Trump les da mala fama a los ancianos

Por Gail Collins

Colaboradora de Opinión

Piénsalo. En junio cumplirá 80 años, y es el segundo presidente de la historia de Estados Unidos que alcanza esa edad en el cargo. Ahora mismo, el que ostenta el récord es Joe Biden. Pero si Trump llega al final del segundo mandato, superará a Biden como el presidente de mayor edad de la historia.

Si quieres detenerte en el lado positivo de la edad y nuestros jefes ejecutivos, deberíamos empezar por Jimmy Carter, quien terminó su carrera en la Casa Blanca en 1981, pero trató de ser un ciudadano provechoso durante varias décadas. Vivió hasta los 100 años y ganó un Premio Nobel por su labor humanitaria en una etapa tardía de su vida. Ayudó a los pobres al trabajar en erradicar —y consiguiéndolo en gran medida— el gusano de Guinea y, aserrando y martillando, llamó la atención sobre la necesidad de viviendas para las personas de bajos ingresos. Podrías tener muchas opiniones sobre el éxito de Carter en la Casa Blanca, pero definitivamente resaltan sus proyectos después de la presidencia.

En su exposición del Paseo de la Fama Presidencial en la Casa Blanca, Trump elogia los esfuerzos de Carter después de dejar la Casa Blanca, pero desprecia su mandato. Sin embargo, ese Paseo de la Fama es un excelente ejemplo de cómo, a sus casi 80 años, Trump sigue compitiendo vigorosamente por el título de ser el peor mandatario de la historia estadounidense. Cuando no está criticando a su predecesor inmediato, renombrando edificios con su nombre o convirtiendo la crisis de Irán en un desastre profundo, Trump ha estado amasando una fortuna para los miembros de su familia, a los que ha vinculado con unos beneficios estimados en más de 1400 millones de dólares procedentes de empresas que van desde las criptomonedas hasta la concesión de licencias para usar su nombre.

¿Quieres pensar un poco sobre si Trump va a fusionar el título de ser el mandatario “más viejo” con el de ser “el peor”? Mejor, no lo hagamos. Si nos centramos en eso, existe un grave peligro de que terminemos en una larga reflexión sobre el hecho de que aún nos quedan casi tres años más de la Casa Blanca de Trump. No le demos vueltas. De verdad.

“¿Deberíamos hacerlo por cuarta vez?”, reflexionó nuestro presidente en un reciente viaje a Iowa.

Esta, por supuesto, es la Teoría Trump de la Historia de Estados Unidos, en la que derrotó a Biden en 2020 e intentó provocar una revolución en el país —o, como mínimo, unos disturbios muy violentos— cuando los funcionarios públicos racionales declararon que había perdido.

¿Te imaginas a Trump postulándose de nuevo en 2028, cuando vaya camino de los 83 años? Cuando los jóvenes empiecen a temblar de terror, hay que recordarles que las personas mayores inteligentes están igualmente horrorizadas por gente poderosa que se niega a jubilarse en un momento racional. Además, en realidad no puede amenazarnos con eso (por favor, deja de comerte las uñas). Aún existe un límite de dos mandatos, establecido en la Constitución.

A menos, claro está, que impulse una enmienda sobre la edad y se invente una leyenda según la cual los fundadores querían garantizar que cualquier hombre menor de 100 años tuviera derecho a postularse al cargo más alto. Y que recuerde a la gente sus gestas presidenciales caritativas, como indultar a los alborotadores del 6 de enero, a unos jugadores de fútbol americano y a muchos otros delincuentes.

Como presidente, Trump ha llegado a la vejez como un héroe para todos los estadounidenses que admiran a figuras famosas que entran en la categoría de “negarse a dejar el poder”. Piénsenlo. (Solo por unos minutos). Derrotó a Hillary Clinton, a pesar de perder el voto popular. Se negó a admitir que Biden lo había vencido en la reelección e intentó dar un golpe de Estado. Fracasó en eso, pero logró recuperar la Casa Blanca en las siguientes elecciones, algo que Biden facilitó al tardarse en admitir que era demasiado viejo para postularse de nuevo.

Y entonces, Trump anunció al mundo en un correo masivo que había completado el primer año de su nuevo mandato, durante el cual bien podría haber logrado “más que cualquier otro presidente en la historia del país”.

Espero que quede claro, Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt, George Washington…

Bueno, hay muchas formas de hacer historia. ¿Van a considerar los estudiosos presidenciales del futuro a Trump como el peor? ¿Por debajo de James Buchanan, quien no logró detener la esclavitud ni la Guerra de Secesión? ¿O William Henry Harrison, quien rechazó los argumentos de que era demasiado mayor para postularse y murió un mes después de su investidura, dejando el país en manos del terrible John Tyler?

Imaginemos cómo verían los demás presidentes de edad avanzada la llegada de Trump a sus filas. No podemos decir que les esté dando mala fama, ya que, como grupo, no tienen precisamente una reputación muy buena.

Pero imagina una cena celestial de viejos presidentes a través de los tiempos. Ahí está Herbert Hoover, que recibe elogios por haber logrado vivir hasta los 90 años, de colegas que caritativamente ignoran su papel protagonista en la Gran Depresión.

Ahí está Ronald Reagan, a quien le faltaban pocos días para cumplir 70 años cuando fue investido, sonriendo mientras contempla sus dos mandatos y luego 15 años como alegre jubilado. (Bueno, alegre en su mayor parte, hasta los últimos años, oscurecidos por el alzhéimer).

“Comienzo ahora el viaje que me llevará al ocaso de mi vida”, dijo en una carta de despedida a la nación. “Sé que para Estados Unidos siempre habrá un brillante amanecer por delante”.

De acuerdo, probablemente no se imaginaba a un presidente Trump en aquel momento. Pero volvamos a esa fiesta de los presidentes más longevos. Independientemente de cuánto acabaran viviendo, si los invitados a la fiesta tuvieran la edad que tenían cuando ocupaban el cargo, muchos apenas tendrían unos 60 años. John Adams terminó su único mandato con 65 años, triste por haber perdido la reelección frente a Thomas Jefferson, pero sin duda contento por haber disfrutado de 25 años tras su presidencia, en los que vería a su hijo llegar a la Casa Blanca. Y tal vez tuviera la premonición de que, dos siglos más tarde, se le rendiría homenaje con una serie biográfica de televisión.

¿Crees que alguna vez habrá una serie de televisión sobre Donald Trump? ¿De qué género sería? ¿Historia, humor o terror?

Fuente: The New York Times

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