sus obligaciones contractuales. Otros productores, como Saudi Aramco, se han visto afectados, lo que interrumpe una fuente clave de energía para Asia, en particular para China, que ha enviado a un representante de alto nivel a la región.
El transporte marítimo, en términos generales, se ha detenido en el estratégico estrecho de Ormuz, la angosta boca del golfo Pérsico por la que pasa el 20% de todo el petróleo y gas natural que se comercia, y hasta el 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Irán no necesitó minar la vía navegable: sus ataques contra varios barcos llevaron a las empresas a dejar de enviar sus buques a través del estrecho.
Trump ha sugerido que buques de guerra estadounidenses escolten a los petroleros, pero eso aún no se ha materializado de una manera que reactive el tráfico.
Amenazó a primera hora de la mañana del martes con que, si Irán detiene el petróleo a través del estrecho, “serán golpeados por Estados Unidos VEINTE VECES MÁS FUERTE de lo que han sido golpeados hasta ahora”.
“Además, eliminaremos objetivos fácilmente destruibles que harán prácticamente imposible que Irán vuelva a reconstruirse, como nación, otra vez: la Muerte, el Fuego y la Furia reinarán sobre ellos. ¡Pero espero y rezo para que no ocurra!”, escribió en su plataforma Truth Social.
Irán, sin embargo, redobló la apuesta. La Guardia Revolucionaria advirtió el martes que no permitirá que salga del golfo Pérsico “ni un solo litro de petróleo”.
¿Qué es la victoria?
Para los gobernantes teocráticos de Irán, la victoria significa sobrevivir a la campaña y seguir en el poder, sin importar los costos para el país y la región.
Trump ha sido vago y contradictorio sobre sus objetivos en la guerra. A veces parece impulsar el derrocamiento de la teocracia iraní. Otras parece dispuesto a no llegar tan lejos, al decir de forma general que quiere asegurarse de que Irán ya no sea una amenaza para Israel, la región y Estados Unidos.
Eso podría darle flexibilidad para declarar que se ha logrado la victoria, especialmente si empieza a notarse un daño real en la economía de Estados Unidos.
Pero si la guerra se detuviera ahora mismo, tanto Estados Unidos como Israel se quedarían con grandes desafíos.
Uno es el liderazgo de Irán. Después de que un ataque aéreo israelí matara al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, al inicio de la guerra, clérigos iraníes nombraron para el cargo a su hijo Mojtaba, de 56 años, elevándolo al rango de ayatolá.
Ahora como máximo gobernante de Irán, el Jamenei más joven ha sido visto durante mucho tiempo por analistas como aún más intransigente que su padre, con estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria, de carácter paramilitar. Israel ya lo describió como un objetivo en su campaña, mientras que Trump ha dicho que quería a otra persona en el puesto.
Además, Irán aún conserva su reserva de uranio altamente enriquecido, una de las razones de la guerra que tanto Israel como Estados Unidos han señalado. Irán había estado enriqueciendo hasta una pureza del 60%, un paso técnico corto de los niveles del 90% aptos para armas.
Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes en junio durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán, probablemente enterrando gran parte de la reserva entre los escombros. Esos sitios, hasta el día de hoy, siguen fuera del alcance de los inspectores internacionales.
Mojtaba Jamenei podría emitir un dictamen religioso, o fatua, que revierta las declaraciones anteriores de su padre y ordene que se use para fabricar un arma. Eso es algo que ni Estados Unidos ni Israel —considerado desde hace tiempo como el único estado de Oriente Medio con armas nucleares— quieren ver. (AP)

