Esto no es casualidad
Por J.C. Malone
Los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán sacan a la luz conexiones que resultan sencillamente impensables.
El aumento de los precios del petróleo no es un “efecto colateral”, ni un “caso aislado”; es la consecuencia central y parte de una vieja agenda. ¿Recuerdan la Agenda 2030? Se fundamenta en terminar con los combustibles fósiles, y ahora pocos podrán comprar los derivados del petróleo. Esto no es casualidad.
En Israel y las naciones del Golfo Pérsico, nadie puede usar su celular para filmar misiles cayendo para subirlo a las redes sociales, porque es ilegal. ¿Recuerdan la política de control mediático del Foro Económico Mundial (FEM)? Esto no es casualidad.
Sin justificación ni objetivos claros, estos ataques avanzan los puntos fundamentales de la vieja agenda globalista, previamente rechazada. Esto no es casualidad.
Imponen en guerra lo que rechazamos en la paz, esto no es casualidad.
Tampoco es casualidad que en la isla de Jeffrey Epstein abusen sexualmente de niños y sacrifiquen niños a deidades maléficas, mientras Israel ordena matar a niños en Gaza.
Y no fue un “error” que, de entrada, atacando a Irán, bombardearan una escuela matando a más de 160 niñas, es una política absolutamente coherente. Este “sacrificio infantil”, no es casualidad.
Por algo a la alianza del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente Trump le llaman “el cartel de Epstein”.
En Irán, el presidente Donald Trump impulsa la misma política que la de George W. Bush contra el Eje Diabólico, compuesto por Irán, Irak y Corea del Norte.
Trump retoma los argumentos y la política de Bush para ampliar y poner en práctica la política del FEM que Joe Biden no pudo ejecutar por completo.
Esa es la esencia de la política, alcanzar sus objetivos mientras te entretienen con espectáculos, porque al final, la política es otra forma de entretenimiento.
Cuando Trump dice “hemos ganado”, solo dice la verdad: toda la verdad y nada más que la verdad. Su triunfo no es militar.
Triunfó porque logró imponer la agenda globalista que juró rechazar, está alcanzando lo que Joe Biden nunca alcanzó.

