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México se blinda para el Mundial y cruza los dedos para que las protestas no empañen su inauguración

CIUDAD DE MÉXICO, 9 Junio.— México se ha blindado para prevenir acciones del crimen organizado y garantizar la seguridad en las concentraciones masivas durante para la Copa del Mundo. Pero a sólo dos días de su inauguración en Ciudad de México, lo que mantiene en vilo al gobierno son las protestas que amenazan con enturbiar la apertura del Mundial más grande jamás organizado con disturbios y problemas de movilidad.

Está previsto que más de 100.000 soldados, marinos, guardias nacionales y policías sean desplegados en la capital, Guadalajara, Monterrey y los principales destinos turísticos; pero el martes su presencia era todavía discreta, incluso en los aeropuertos.

Lo que sí era evidente era la sucesión de vallas metálicas que protegen comercios y edificios y el desafío que supone caminar por calles bloqueadas por tiendas de campaña de manifestantes o por policías antidisturbios que controlan gran parte de los accesos al Zócalo, la plaza donde está el palacio presidencial y que desde el jueves alojará el festival futbolero más grande del país frente a una inmensa pantalla, así como los alrededores del Estadio Azteca.

La policía capitalina intensificó los controles en las principales vías de entrada a la ciudad y decomisó pequeños explosivos caseros en autobuses de manifestantes mientras las protestas, desde las sindicales a las de familiares de desaparecidos, amenazan con bloquear la ciudad.

“La inauguración está garantizada, no hay problema“, dijo el martes la presidenta Claudia Sheinbaum. “El Mundial se va a disfrutar”.

El evento supone un desafío de seguridad sin precedentes para la FIFA y los tres países coanfitriones —Estados Unidos, México y Canadá—, pero México tiene un reto añadido: demostrar que puede evitar que se repitan situaciones de violencia como la que siguió a la muerte del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación en febrero o el inusual tiroteo en las pirámides de Teotihuacán de abril.

“Tiene que haber una estrategia muy puntual para no dejar de proteger algunas zonas (de alta actividad del crimen organizado)… y que haya seguridad en el entorno de la fiesta futbolera”, dijo Rogelio Barba, académico de la Universidad de Guadalajara.

Tanto el gobierno federal como los estatales aseguran que ese equilibrio se va a conseguir con el despliegue de efectivos y el uso de avanzada tecnología.

Pero algunos pobladores no lo ven así. “Para los turistas no es tan inseguro porque a ellos sí los están blindando, es más (peligroso) para los locales, que andamos por zonas de riesgo”, se lamentó Karina Rabago, vecina de la capital de Jalisco.

¿Tregua de los cárteles?

Los cárteles podrían ser un riesgo mucho menor del imaginado desde fuera de México.

En los últimos días han corrido mensajes en redes sociales en los que supuestos criminales piden no afectar el Mundial. Estos pronunciamientos no pueden verificarse, pero según Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano —una ONG mexicana que aborda temas de seguridad—, tienen una lógica criminal: si un extranjero es secuestrado o desaparecido “el Estado mexicano estaría obligado por la presión internacional a hacer algo y hacer algo es poner en riesgo la estabilidad de un grupo delictivo”.

Sin embargo, Rivas enfatizó que hacer creer que la situación con los cárteles está bajo control puede generar una falsa sensación de seguridad y que algunos visitantes tomen riesgos evitables, como adentrarse en barrios o ciudades peligrosos, comprar droga o contratar servicios sexuales gestionados por criminales.

La fiscalía federal abrió un micrositio que indica cómo y dónde denunciar delitos y las prohibiciones que rigen en el país — como la de portar armas—, pero a juicio de Rivas falta informar, por ejemplo, de prácticas con la que se puede encontrar un turista como los secuestros virtuales o la corrupción policial.

Tecnología y entrenamiento

Equipos anti-drones, redes de cámaras de vigilancia, grupos especiales de gestión de multitudes y patrullas militares y policiales operarán durante los 39 días del Mundial en los estadios, festivales de aficionados, aeropuertos, sedes de las selecciones nacionales y otras instalaciones estratégicas en coordinación con FIFA, que es la que se hace cargo de la seguridad dentro de los estadios. Su presidente, Gianni Infantino, dijo en febrero tener “absoluta confianza” en México.

Parte de ese despliegue ya se vio en Tijuana, la violenta ciudad fronteriza con California reconvertida en lugar de acogida de la selección de Irán, cuya participación en el Mundial se complicó por la guerra con Estados Unidos. Sus futbolistas firmaban estos días autógrafos custodiados por la Guardia Nacional.

Desde la ciudad de Monterrey —la sede más cercana a la frontera estadounidense— el gobernador de Nuevo León, Samuel García, se jactó del entrenamiento que brindó el servicio secreto estadounidense, Israel y la policía británica.

El de Jalisco, Pablo Lemus, presumió vehículos tácticos blindados de última generación y ambos estados dijeron que cuentan con perros-robot con reconocimiento facial de personas buscadas y que pueden desactivar explosivos, entre otras capacidades.

Mientras tanto en Ciudad de México —una zona con el riesgo añadido de los sismos— la alcaldesa Clara Brugada intenta garantizar la movilidad mientras el gobierno federal suspendió por decreto todas la actividades administrativas públicas y privadas no esenciales durante el día de la inauguración.

Además, alentó el uso del transporte público y de bicicletas para evitar que los aficionados queden varados por las protestas, los bloqueos o incluso las lluvias.

Los simpatizantes no parecen preocupados y muchos visitan el emblemático estadio Azteca para sacarse fotos con la camiseta de su selección pese a los enormes charcos en algunas de sus puertas.

“Es una locura”, dijo Natividad Membrillo, una trabajadora que vive junto al estadio. “Toda la movilidad está afectada”, indicó. “Y sí hay más seguridad, pero no se dan abasto”. AP

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