Dos legitimidades en disputa dentro del PRM
Por Miguel Liberato
Cuando una encuesta otorga una ventaja significativa a un precandidato presidencial y, simultáneamente, otro actor exhibe capacidad de convocatoria multitudinaria en una plaza políticamente emblemática, el análisis no puede quedarse en una lectura superficial.
Eso parece estar ocurriendo dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) con los recientes números favorables a David Collado y la demostración de fuerza encabezada por Carolina Mejía en Santiago.
La más reciente medición de Gallup coloca a Collado con una amplia ventaja en la preferencia interna perremeísta, registrando un 61.8 % frente al 21.1 % atribuido a Carolina Mejía.
Los datos proyectan el mensaje de que actualmente David Collado parece representar la precandidatura más competitiva del oficialismo, tanto por su posicionamiento interno como por sus niveles de favorabilidad pública.
La encuesta refuerza la percepción de un liderazgo asociado a gestión, eficiencia y resultados, elementos particularmente valorados en una época donde el electorado parece inclinarse más hacia perfiles gerenciales que hacía discursos ideológicos tradicionales.
Es harto conocido que la política tiene algo de ciencia, algo de percepción y mucho de simbolismo, pero las encuestas, aunque relevantes, no son el único termómetro político.
En República Dominicana existe una larga tradición de liderazgo territorial, estructuras partidarias y capacidad de movilización que también cuentan.
Con la actividad masiva en La Arena de Santiago, Carolina Mejía parece enviar el mensaje claro de que posee estructura, lealtades, capacidad organizativa y voluntad real de competir.
En política, las imágenes de una multitud también producen narrativa y mientras una encuesta mide intención, una concentración política mide músculo organizativo, disciplina territorial y capacidad de convocatoria. Son variables distintas, pero ambas forman parte de la ecuación del poder.
Incurriríamos en un error analítico si concluimos prematuramente que una encuesta resuelve una competencia o, en sentido inverso, asumir que una gran actividad política desmonta un liderazgo estadístico.
Existe la probabilidad de que ambas cosas estén ocurriendo simultáneamente, es decir, Collado fortalece su legitimidad demoscópica y Carolina consolida legitimidad organizativa.
Estamos, probablemente, frente a una disputa entre dos formas distintas de validación política relacionadas con la legitimidad de las encuestas y la legitimidad de la estructura.
La primera tiene la virtud de capturar estados de opinión en un momento específico, mientras la segunda posee la capacidad de sostener proyectos políticos en el tiempo, movilizar simpatías y construir presencia territorial.
La historia dominicana muestra abundantes casos de aspirantes que lideraban encuestas tempranas y luego enfrentaron dificultades partidarias, así como figuras inicialmente subestimadas que terminaron acumulando fuerza competitiva gracias a organización y persistencia.
El verdadero desafío no parece estar solo en quién luce más fuerte hoy, sino en cómo el PRM administrará una sucesión presidencial que inevitablemente comenzó antes de tiempo.
Si David Collado representa hoy la ventaja numérica, Carolina Mejía apuesta a la política de contacto, territorialidad y cohesión de estructuras.
Todos sabemos que, en política, las encuestas hablan, pero las multitudes también y casi nunca cuentan exactamente la misma historia. El desenlace todavía luce distante.
