Cuando se les mete el diablo

Por Charlie Núñez

Todos debemos recordar la tragedia ocurrida en el ensanche Naco de Santo Domingo, en la que el joven Jean Andrés Pumarol atacó con un arma blanca a vecinos y empleados del residencial Naco Dorado IV, dejando una persona muerta y varios heridos, entre ellos el padre de este.

Pues a este joven, un juez le acaba de dar su libertad bajo condición de ser tratado en un centro especializado de un supuesto cuadro psicótico esquizofrénico que padece.

No soy médico, mucho menos especialista en salud mental, por lo que no haré un juicio de valor al respecto; lo que sí pienso es que, si hiciéramos una evaluación objetiva de todos los hombres y mujeres que están en nuestras cárceles, estaríamos dejando en libertad para ser tratados en un centro especializado a una buena parte de ellos.

Debemos ser sinceros, el problema es que esos que están en las distintas cárceles por casos similares no viven en Naco, por tanto no tienen un cuadro psicótico, sino que “se les metió el diablo”, y sus familiares ven cuando los jueces, que no ven al diablo como un argumento de defensa, les cantan años en cantidades industriales.

Yo en lo particular entiendo que sí, que se les metió el diablo; yo sé de tres diablos que nos acechan diariamente listos para atacar y que son muy fáciles de combatir, pero el poder político y social se hace de la vista gorda porque a ellos no se les mete ese pájaro malo; lo de ellos son cuadros psicóticos manejables.

Un diablo muy malo y que está haciendo mucho daño a la población dominicana es la mala calidad de la educación dominicana. Es penoso, pero recientemente vi en las redes a un joven a quien le hacían preguntas relacionadas con nuestros símbolos patrios; de eso no sabía mucho, pero se sabía el himno de la calle y días después salía la información de que lo habían matado.

Busquen y vean programas audiovisuales en los que se cuestiona a los jóvenes sobre temas que deberían enseñar en las escuelas y se darán cuenta de que son nulos, pero saben todo lo que se mueve en el bajo mundo. Ahí anda suelto el diablo.

Hay otro Lucifer entre nosotros; ese, aunque está más enraizado entre los grupos mal formados, está presente en muchos individuos de todos los niveles económicos y sociales, que creen en patrones culturales provenientes del África que se quedaron básicamente en el sur del país y Haití, pero que impactan en toda la geografía nacional; ese se llama ignorancia.

El tercer demonio para mí es el peor; es una mutación en la que ha tratado de ocultarse esta bestia maligna. Se alimenta de mentes débiles y actúa en contubernio con las autoridades civiles y militares. Este diablo está presente, según cifras extraoficiales, en unos cuarenta mil puntos de drogas que funcionan en un país con veinticuatro mil aulas.

Si eliminamos esos tres diablos, los tres vencibles, si existiera voluntad política; nuestro país comenzará a transitar un camino diferente. Sin embargo, quienes nos gobiernan prefieren aliarse al maligno de su mismo nivel, al diablo de la corrupción, que los mantiene ocupados para que no combatan los tres diablos del pueblo.

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