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Feria del Mango Banilejo abre sus puertas resaltando una tradición que trasciende la economía y forma parte de la identidad cultural de Baní

Baní, 3 junio. – La Feria del Mango Banilejo inicia este jueves a las 4:00 de la tarde y se extenderá hasta el próximo domingo 7 de este mes, convirtiéndose una vez más en el principal escenario para celebrar una fruta que, para los habitantes de esta ciudad, representa mucho más que un producto agrícola: constituye un símbolo de identidad, tradición y arraigo cultural.

En esta ocasión, la actividad tendrá como sede la avenida Fabio Herrera, ubicada a unos 150 metros de la Circunvalación de Baní, debido a que el parque municipal, tradicional escenario del evento, se encuentra actualmente en proceso de remodelación.

Más allá de su importancia económica, el mango es uno de los pilares productivos de la provincia Peravia. Baní concentra alrededor del 80 % de la producción nacional de esta fruta, con más de 50 mil tareas cultivadas en sus campos agrícolas. La producción se exporta a mercados de Europa, Estados Unidos y otros destinos internacionales, generando millones de dólares anualmente.

La actividad también constituye una de las principales fuentes de empleo de la región, beneficiando tanto a productores, cosechadores y comerciantes locales, como a una amplia población de trabajadores extranjeros que participan en las labores de siembra, cuidado y recolección del fruto.

A este movimiento económico se suman decenas de compradores que llegan cada temporada a las fincas banilejas en las conocidas “guagüitas plataneras”, camionetas y otros vehículos para abastecer mercados, calles y barrios de Santo Domingo y otras ciudades del país.

Sin embargo, para los banilejos el mango representa algo mucho más profundo que un cultivo rentable. La presencia del árbol forma parte de la vida cotidiana de la comunidad y se estima que está presente en más del 60 % de los hogares de la ciudad.

“Es un árbol que se cuida con esmero, con celo, con amor, porque no solo da frutos, sino que sirve de acogida, de cobija, donde se recibe con beneplácito, bajo su fresca sombra a los familiares ausentes cuando regresan a visitar a mamá”, expresa el historiador banilejo Ismael Díaz Melo.

De igual manera, el profesor, músico y agrónomo Rafael Soto asegura que “casi en todos los patios y jardines de cada hogar hay plantadas por lo menos entre una y tres matas de mango”.

En esas viviendas aún sobreviven con orgullo variedades tradicionales como el banilejo o mamellito, el fabricó, el ñagá, el moraito y el durito. Aunque estas especies han ido desapareciendo de muchas fincas comerciales debido a la introducción de híbridos destinados al mercado internacional, continúan siendo conservadas en los hogares como una expresión consciente de apego cultural, explica Soto.

En las comunidades rurales la presencia de árboles de mango es todavía más abundante, señala Díaz Melo, quien destaca que desde las familias fundadoras de Baní hasta las generaciones actuales, el cultivo y disfrute de esta fruta ha sido una constante.

El folclorista Dagoberto Tejeda sostiene que el mango constituye una marca esencial de la identidad banileja y una forma de vida cotidiana.

En uno de sus artículos publicados en la prensa nacional, recuerda que: “En mi casa, tradición que ha seguido mi hermana Clara, en el patio había dos matas de mango, que eran saqueadas con permiso por los muchachos del barrio. Jugos y conservas no faltaban nunca y de vez en cuando una ensalada y un dulcito de mango”.

El texto, titulado “Baní, mango e identidad”, publicado en junio de 2022, resalta el vínculo afectivo que generaciones de banilejos mantienen con esta fruta.

Las anécdotas populares también forman parte de la rica tradición que rodea al mango. Una de ellas relata cómo dos políticos dominicanos discutían sobre el final de una dictadura. Mientras uno se preparaba para partir al exilio, el otro decidió permanecer en el país. Según cuenta la historia, este último expresó: “Yo me quedo aquí a esperar que este régimen gotee, porque el mango se saborea mejor cuando gotea y se come debajo de la mata”.

Otra creencia muy extendida entre los banilejos sostiene que durante la temporada de cosecha disminuyen las ventas de pan.

“Eso es verdad”, afirma José Tejeda, conocido como Guazupán, propietario de una de las panaderías más tradicionales de la ciudad, con más de cuatro décadas de experiencia. Según explica, durante la zafra muchas familias sustituyen parte de sus comidas por mangos, llegando incluso a resolver desayunos y cenas con la fruta.

El imaginario popular también conserva historias relacionadas con variedades específicas. Se dice, por ejemplo, que existe un mango denominado “cosa de toro” que solo debe comerse de noche debido a las sorpresas que puede esconder en su pulpa.

Asimismo, algunas variedades tradicionales poseen nombres que pocas veces se pronuncian en público por considerarse expresiones vulgares dentro del habla popular dominicana, entre ellas “cosa de toro”, “cosita de chivo” y “tapa…”.

Otra creencia popular señalaba que el mango moraito permanecía “24 horas en la barriga”, especialmente durante los tiempos del tradicional maroteo.

Díaz Melo también recuerda una antigua creencia campesina según la cual los trabajadores no debían descansar bajo una mata de mango durante la jornada agrícola porque el sueño provocado por la sombra fresca del árbol podía retrasar las labores del conuco.

La importancia cultural del mango también ha quedado plasmada en la literatura dominicana y local. Aparece en obras de José Antonio Alix, entre ellas el poema “Los mangos bajitos”, así como en los trabajos de Keiselim A. Montás y del escritor banilejo Colombino Perelló.

Las historias sobre la muchachada que salía a los conucos a tumbar mangos, ya fuera con permiso de los propietarios o de manera clandestina, forman igualmente parte de la memoria colectiva del pueblo.

No obstante, junto a la celebración existe una creciente preocupación por la desaparición de las variedades tradicionales. Muchas familias consideran que la expansión de plantaciones enfocadas exclusivamente en la rentabilidad comercial está provocando la sustitución de especies históricas por híbridos de exportación.

“Los mangos originales de mi infancia están en peligro de extinción. Hay que tomar previsiones, hay que aumentar la producción, por ejemplo, de mangos mamellitos”, ha advertido Dagoberto Tejeda.

La preocupación es compartida por Ismael Díaz Melo, Rafael “Kilo” Soto, José Tejeda (Guazupán), Alexis Agramonte y otros conocedores de la tradición agrícola banileja, quienes llaman a las autoridades del sector agropecuario a impulsar programas de preservación y fomento de las variedades autóctonas, sin dejar de apoyar las nuevas especies destinadas al mercado.

Mientras tanto, la Feria del Mango Banilejo vuelve a reunir a productores, comerciantes, visitantes y familias alrededor de una fruta que sigue siendo orgullo de Baní, motor económico de la provincia y, sobre todo, una expresión viva de su identidad cultural.

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