Historias de interés

65 años, bien vividos y bendecidos…

Por Euri Cabral

                  Este jueves 7 de mayo, cumplo 65 años de edad. Aunque por mi pequeño tamaño y mi gran espíritu alegre y divertido, muchos creen que no llego ni siquiera a los 50, lo cierto es que estas seis décadas y media que hoy alcanzo, han sido bien vividas, bien aprovechadas y, sobretodo, llena de bendiciones del Señor.

                  Desde mi niñez, el Señor me dio grandes regalos. Mi padre, Máximo Cabral (Pito, ya fallecido) y mi madre, Publia Jiménez, (Pita), que hoy cuenta con 97 años, fueron dos grandes joyas que le dieron calidad a mi vida y me formaron en valores. Mis cinco hermanos, Mami (ya fallecida), Margot, Cucho, Rafelito y Guido, han sido hojas refrescantes del frondoso y digno árbol de mi familia de origen.

                  Estimulado y dirigido por mis padres, con muchas cosa positivas y algunas diferencias significativas, logré graduarme de bachiller con notas excelentes, puede ingresar en la UASD y graduarme de Licenciado en Economía y de militante revolucionario, lleno de sueños para transformar la sociedad y alcanzar el socialismo. En 1987, en la propia UASD, entre luchas estudiantiles y bailando merengues en actividades universitarias, me enamoré de Zinayda Rodríguez. A los seis meses de amores, no casamos en diciembre de ese año. Estos 39 años que tenemos juntos construyendo un proyecto de vida, han sido la mejor inversión de amor y felicidad que alguien puede tener en este mundo. Zinayda es uno de los mejoras regalos que Dios le ha dado a mi vida.

                  Con Zinayda vino otro regalo de Dios, nuestra hija Amelia. Con ella aprendí a ser padre, a cuidar y proteger una hija que siempre ha sabido corresponder ese amor y cuidado. Amelia me enseñó a ser padre y me convirtió en abuelo. Tres hermosas coronas, Ianna, Juanfer e Isabella, se colocaron en mi cabeza y la de Zinayda, para  llenarnos de alegría, esperanza y bendiciones.

                  En agosto de 1989, aunque seguíamos en la ruta revolucionaria y Dios no era nuestra prioridad, otro regalo nos vino del cielo. Viviendo en Nicaragua como representantes del Bloque Socialista, nació nuestra segunda hija, Cheizi. Una nueva bendición del Señor que se convirtió en la vía para cambiar nuestros deseos de cambios revolucionarios, por el amor, el perdón y la gracia de Jesús. Al igual que Amelia, también Cheizi nos ratificó como orgullosos abuelos. Nos dio cuatro nietos, tres están con nosotros, Oscar, Pablo y Antonio, y el otro, Leonardo, se fue al cielo al momento de nacer.

                  En julio del 2004, después de vivir muchas situaciones personales y familiares difíciles, di el paso más importante y trascendente de mi vida: Asumí a Jesús como Señor y Salvador. En la Iglesia Cristiana Palabras de Vida, bajo la orientación y conducción de los pastores Raffy Paz y María Isabel Palacio, asumí el proceso de seguir y creerle a Jesús. De ahí adelante, mi visión y mi actuación cambiaron radicalmente. Y aunque todavía se presentan situaciones complicadas, las lluvias de bendiciones son frecuentes y permanentes.

                  El Señor rescató y fortaleció mi matrimonio y mi familia. Me preservó la vida ante un atentado criminal de que fui objeto en septiembre del 2004, me abrió amplias puertas en mi trabajo profesional y nuestro desarrollo empresarial. Junto con Zinayda, hemos mantenido campañas permanentes de defensa de los matrimonios; hemos impartido más de 200 conferencias en todo el país y en el extranjero mostrando cómo Jesús rescató y ha preservado nuestro matrimonio; hemos mantenido un canal de televisión para sembrar valores, por una docena de años; hemos realizado cinco documentales de cine resaltando valores patrióticos y una película en defensa de los matrimonios. En fin, hemos tratado de que en cada una de nuestras acciones o proyectos, podamos reflejar a Jesús y lo que Él ha hecho en nosotros.

                  Llego a mis 65 años con el corazón alegre y fortalecido en Jesús. Acompañado de una mujer, Zinayda, que ha sido el soporte y estímulo permanente para no echar hacia atrás y seguir firme la ruta del Señor. Con la alegría y el contentamiento de tener una familia feliz y agradecida, como regalo y gran bendición de Dios para mi vida. Con un grupo de amigos y una iglesia, que lo entregan todo para hacernos sentir alegres y en paz. Llego a mis 65 años como dice Juan Luis en su canción “Tan solo he venido”: “…dando gracias, por siempre gracias, por lo que has hecho, Señor, conmigo…”.

Euri Cabral

Economista y Comunicador

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