Trump y Xi se reúnen en Beijing bajo la presión de Medio Oriente, Taiwán y la guerra comercial
Beijing, 12 mayo (Agencias). – El viaje del presidente Donald Trump a China para reunirse con Xi Jinping ocurre en uno de los momentos más delicados de la relación entre Washington y Beijing.
La cumbre, prevista para abordar comercio, aranceles, Taiwán, tecnología, seguridad militar y la crisis en Medio Oriente, llega bajo una fuerte presión internacional por la guerra que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán.
Agencias internacionales como Reuters y AP reportan que Trump ha intentado restar peso al papel de China en una eventual salida al conflicto con Irán, afirmando que no necesita la ayuda de Xi para resolver la guerra.
Sin embargo, sus propios funcionarios reconocen que el tema estará sobre la mesa, especialmente por el impacto del conflicto en el estrecho de Ormuz, ruta clave para el transporte mundial de petróleo.
La crisis en Medio Oriente se ha convertido en el punto más sensible de la agenda. Irán mantiene una posición desafiante, mientras Israel insiste en continuar sus operaciones militares hasta neutralizar lo que considera amenazas estratégicas.
Para China, el conflicto no es un asunto lejano: Beijing depende de suministros energéticos provenientes de la región y mantiene vínculos económicos importantes con Teherán. Reuters señala que la guerra amenaza el abastecimiento energético chino y complica sus relaciones con países del Golfo.
El tema petrolero puede ser decisivo. AP reporta que la interrupción del tránsito por Ormuz, por donde circulaba cerca del 20 % del petróleo mundial en tiempos de paz, ha elevado los precios de los combustibles y aumentado la preocupación por una nueva ola inflacionaria global.

Otro punto de tensión será Taiwán. China mantiene una presión política y militar creciente sobre la isla, mientras Estados Unidos continúa comprometido con su capacidad defensiva.
Reuters recuerda que la Ley de Relaciones con Taiwán obliga a Washington a facilitar medios para la defensa de la isla, aunque sin reconocer formalmente su independencia.
En el plano comercial, la cumbre llega marcada por la guerra arancelaria. Reuters reporta que ambos países han utilizado herramientas económicas como mecanismo de presión: Washington con investigaciones sobre capacidad industrial china y sanciones vinculadas al petróleo iraní, y Beijing con nuevas regulaciones para responder a gobiernos o empresas que intenten sacar cadenas de suministro de China.
Analistas citados por medios internacionales consideran improbable un acuerdo integral, pero sí posible una tregua parcial en comercio, agricultura, tierras raras, inversión y controles tecnológicos.
Reuters reportó que también figuran en la agenda inteligencia artificial, armas nucleares y tensiones militares.
El gran dilema para Trump será obtener cooperación china en Medio Oriente sin ceder demasiado en comercio o Taiwán. Para Xi, la oportunidad consiste en proyectarse como actor indispensable en la estabilidad global, pero sin aparecer subordinado a Washington.
La cumbre no resolverá todos los conflictos, pero podría marcar el tono de la relación entre las dos mayores potencias del mundo.
En Beijing se juega mucho más que una fotografía diplomática: se define si Estados Unidos y China pueden administrar sus diferencias en medio de una guerra regional con efectos económicos globales.
