Cómo Trump pasó de amenazar con la aniquilación de Irán a acordar un alto el fuego de dos semanas con Teherán
Por Aamer Madhani, Will Weissert y Josh Boak
WASHINGTON, 8 abril. — El presidente Donald Trump, en el transcurso de un solo día, pasó de amenazar a Irán con la “aniquilación” a afirmar que el liderazgo de la maltrecha República Islámica había presentado un plan “viable” que lo llevó a aceptar un alto el fuego de 14 días que, según espera, abrirá el camino para poner fin a la guerra que ya llevaba casi seis semanas.
El dramático cambio de tono se produjo mientras intermediarios, liderados por Pakistán, trabajaban intensamente para evitar una mayor escalada del conflicto. Incluso China —el principal socio comercial de Irán y el competidor económico más importante de Estados Unidos— movió discretamente sus influencias para encontrar una vía hacia el alto el fuego, según dos funcionarios informados sobre el asunto que no estaban autorizados a comentar públicamente y hablaron bajo condición de anonimato.
“La razón para hacerlo es que ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares, y estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán, y la paz en Oriente Medio”, declaró Trump en una publicación en redes sociales anunciando el alto el fuego temporal, aproximadamente 90 minutos antes de su plazo límite para que Teherán reabriera el estratégico Estrecho de Ormuz o enfrentara la destrucción de sus plantas eléctricas y otras infraestructuras críticas.
El presidente tiene previsto reunirse el miércoles en la Casa Blanca con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El emergente alto el fuego y el plan para reabrir el estrecho estarán en el centro de las conversaciones.
A medida que se acercaba la fecha límite, legisladores demócratas denunciaron la amenaza de Trump de borrar una civilización entera como “un fracaso moral”, y el papa León XIV advirtió que los ataques contra infraestructuras civiles violarían el derecho internacional, calificando los comentarios del presidente como “verdaderamente inaceptables”.
Pero al final, Trump pudo haber retrocedido por una simple realidad: una escalada podría arriesgar la implicación de Estados Unidos en una “guerra interminable”, del tipo que había complicado a sus predecesores y de la que él prometió mantener al país alejado si regresaba a la Casa Blanca.
Controlar el estrecho habría sido una operación larga y costosa
Mientras Trump presumía del éxito militar de Estados Unidos e Israel durante las últimas seis semanas, parecía operar bajo la premisa de que podía bombardear a Irán hasta forzarlo a rendirse.
Desde el inicio del conflicto con la muerte del ayatolá Ali Jamenei en los primeros ataques, pareció subestimar la posibilidad de que el liderazgo iraní optara por una guerra larga y sangrienta.
La República Islámica, durante los últimos 47 años, ha demostrado repetidamente su disposición a resistir, incluso cuando desde la perspectiva estadounidense parece actuar en contra de sus propios intereses.
El liderazgo clerical mantuvo a estadounidenses como rehenes durante 444 días, desde finales de 1979 hasta principios de 1981, a costa de su reputación internacional. Los mulás permitieron que la devastadora guerra entre Irán e Irak se prolongara durante años, dejando cientos de miles de muertos. Respaldaron a Hamás tras el ataque del 7 de octubre que desencadenó una guerra con Israel que debilitó al grupo en Gaza y a Hezbolá en el Líbano, y contribuyó al colapso del régimen autoritario de Bashar al Assad en Siria, respaldado por Teherán.
El liderazgo iraní —golpeado y superado militarmente— mostró confianza en que podría empantanar a la superpotencia mundial en un conflicto prolongado y costoso, incluso si no lograra derrotar al poderoso ejército estadounidense.
Analistas de defensa coincidieron en que el ejército de Estados Unidos podría tomar rápidamente el control del Estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima del Golfo Pérsico entre Irán y Omán por donde pasa aproximadamente el 20% del petróleo mundial cada día. Sin embargo, mantener la seguridad en la zona requeriría una operación de alto riesgo, intensiva en recursos y potencialmente prolongada durante años.
Ben Connable, director ejecutivo del grupo sin fines de lucro Battle Research Group, señaló que asegurar el estrecho implicaría que el ejército estadounidense controle unos 600 kilómetros de territorio iraní, desde la isla de Kish en el oeste hasta Bandar Abbas en el este, para impedir que Irán lance misiles contra los barcos en tránsito. Esta misión requeriría probablemente tres divisiones de infantería, entre 30,000 y 45,000 soldados.
“Esta sería una operación indefinida —es decir, prepárense para hacer esto durante 20 años”, dijo Connable, exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines. “No pensábamos que íbamos a estar en Afganistán durante 20 años. Tampoco creíamos que estaríamos tanto tiempo en Vietnam o en Irak”.
El plan de alto el fuego de dos semanas incluye permitir que tanto Irán como Omán cobren tarifas a los barcos que transiten por Ormuz, según un funcionario regional. Irán usaría esos ingresos para la reconstrucción, mientras que no está claro el destino de los fondos que recaudaría Omán.
El estrecho se encuentra en aguas territoriales tanto de Omán como de Irán. El mundo lo había considerado una vía internacional y nunca antes se habían cobrado peajes.
El senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, afirmó tras el anuncio que Trump estaba, en la práctica, otorgando a Teherán el “control” del estrecho y concediéndole “una victoria histórica”.
“El nivel de incompetencia es asombroso y desgarrador”, dijo Murphy.
Trump tiene un patrón de retroceder ante demandas maximalistas
El anuncio del alto el fuego se produjo después de que el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, instara a Trump a extender su plazo por dos semanas para permitir avances diplomáticos, al tiempo que pedía a Irán reabrir el estrecho durante ese mismo período.
Las dos semanas se han convertido en el intervalo favorito de Trump para ganar tiempo al tomar decisiones importantes. El verano pasado, la Casa Blanca indicó que decidiría sobre una campaña inicial de bombardeos contra Irán en ese plazo, pero el presidente ordenó ataques aéreos antes de que expirara, afirmando que habían “aniquilado” el programa nuclear iraní.
Trump también ha utilizado repetidamente plazos de dos semanas en negociaciones para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, y desde su primer mandato ha sugerido que resolvería grandes temas políticos, como la atención médica, dentro de ese periodo.
Durante los primeros 15 meses de su segundo mandato, Trump ha planteado demandas maximalistas para luego moderarlas.
El presidente reculó en muchos de los aranceles del llamado “Día de la Liberación” anunciados en abril de 2025 después de que provocaran turbulencias en los mercados financieros. Quizás el ejemplo más llamativo ocurrió en enero durante el Foro Económico Mundial en Davos, cuando insistió en que Estados Unidos debía tomar control de Groenlandia —“incluyendo derechos, título y propiedad”— para luego cambiar de postura y abandonar su amenaza de imponer aranceles a Europa.
En ese caso, justificó su cambio señalando que había acordado con el jefe de la OTAN un “marco para un futuro acuerdo” sobre la seguridad en el Ártico, a pesar de que Estados Unidos ya contaba con amplias facilidades militares en Groenlandia, territorio del Reino de Dinamarca.
La Casa Blanca celebró el martes por la noche, con asesores atribuyendo el alto el fuego a la capacidad militar estadounidense y a las maniobras de Trump.
“El éxito de nuestro ejército creó la máxima ventaja, permitiendo al presidente Trump y a su equipo participar en negociaciones difíciles que han abierto la puerta a una solución diplomática y a la paz a largo plazo”, declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Añadió: “Nunca subestimen la capacidad del presidente Trump para impulsar con éxito los intereses de Estados Unidos y negociar la paz”. (AP)

