Iglesia llama a enfrentar la corrupción, la violencia y la desigualdad social durante el Sermón de las Siete Palabras

Santo Domingo, 4 abril.– En un contexto marcado por profundas tensiones sociales, desigualdades persistentes y crecientes preocupaciones por la violencia, la Iglesia católica dominicana utilizó el púlpito del Sermón de las Siete Palabras este Viernes Santo para lanzar un enérgico llamado a la reflexión nacional, denunciando la corrupción, la inseguridad y la falta de prioridad en políticas públicas como las “cruces” que hoy pesan sobre el pueblo dominicano.

Las reflexiones, pronunciadas en distintos templos del país como parte de una de las tradiciones más emblemáticas de la Semana Santa, encontraron eco tanto en la voz de monseñor Héctor Rodríguez como en la del reverendo padre Mario de la Cruz Campusano, quienes coincidieron en advertir sobre la urgencia de transformar la realidad social desde la ética, la justicia y el compromiso ciudadano.

Desde la Catedral Santiago Apóstol, monseñor Héctor Rodríguez, arzobispo de Santiago y presidente del Episcopado Dominicano, centró su mensaje en la necesidad de trasladar el significado espiritual de la crucifixión de Jesucristo al contexto contemporáneo. En su intervención, advirtió sobre el riesgo de vivir una fe desconectada de los problemas actuales, anclada únicamente en la contemplación del pasado.

“A veces nos quedamos pensando únicamente en las cruces del pasado, en aquel sacrificio de hace dos mil años, y se nos olvidan las situaciones actuales que nos mantienen en una cruz hoy en día”, expresó el prelado ante cientos de fieles congregados en el templo.

Rodríguez instó a la sociedad dominicana a identificar las “cruces modernas” que afectan la vida cotidiana, señalando de manera directa fenómenos como la corrupción administrativa, la violencia social y la indiferencia frente a las necesidades de los más vulnerables.

“La cruz de hoy es la corrupción que nos roba el bienestar, es la violencia que enluta a nuestras familias, es la indiferencia ante el que sufre hambre y falta de oportunidades”, afirmó, en un discurso cargado de tono pastoral, pero también de crítica social.

El arzobispo hizo especial énfasis en la violencia de género, calificándola como una de las expresiones más dolorosas de la crisis moral que atraviesa la sociedad. En ese sentido, lamentó el reciente feminicidio de una joven en Sabana Iglesia, hecho que, según dijo, evidencia la urgencia de promover una cultura de respeto y protección a la vida.

Para Rodríguez, estos fenómenos constituyen “llagas abiertas” que exigen una respuesta colectiva y sostenida. Señaló que el sacrificio de Cristo no puede limitarse a una conmemoración simbólica, sino que debe inspirar acciones concretas orientadas a la defensa de la dignidad humana y la construcción de una sociedad más justa.

Las palabras del prelado marcaron el inicio de una jornada religiosa que combinó la reflexión espiritual con la expresión pública de fe. Tras el sermón, los fieles participaron en un Viacrucis que recorrió varias calles de Santiago, en un acto que buscó conectar el dolor de la pasión de Cristo con las realidades que afectan al país.

Durante el recorrido, que incluyó las calles El Sol, Restauración y 30 de Marzo, los participantes avanzaron en oración, recordando las catorce estaciones del camino al Calvario, en un ambiente de recogimiento y denuncia simbólica. La actividad concluyó con un mensaje de esperanza, en el que se reiteró el compromiso cristiano de trabajar por una sociedad basada en la transparencia, la paz y la dignidad.

De manera paralela, en la Catedral Primada de América, en Santo Domingo, el reverendo padre Mario de la Cruz Campusano centró su reflexión en la segunda palabra pronunciada por Jesucristo en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Su intervención estuvo marcada por una fuerte crítica a las desigualdades sociales y a lo que calificó como una falta de prioridades en la gestión pública.

El sacerdote denunció las marcadas brechas económicas que, a su juicio, profundizan la exclusión social en el país. Cuestionó los altos salarios que perciben algunos funcionarios en contraste con las condiciones de vida de los trabajadores de menores ingresos.

“Un funcionario que gana entre 300 mil y un millón de pesos, cuando un pobre obrero, que incluso puede trabajar más, gana un sueldo mínimo que ronda entre los 16 mil y 29 mil pesos, refleja una desigualdad que clama al cielo”, expresó.

De la Cruz Campusano también criticó la asignación de recursos del Estado, señalando que con frecuencia se priorizan proyectos de gran visibilidad política, mientras sectores fundamentales como la educación, la salud y la vivienda continúan enfrentando carencias significativas.

“Se invierten miles de millones en megaproyectos, pero no hay dinero para la educación, para viviendas dignas o para mejorar un sistema de salud que está colapsado”, afirmó, al tiempo que describió la situación de los hospitales públicos como crítica, con pacientes atendidos en condiciones precarias y largas esperas para recibir asistencia médica.

El religioso abordó además la problemática de la inseguridad, la deficiencia en el servicio eléctrico y la corrupción, señalando que estos factores contribuyen a agravar las condiciones de vida de la población, especialmente de los sectores más vulnerables.

En un momento particularmente sensible de su intervención, el sacerdote expresó su frustración ante la dificultad de establecer canales de comunicación con las autoridades gubernamentales. Indicó que, pese a sus esfuerzos, no ha logrado sostener reuniones con el presidente de la República ni con otros funcionarios para plantear problemáticas comunitarias.

“Me da mucha tristeza no poder acceder a quienes tienen en sus manos la toma de decisiones, cuando representamos a miles de personas que también necesitan ser escuchadas”, manifestó.

A pesar del tono crítico, el mensaje del reverendo concluyó con una invitación a la esperanza y a la transformación personal. Exhortó a los fieles a hacer suya la promesa de Cristo y a trabajar por erradicar los males sociales desde una vivencia auténtica de los valores cristianos.

Ambas intervenciones reflejan una línea común dentro del discurso de la Iglesia durante esta Semana Santa: la necesidad de vincular la fe con la realidad social y de asumir un rol activo en la construcción de soluciones frente a los problemas que afectan al país.

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