La tregua en Medio Oriente pende de un hilo. Crece el protagonismo de China para destrabar la crisis
El cese del fuego es extremadamente débil, dice Donald Trump, que rechaza la última propuesta «basura» de Teherán, acusa a Washington de querer la «sumisión» de Irán. No habrá novedades antes del encuentro Trump-Xi en Pekín.
ROMA, 11 mayo 2026. – La respuesta iraní a la propuesta de Estados Unidos para poner fin a la guerra y la posterior reacción descontrolada de Donald Trump representan una nueva dosis de incertidumbre y tensión en el conflicto de Medio Oriente.
El alto el fuego «es extremadamente débil, está conectado a máquinas de soporte vital después de esa propuesta basura que nos enviaron» y «tiene apenas un 1% de posibilidades de mantenerse», sentenció el magnate.
Pero mientras el presidente estadounidense rechaza la réplica «inaceptable» de Teherán y evalúa incluso retomar la operación Project Freedom en el estrecho de Ormuz, al mismo tiempo considera que una solución diplomática sigue siendo «muy posible», aunque calificó de «indigna» a la dirigencia de Teherán.
Sin embargo, esa solución parece estar congelada, al menos hasta la esperadísima visita de Trump a Pekín para reunirse con Xi Jinping, considerada clave también para el futuro de la guerra en Medio Oriente.
«Aun manteniendo la desconfianza hacia el enemigo», Teherán también «considera posibles las negociaciones», afirmó el presidente Masoud Pezeshkian.
No obstante, estas deben continuar «desde una posición de dignidad, sabiduría y conveniencia», con Irán prometiendo respetar un eventual acuerdo siempre que esté «en línea con las preocupaciones del Líder Supremo y los intereses del pueblo iraní», advirtió.
En ese sentido, la República Islámica calificó las exigencias estadounidenses de «excesivas» en un plan que «habría significado la sumisión de Teherán».
Las propuestas iraníes son «generosas y racionales», según el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei: reparaciones de guerra, soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz, levantamiento de sanciones y, por supuesto, el fin inmediato de la guerra y del bloqueo naval estadounidense, además de garantías de que Irán no volverá a ser atacado.
En cambio, no habría compromisos preliminares sobre el programa nuclear, tema que Irán propone discutir durante los siguientes 30 días de negociaciones.
Aun así, Teherán reiteró su disposición a diluir parte del uranio enriquecido e incluso transferirlo a un tercer país.
Donald Trump rechazó sin rodeos la carta iraní: «Creen que siento presión. No tengo ninguna presión», aseguró el mandatario.
Pero las consecuencias de la guerra ya se sienten también en Estados Unidos, hasta el punto de llevar al presidente a suspender temporalmente el impuesto federal a la gasolina. Aun así, el líder republicano se mostró convencido de que conseguirá «una victoria total».
Sin embargo, aunque las declaraciones fueron extremadamente agresivas, el enfrentamiento verbal no tuvo consecuencias inmediatas sobre el terreno: la noticia del derribo de un dron por parte de Irán en el sudoeste del país no pareció alterar la frágil tregua, mientras que nada cambió en Ormuz, donde los barcos continúan cruzando a cuentagotas.
Israel, mientras tanto, ocupado en un frente libanés que de hecho volvió a activarse, también espera, pero se prepara.
Benjamin Netanyahu convocó una reunión de seguridad precisamente tras la respuesta iraní a Estados Unidos.
Esa calma tensa refleja una espera que parece apuntar hacia Pekín: según CNN, las conversaciones entre Washington y Teherán no tendrán avances significativos antes del encuentro entre Trump y Xi Jinping, previsto para finales de esta semana.
De acuerdo con una fuente regional citada por la cadena, el rumbo de las negociaciones dependerá «de los resultados de la visita del presidente Trump a Pekín», que probablemente coincidirá con el viaje del canciller iraní Abbas Araghchi a Nueva Delhi para la reunión de cancilleres de los BRICS.
Se espera además la participación de los cancilleres de Arabia Saudita y Egipto, dos de los países que facilitan el diálogo informal entre Estados Unidos e Irán con mediación de Pakistán.
Teherán ya intenta mover las piezas diplomáticas subrayando, a través de su embajador en Pekín, Abdolreza Rahmani Fazli, que la República Islámica está «lista para apoyar el plan de cuatro puntos» de Xi Jinping para la paz y la estabilidad en Medio Oriente.
Presentado el mes pasado, el proyecto chino enuncia sobre todo principios generales: coexistencia pacífica, respeto a la soberanía nacional y al derecho internacional, además de coordinación en materia de seguridad. Pero también se complementa con un plan más específico de cinco puntos elaborado junto con Pakistán y presentado a fines de marzo.
Sobre todo, deja en claro que China no es una mera espectadora de una guerra que, aunque lejana, la afecta tanto política como económicamente. Donald Trump lo sabe muy bien: en Pekín probablemente deberá aceptar ciertos compromisos si quiere asegurarse el apoyo chino en este conflicto. ANSA
