Datos tóxicos sobre el boyante turismo

Por Juan Llado

Actualmente, la mayor atención mediática a la evolución de nuestro sector turístico se concentra sobre el volumen de “visitantes” y el monto del ingreso de divisas. En ambos casos, los datos que ofrece el Banco Central tienden a agigantar, tal vez para aparentar logros hercúleos, la contribución del sector a nuestra economía. Ese flaco servicio distorsiona la imagen de la actividad ante la opinión pública y, quien sabe si a favor de intereses políticos. Por las razones que se detallan a continuación se revelará el tuétano de esa mala práctica, la cual debe ser descartada por las autoridades competentes de una vez por todas.

Para calcular el ingreso total de divisas que aporta el turismo el Banco Central (BC) se basa principalmente en los datos recogidos por su trimestral Encuesta de Gasto, Opinión, Actitud y Motivación hecha a turistas en los aeropuertos. Siguiendo una metodología del FMI para el renglón de “viajes”, en el primer y más importante paso el BC estima el gasto promedio diario de los turistas. Al encuestado se le pide reportar su gasto total en el pais (alojamiento, comida, transporte, ocio y compras) y esa cifra se divide por el número de días de su estadía. El ingreso de divisas total es entonces el resultado de multiplicar ese gasto promedio diario por el volumen de “pasajeros” de vía aérea y marítima. El monto resultante es responsable de un 98% de los ingresos por turismo, mientras el otro 2% de la cifra se estima añadiendo lo relativo a los ingresos por estudiantes extranjeros, trabajadores temporales y la “renta imputada a propietarios no residentes”.

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Obviamente, resulta controversial si ese 2% califica para ser incluido en el cálculo citado. Si la “renta imputada” consiste en utilidades repatriadas no debe incluirse. Pero el primer error garrafal de esa metodología es que homologa al pasajero con el turista. Según ONU Turismo estas son dos categorías con diferentes significados. El turista es “una persona que viaja a un país distinto al de su residencia habitual, por menos de un año, por motivos distintos a trabajar en ese país, y que pernocta al menos una noche.” Claramente, eso no se aplica a, por ejemplo, las tripulaciones de aviones y barcos ni a viajeros en tránsito u otras categorías que no son encuestadas. La categora “pasajero” mide movilidad, mientras la del “turista” mide actividad económica.

Lo segundo es que el turista extranjero o dominicano no residente que llega por vía aérea tiene un gasto muy superior a los pocos “excursionistas” que se desmontan de los cruceros en su puerto de atraque. Estos últimos, clasificados por ONU Turismo como “excursionistas”, visitan tierra firme por no más de cinco horas. Además, solo un 30-40% de los excursionistas desembarcan y no son todos los que realizan algún consumo. Por último, aunque la encuesta mida el total del gasto en el pais queda evidente que los gastado en  el alojamiento no ingresa a nuestra economía porque el pago de este se tiende hacer con la reservación de viaje, es decir, antes de la llegada al pais. Son los turoperadores y cadenas hoteleras quienes reciben ese pago y es seguro que lo hacen en sus cuentas bancarias del exterior.

Otros países tienen diferentes composiciones del gasto y consumo turístico que difieren de la utilizada aquí, aunque por lo general las encuestas a los turistas sean un recurso muy común. Por ejemplo, para estimar el ingreso de divisas en el Perú se incluye el aporte de la aviación, lo cual aquí no se cubre con la amplitud que lo hacen los peruanos. Por otro lado, los peruanos ni nosotros incluimos la contribución de la inversión de capital como lo hacen los mexicanos.

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La conclusión obligada es que, de continuar siendo el generador de las estadísticas turísticas, el Banco Central está obligado a detallar los montos de ingreso de las diferentes categorías de “visitantes” ( es decir, los extranjeros y dominicanos no residentes llegados por vía aérea versus los excursionistas). Tambien deberá incluir otros renglones de ingreso, como inversión, ingresos fiscales, pago de servicios aeroportuarios por parte de aviones fletados, etc. Se requiere una reconfiguración de la metodología de cálculo de este dato, además de un traspaso institucional para que sea la Oficina Nacional de Estadística (ONE) la encargada.

El otro gran dislate de las actuales estadísticas turísticas tiene que ver con el total de “visitantes”. Fue el gobernador del Banco Central quien en el 2023 comenzó a usar el termino, tal vez para complacer al ministro del ramo que prontamente se apropió de el. El termino engloba tanto a los turistas como a los excursionistas y se reporta la tasa de crecimiento global, aunque si son desagregadas estas últimas tiendan a ser muy dispares. Para el pasado 2025, por ejemplo, la llegada de turistas fue de 8,861,169, mientras la de cruceristas fue 2,815,732. Respecto al 2024, eso significo un aumento del 3.8% para los primeros y un 6.0% para los segundos. La grafica adjunta demuestra que la tasa global esta sesgada por el extraordinario volumen de los cruceristas, los cuales no tienen un gasto ni una estadía comparable a la de los turistas.

Hay otra poderosa razón por la cual no deben mezclarse los unos con los otros. Los cruceristas que desembarcan tienen una estadía en el puerto de atraque del barco de no mas de 6 horas, mientras los turistas pernoctan y duran unos 8 días en el país en promedio. El gasto promedio de los que bajan del barco se estima en US$100 dólares, por esas 5 o 6 horas, mientras el promedio diario del turista es de unos US$170 y su estadía es de unos 8 días. Homologar las dos categorías para abultar el volumen de “visitantes” es una treta deleznable que exuda populismo. Deberá primar el criterio de que una tasa de crecimiento más baja para los turistas no significa un peor desempeño del destino, principalmente porque base estadística es, en general, cada vez más grande que la de cruceristas. Ya en el 2025 era de esperarse una desaceleración después del rebote de la pandemia.

Ahora que la captura de “El Mencho” en México nos ha deparado un flujo inesperado de turistas norteamericanos, elevando la tasa promedio de ocupación hotelera a un 90% durante los primeros tres meses del año, es el mejor momento para corregir estas anomalías. Ojalá y la prensa ayude reportando adecuadamente las cifras.

Acento

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