León XIV visita Mónaco para instar a su población a usar su fe y riqueza para el bien
MÓNACO, 28 marzo. — El papa pidió el sábado a los residentes del cosmopolita principado mediterráneo de Mónaco que utilicen su riqueza, influencia y fe católica para el bien, especialmente para defender la doctrina católica sobre la protección de la santidad de la vida.
León XIV realizó un viaje de un día al lujoso enclave, en la primera visita de un pontífice desde la de Pablo III en 1538. Al son de un cañonazo, el príncipe Alberto y la princesa Charlene recibieron al papa en el helipuerto de Mónaco, en las inmediaciones del puerto deportivo que alberga los megayates de los ricos y famosos.
En palacio, los miembros de la familia real esperaron al papa en el patio, con las mujeres con ropa de color negro y con mantillas de encaje. Charlene vistió de blanco, un privilegio protocolario del Vaticano a las soberanas reales católicas en audiencias con el pontífice, conocido en términos diplomáticos como “le privilège du blanc”.
En su saludo inicial desde el balcón del palacio, León XIV instó a Mónaco a usar su riqueza, influencia y “don de la pequeñez” para el bien.
Era importante, afirmó, “especialmente en un momento histórico en el que la exhibición de poder y la lógica de la opresión están dañando al mundo y poniendo en peligro la paz”.
Hablando en francés más tarde en la catedral, el pontífice instó a los católicos de Mónaco a difundir su fe “para que la vida de cada hombre y mujer pueda ser defendida y promovida desde la concepción hasta la muerte natural ”, indicó.
Estos son los términos que utiliza el Vaticano para referirse a la doctrina católica que se opone al aborto y la eutanasia.
Mónaco es uno de los pocos países europeos donde el catolicismo es la religión oficial. Y el príncipe Alberto rechazó recientemente una propuesta para legalizar el aborto alegando el importante papel que desempeña el catolicismo en la sociedad.
Esta decisión fue en gran medida simbólica, ya que el aborto es un derecho constitucional en Francia, que rodea el principado costero de 2,2 kilómetros cuadrados (cerca de una milla cuadrada).
Al negarse a permitirlo en Mónaco, Alberto se sumó a otros miembros de la realeza católica europea que a lo largo de los años han adoptado una postura similar para sostener la doctrina católica en un continente cada vez más laico. Cuando el papa Francisco visitó Bélgica en 2024, anunció que iba a iniciar el proceso de canonización del difunto rey Balduino, quien en 1990 abdicó por un día antes que tener que aprobar una ley que legalizaba la interrupción del embarazo.
Mónaco, un paraíso costero para ricos y famosos, es conocido tanto por sus incentivos fiscales y el Gran Premio de Fórmula 1, como por su glamorosa familia real. Hijo de la fallecida actriz estadounidense Grace Kelly, Alberto habló un inglés perfecto y sin acento cuando recibió a León XIV en el helipuerto. Se oyó al pontífice comentar que había aterrizado con tres minutos de retraso.
La visita de un día incluye un encuentro con la comunidad católica del principado en la catedral y una misa en el estadio deportivo.
La población de Mónaco, de 38.000 habitantes, es mayoritariamente católica y también multinacional, y solo una quinta parte son realmente ciudadanos del enclave.
Aprovechando el soleado día de primavera, muchos se congregaron en los terrenos del palacio para saludar a León XIV y algunos hicieron fila en las calles para ondear banderas del Vaticano y Mónaco al paso de su papamóvil descubierto. (AP)

