Israel mató a 2 líderes más de Hamás, pero es poco probable que rompa el impasse en Gaza
En las últimas dos semanas, el ejército de Israel ha matado tanto al líder del ala militar de Hamás como a su sustituto, los últimos en una larga cadena de asesinatos selectivos que han debilitado al grupo insurgente sin causar demasiado impacto en el conflicto en curso.
Mohammed Odeh e Izz al-Din al-Haddad estuvieron entre los artífices del ataque contra Israel del 7 de octubre de 2023. Casi todos los demás, han sido asesinados en los más de dos años de guerra que han devastado la Franja de Gaza.
Un frágil alto el fuego entró en vigor en octubre, pero Hamás todavía controla casi la mitad del sitiado enclave costero y ha desestimado las exigencias de desarmarse. Israel sigue atacando regularmente lo que califica como objetivos militantes, a menudo matando a civiles, y apoderándose de más territorio.
Expertos, citando el largo historial de Israel de eliminar a altos militantes, dicen que es poco probable que los asesinatos selectivos cambien esa situación.
“La muerte de jefes militares como Odeh y Haddad apunta a la capacidad operativa de Israel para alcanzar a la cúpula militar de Hamás”, afirmó Nasser Khdour, de la organización sin ánimo de lucro ACLED, que rastrea reportes de violencia política y conflictos en todo el mundo.
Pero “es poco probable que la muerte de comandantes de alto rango, por sí sola, empuje a Hamás hacia el desarme o haga que acepte la eliminación completa de su papel en la seguridad y la gobernanza de Gaza”.
Una vieja táctica
Israel ha llevado a cabo decenas de asesinatos selectivos a lo largo de su historia, pero los grupos insurgentes palestinos y libaneses a menudo han resistido y se han vuelto aún más poderosos tras la pérdida de sus principales líderes.
Tómese como ejemplo a Hezbollah. Un ataque aéreo israelí mató a su entonces líder, Abbas Musawi, en el sur de Líbano en 1992. Con Nasrallah, su carismático reemplazo, Hezbollah creció hasta convertirse en el grupo armado más poderoso de la región y combatió contra Israel hasta alcanzar un sangriento punto muerto en 2006.
Nasrallah y casi todos sus lugartenientes murieron en la guerra de 2024 entre Israel y Hezbollah. El grupo respaldado por Irán sufrió otras bajas importantes ese año, pero reanudó los ataques con misiles y drones contra Israel días después del inicio de la guerra actual.
Hamás ha perdido un líder tras otro. Israel mató a su fundador y líder espiritual, el jeque Ahmed Yassin, en un ataque aéreo en 2004. Yahya Sinwar y Mohammed Deif, los dos artífices del ataque del 7 de octubre, murieron en 2024. La guerra a gran escala continuó durante otro año.
Ambos grupos han seguido adelante, impulsados por agravios con décadas de antigüedad derivados del conflicto palestino-israelí.
Estados Unidos también ha recurrido a asesinatos selectivos contra Al Qaeda y el grupo Estado Islámico, eliminando a Osama bin Laden en una incursión en Pakistán en 2011 y al fundador de EI, Abu Bakr al-Baghdadi, en 2019. Ambos grupos se han visto enormemente debilitados, pero solo después de guerras de varios años que involucraron a fuerzas terrestres.
La pregunta es quién viene después
Yossi Kuperwasser, exresponsable de la división de investigación de inteligencia militar de Israel, manifestó en marzo que los asesinatos selectivos pueden ser una herramienta eficaz, pero no son una “cura para todos los problemas”.
“Estas operaciones por sí solas no cambian de manera drástica la capacidad de esas organizaciones para causar daño y llevar a cabo ataques”, afirmó. “Pero es importante que Israel debilite a sus enemigos”.
En Gaza, Líbano y ahora Irán, observó, Israel ha eliminado a decenas de figuras clave, reconfigurando la estructura del liderazgo de forma duradera.
Los asesinatos selectivos fueron una estrategia clave en los primeros días de la guerra con Irán. Altos cargos militares y políticos —incluyendo al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei— perdieron la vida en las primeras andanadas de la guerra. Jamenei ha sido reemplazado por su hijo, Moytabá, a quien se considera aún menos dispuesto al diálogo.
Kuperwasser indicó que los asesinatos selectivos en Irán no habían transformado la teocracia, pero sí la habían cambiado.
“Tal vez todavía no haya ‘cambio de régimen’, pero sí hay ‘cambio dentro del régimen’. La gente no es la misma”, expresó.
Matar líderes también puede salir mal
En ocasiones previas, los asesinatos selectivos han servido para radicalizar a seguidores o integrantes de movimientos políticos y grupos insurgentes, elevando a sucesores más extremos al poder o convirtiendo a los líderes neutralizados en mártires con una influencia duradera.
El politólogo Max Abrahms, de Northeastern University, señaló que datos de Afganistán, Pakistán, Israel y los territorios palestinos muestran que la violencia contra la población civil repunta después de asesinatos selectivos.
“La decapitación del liderazgo es arriesgada”, advirtió en una entrevista en marzo. “Cuando eliminas a un líder que prefiere cierto grado de contención y tenía influencia sobre sus subordinados, entonces hay una gran probabilidad de que, tras la muerte de esa persona, se vean tácticas aún más extremas”.
Los asesinatos selectivos pueden crear vacíos de liderazgo y la posibilidad de cambio, pero solo cuando van acompañados de una estrategia política coherente, afirmó Mohanad Hage Ali, subdirector del Carnegie Middle East Center en Beirut, en marzo.
“Se puede decapitar a una organización o derrotarla militarmente, pero si no se le da seguimiento en el plano político, no funciona. Y es difícil ver cómo esto puede ir mucho más lejos”, concluyó. (AP)
