Clamor y Sed: Dos Palabras de Cristo que Interpelan a la Sociedad Dominicana

Santo Domingo, 3 abril. – En el contexto del tradicional Sermón de las Siete Palabras celebrado en Santo Domingo durante el Viernes Santo, dos reflexiones resonaron con especial fuerza al reinterpretar el sufrimiento de Cristo a la luz de las realidades sociales contemporáneas.

El reverendo padre Candelario Mejía Brito centró su meditación en el dramático momento en que Jesús exclama: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46). Lejos de interpretarlo como un grito de desesperación, lo presentó como una expresión de victoria en medio del dolor, una afirmación de fe incluso en la aparente ausencia divina.

El sacerdote trazó un paralelismo entre ese clamor y la realidad actual de muchos ciudadanos, especialmente los más vulnerables, quienes experimentan abandono por parte de las instituciones responsables de garantizar su bienestar. Señaló que, en la sociedad contemporánea, el peso del sacrificio recae desproporcionadamente sobre los más pobres, quienes enfrentan un futuro incierto y escasas oportunidades de progreso.

Asimismo, denunció la situación de los jóvenes, atrapados en entornos sociales que limitan su desarrollo y restringen sus derechos. Comparó su frustración con la de Cristo en la cruz, afirmando que también ellos tienen razones para preguntarse por qué han sido abandonados. Hizo énfasis en la precariedad laboral, donde muchos jóvenes, aun logrando insertarse en el mercado, son víctimas de explotación o reciben remuneraciones injustas.

El religioso también cuestionó la falta de respuestas ante problemáticas estructurales, como los accidentes de tránsito, responsabilizando al Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre por la débil promoción de la educación vial. Extendió su reflexión hacia los sectores más invisibilizados: indigentes, enfermos y excluidos sociales, preguntándose quién vela realmente por ellos.

A pesar del tono crítico, concluyó con un mensaje de esperanza, invitando a los fieles a elevar su voz con confianza, convencidos de que Dios no abandona, incluso en medio del sufrimiento más profundo.

Por su parte, la reverenda madre Zoila María Mercedes López desarrolló su reflexión a partir de la quinta palabra de Jesús en la cruz: “Tengo sed” (Juan 19:28), proclamada en la Catedral Primada de América. Interpretó esta expresión no solo como una necesidad física, sino como una sed espiritual y social: un anhelo profundo de justicia, amor, paz y dignidad.

Describió el sufrimiento físico de Cristo como real y tangible, pero subrayó que su sed trasciende lo corporal, identificándose con los múltiples “sedientos” de la sociedad actual. Entre ellos mencionó a enfermos desatendidos, ciudadanos que reclaman servicios públicos más justos, así como mujeres, niños e inmigrantes que aún luchan por el reconocimiento de su dignidad.

En su intervención, también dirigió críticas hacia la clase política, señalando que Jesús anhela ver a un pueblo libre de opresión, gobernado por servidores públicos comprometidos con el bienestar colectivo, y no por intereses particulares.

Uno de los puntos más sensibles de su mensaje fue la violencia de género. Lamentó la persistencia de los feminicidios en el país y el impacto devastador que dejan en las familias, especialmente en los niños que quedan en situación de orfandad. En ese contexto, evocó la “sed de familia” de Cristo: hogares donde prevalezca la vida, el respeto y la alegría.

La religiosa también abordó la crisis de identidad en los jóvenes, a quienes describió como sedientos de sentido, valores y referentes auténticos. Advirtió sobre los riesgos de buscar respuestas en caminos equivocados que no logran llenar el vacío existencial.

Finalmente, reflexionó sobre la soledad que afecta a muchas personas en la actualidad, destacando que, aunque rodeadas de gente, viven desconectadas emocionalmente. Cerró su mensaje recordando que Cristo es fuente de “agua viva” y llamó a los creyentes a no ser indiferentes ante el dolor ajeno, sino a comprometerse activamente con la transformación social.

Ambas reflexiones, profundas y críticas, convirtieron el púlpito en un espacio de denuncia, pero también de esperanza, donde la cruz se presenta no solo como símbolo de sufrimiento, sino como un llamado urgente a la conciencia colectiva.

Comentarios
Difundelo