¿La geopolítica regional mermará nuestro turismo?
Por Juan Llado
Como un “nacionalismo romántico” podría calificarse la tendencia de muchos opinadores locales a endiosar nuestros activos turísticos y alegar que la RD “lo tiene todo”. Es una costumbre que nació en los albores de nuestra industria turística para enfrentar el desconocimiento que acusaba el mercado sobre nuestro destino. Aunque tal jactancia ofrece conveniencias promocionales, sin embargo, la madurez de nuestra industria turística exige dejar atrás la costumbre de ufanarse y adoptar una visión más realista y racional. Este giro actitudinal resulta deseable al vislumbrar los cambios políticos que afectarían la región. Algunos de esos cambios incrementaron notablemente la competencia entre los destinos turísticos cercanos.
Nuestro pais actualmente disfruta de un posicionamiento de mercado muy estable. Somos el principal destino turístico del Caribe por volumen de visitantes y mantenemos una fuerte dependencia de los mercados emisores de Estados Unidos y Canadá, que aportan aproximadamente entre el 60% y el 65% de todas las llegadas aéreas internacionales. Pero la próxima década podría ser la de más fuerte competencia para el turismo dominicano desde la década de 1970. Paradójicamente, muchos de los riesgos no provienen de una crisis dominicana, sino del éxito de otros países en resolver problemas políticos, de seguridad o de infraestructura que hoy limitan su potencial turístico. De seguro la situación actual de varios países del Caribe y Centroamérica amenaza con cambios de regímenes políticos en el mediano plazo.
Cuba, por ejemplo, podría sufrir pronto un cambio de régimen político y de gobierno. Si experimenta una transición hacia una apertura económica similar a la de Europa Oriental o Vietnam, podría convertirse en el principal competidor de nuestro destino turístico (hoy es el Caribe mexicano). Con sus más de cinco mil islas, cayos e islotes y un litoral de más de 5,000 kilómetros, es seguro suponer que el flujo de estadounidenses, sedientos de conocer el misterio de la Revolución, se multiplicará en los primeros años. La apertura económica también atraerá una parte de la inversión hotelera internacional, restándole a nuestro pais. En el mediano plazo Cuba será la más fuerte competencia que habremos de enfrentar tras el cambio de régimen.
Las recientes amenazas de Trump contra las empresas extranjeras establecidas en Cuba ya han provocado que cadenas hoteleras como Iberostar y Melia hayan cerrado su gerencia de decenas de hoteles en Cuba. Eso podría llevar a la venta de los hoteles estatales cubanos: más del 95% de las habitaciones hoteleras de estándar internacional en Cuba continúan bajo propiedad o control estatal –con Gaesa, una empresa militar, a cargo– mientras que el sector privado domina en número de establecimientos pequeños, pero no en capacidad de alojamiento de alta gama.
Fuente: https://tourismanalytics.com/caribbean-statistics.html
Por otro lado, una pacificación de Haití podría significar otro foco de competencia. Aunque actualmente continúa enfrentando graves problemas de seguridad y aún no ha logrado estabilizar plenamente su proceso político, la autorización de las Naciones Unidas de una fuerza militar antipandillas promete una perspectiva positiva. Si las autoridades actuales logran mejorar el clima político para que puedan celebrarse elecciones libres y se instala un legítimo gobierno, la pacificación total será gradual pero inevitable. Haití necesitará décadas de inversión para acercarse a los niveles de infraestructura turística dominicanos, pero tarde o temprano tendremos que enfrentar su competencia. Lo positivo será que los circuitos y paquetes turísticos binacionales emergerán entonces con fuerza.
En América del Sur Colombia representa la amenaza más seria para nuestro destino turístico en el largo plazo. Su producto turístico es formidable: dos océanos, el Caribe colombiano, la Amazonia, la mayor avifauna, la hospitalidad de la gente, islas acogedoras (San Andres, Islas Rosario), etc. Si continúa mejorando su seguridad y conectividad, podría captar una parte creciente del mercado norteamericano. En años recientes hemos sido favorecidos por un importante flujo de visitantes colombianos –más de 400,000 en el 2025—y ha habido un aumento recíproco de dominicanos que están visitando a Colombia. Pero la posibilidad de que los norteamericanos acudan a sus playas, selvas y montañas no tendrá visos positivos a menos que los nuevos gobiernos logren una mayor seguridad ciudadana.
En el caso de Venezuela es preciso admitir que pocos países del hemisferio poseen una combinación tan poderosa de playas y naturaleza. En caso de una transición política exitosa tras elecciones libres, no cabe duda de que el pais se abocará al desarrollo de su deteriorada infraestructura turística. La limitada conectividad aérea y el también limitado inventario de alojamientos militan contra un inmediato despegue. Pero activos tales como el Archipiélago Los Roques y la Isla Margarita atraerán mucho la inversión y el flujo turístico. Una Venezuela democrática y estable representa un competidor potencial de consideración, aun cuando su peso no se sentirá en el corto o mediano plazo.
También Centroamérica, por su parte, está en pie de lucha turística. Es ya conocido que Panamá y Costa Rica atraen un importante flujo turístico por sus pródiga naturaleza, sus prístinos paisajes y una sólida estabilización política. El Salvador es el pais que más esfuerzo está haciendo actualmente para desarrollar su industria turística, habiendo crecido a doble dígito en los últimos tres años (logrando 4 millones de turistas en 2025). Pero esfuerzos en la misma dirección también emergen en Honduras, Guatemala y Nicaragua. Y la más reciente es que Guyana ya se promociona como el destino ideal para viajeros solitarios.
En conjunto, el puñado de países mencionados anteriormente sin duda competirán ferozmente por atraer al mayor mercado emisor del hemisferio: Norteamérica. Según la IA, “los turistas norteamericanos están cambiando sus preferencias: 1) menos interés por el «todo incluido» tradicional, 2) mayor interés por experiencias auténticas, 3) mayor valoración de la sostenibilidad, 4) más viajes de aventura, 5) más turismo gastronómico, y 6) más turismo de bienestar. Esos son precisamente los segmentos donde Colombia, Costa Rica, Guatemala y Cuba podrían ganar terreno.” ¿Cómo podríamos nosotros mejorar nuestro producto para atraer más norteamericanos?
Entonces no existe otra alternativa que la de mejorar nuestra competitividad. La principal amenaza para nosotros no es perder el liderazgo regional en volumen de visitantes; es probable que continúe siendo el principal destino turístico del Caribe durante la próxima década. El verdadero riesgo es que otros países capturen los segmentos de mayor crecimiento y gasto. Eso exige el mejoramiento progresivo de nuestro producto turístico y una gestión pública enfocada en una estrategia seria de especialización turística. Para ello necesitaremos una mayor inversión pública, consolidar nuestra institucionalidad y mantener rigurosamente la paz social. Y solo con el “nacionalismo romántico” ya no es posible lograrlo. La opción obligada es la diversificación del producto, un reto que requerirá una gestión pública diligente.
Fuente: Acento
