Persecución, violencia y justicia en pausa: el caso del chofer ultimado en Santiago
Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 22 abril. — La escena que estremeció esta ciudad aún resuena en la memoria colectiva: un camión recolector de basura avanzando bajo presión, una turba enardecida siguiéndolo durante más de veinte minutos, y un desenlace fatal a las puertas mismas del sistema judicial.
Mientras el país intenta procesar la magnitud de lo ocurrido, el proceso judicial contra los implicados ha dado un giro procesal que retrasa, al menos por ahora, el inicio formal de la justicia.
El Tribunal de la Oficina Judicial de Servicios de Atención Permanente de Santiago decidió aplazar para el próximo lunes 27 de abril el conocimiento de la medida de coerción contra siete hombres acusados de participar en la persecución, agresión y posterior muerte de Deivy Carlos Abreu Quezada, el conductor del camión recolector asesinado en medio de un episodio de violencia colectiva.
Un aplazamiento por razones procesales
La decisión del tribunal responde a irregularidades en la notificación de los documentos legales. Según explicó José Martínez Brito, representante legal de la familia de la víctima, el abogado de uno de los imputados no figuraba como su defensor al momento del arresto, lo que impidió que recibiera la notificación correspondiente de la solicitud de medida de coerción.
A esto se suma otro elemento clave: tampoco fue notificada la querella interpuesta por la familia de Abreu Quezada, constituida en actor civil dentro del proceso judicial. Este conjunto de omisiones obligó al tribunal a posponer la audiencia con el objetivo de garantizar el debido proceso y que todas las partes involucradas tengan acceso formal a la documentación.
Graves cargos y un prófugo clave
El Ministerio Público ha calificado los hechos bajo figuras penales severas: asociación de malhechores, premeditación y asesinato, sustentadas en los artículos 265, 266, 296, 297 y 302 del Código Penal Dominicano.
Los imputados son Adony Antonio Ureña Ventura, Andrés Monclú González, Carlos Andrés Roa Morán, Miguel García Balbuena, Joanfry Joel Núñez, Juan Carlos Soto Ortiz y Kevin Francisco Metz Cruz. Sin embargo, la figura central del caso continúa evadiendo la justicia.
Se trata de Jhovanny de Jesús Metz Cruz, alias “Macho”, identificado por las autoridades como el presunto autor de la estocada mortal. Actualmente se encuentra prófugo, y sobre él recae una intensa búsqueda por parte de los organismos de seguridad.
Un Palacio de Justicia bajo tensión

Durante la jornada judicial, el Palacio de Justicia de Santiago permaneció fuertemente custodiado. La presencia policial fue reforzada con unidades tácticas, incluyendo agentes SWAT, ante el alto interés público y la sensibilidad del caso.
La seguridad extrema reflejaba no solo la gravedad de los hechos, sino también el clima de tensión social que ha generado este episodio, ampliamente difundido a través de videos en redes sociales que han servido como evidencia clave en la reconstrucción del crimen.
Veintitrés minutos de persecución
La narrativa del Ministerio Público, respaldada por material audiovisual, describe una persecución que se extendió por aproximadamente 23 minutos, desde las 3:00 hasta las 3:23 de la tarde.
El recorrido comenzó en el Ensanche Bermúdez y culminó en el Palacio de Justicia. Aunque el origen exacto del conflicto no está completamente documentado, las autoridades señalan que el incidente habría iniciado tras un supuesto impacto del camión contra un motorista.
Este hecho, aún bajo investigación, habría desatado la persecución por parte de varios individuos a bordo de motocicletas.
El momento del ataque
Según la reconstrucción oficial, Jhovanny de Jesús Metz Cruz participó activamente en la persecución a bordo de una motocicleta marca Boxer BM150, negra con detalles en amarillo y verde, identificada además por un sticker con la inscripción “Chucho R”.
Al llegar al Palacio de Justicia, cuando el camión redujo la velocidad para ingresar, Metz Cruz descendió del vehículo y continuó la persecución a pie junto a otros implicados.
Vestía casco negro, abrigo de manga larga, pantalón oscuro y calzaba crocs blancos. Su rostro permanecía oculto.
El ataque se produjo en segundos. Dos hombres abordaron el área del conductor, obligando a Abreu Quezada a abandonar el vehículo. En medio del caos, un agente de seguridad del recinto realizó disparos al aire para dispersar a la multitud.
Fue entonces cuando “Macho”, armado con un cuchillo tipo caza de aproximadamente 12 pulgadas, asestó la herida mortal en la pierna derecha de la víctima.
Las últimas palabras
El momento quedó registrado en video. Tras recibir la estocada, Deivy Carlos Abreu Quezada saltó del camión y exclamó: “Me mató”.
Gravemente herido, intentó explicar lo ocurrido a quienes se acercaban: afirmó que no había impactado a nadie y que había sido interceptado por motoristas que le cerraron el paso.
Mientras se desangraba, comenzó a orar, pidiendo perdón a Dios y suplicando que no lo dejaran morir.
Horas más tarde, su voz se apagaría definitivamente.
Una muerte que pudo evitarse
El informe médico establece que el fallecimiento ocurrió entre las 4:30 y las 5:30 de la tarde del 18 de abril, en el Hospital Presidente Estrella Ureña. El levantamiento del cadáver fue realizado a las 6:00 a.m., indicando que la muerte se produjo entre dos y tres horas antes de ese procedimiento.
El caso ha generado cuestionamientos sobre la respuesta institucional ante situaciones de violencia colectiva y la capacidad de las autoridades para prevenir desenlaces fatales en escenarios de conflicto urbano.
Una víctima con historia laboral
Deivy Carlos Abreu Quezada tenía apenas nueve meses trabajando en la empresa Comlursa S.R.L., encargada del servicio de recolección de basura en Santiago.
Su muerte no solo deja un vacío en su entorno familiar, sino que también pone en evidencia los riesgos a los que se enfrentan trabajadores en labores esenciales, muchas veces invisibilizados en la rutina diaria de la ciudad.

