PRSC: Del partido que gobernó al partido que sobrevive

Contra vientos, mareas, golpes de Estado, revoluciones, invasiones militares y crisis de toda naturaleza, la República Dominicana ha logrado sostener su sistema democrático durante las últimas seis décadas. No ha sido una democracia perfecta, porque ninguna lo es, pero ha sobrevivido. Y eso, en un país que ha pasado por tantas turbulencias políticas, ya constituye una hazaña.
Antes de 1966 resulta difícil hablar de una democracia estable. Es cierto que en diciembre de 1962 los dominicanos eligieron libremente a Juan Bosch, pero también es cierto que apenas siete meses después fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar. A partir de ahí vino el Triunvirato, el descontento militar, la Revolución de Abril de 1965 y, finalmente, la intervención de 42 mil marines norteamericanos. Aquello parecía cualquier cosa menos una ruta democrática.
Fue entonces cuando llegaron las elecciones de 1966 y Joaquín Balaguer asumió la Presidencia. Desde ese momento, y con todas las controversias que puedan existir sobre los procesos electorales de 1966, 1970 y 1974, la República Dominicana entró en una etapa de continuidad institucional que, con altas y bajas, ha permitido la celebración de elecciones cada cuatro años y la alternancia en el poder.
Precisamente ese legado fue el que el Partido Reformista Social Cristiano celebró este sábado 20 de junio al conmemorarse los 60 años del primer gobierno de Balaguer.
Hay que reconocer algo: los reformistas tuvieron que emplearse a fondo para poner en condiciones su local de la avenida Tiradentes esquina San Cristóbal. Hacía tiempo que esa sede no veía una actividad de semejante magnitud. El evento requería cierto nivel de solemnidad y presentación acorde con los invitados convocados. Y lo lograron.
Por allí desfilaron varias figuras del reformismo histórico, algunos de esos viejos robles que aún sobreviven políticamente y que siguen proclamando lealtad al líder desaparecido hace más de dos décadas. Aunque, siendo justos, muchos de ellos olvidaron esa lealtad apenas Balaguer cerró los ojos y no tuvieron inconvenientes en emigrar hacia otros partidos, incluso hacia organizaciones que durante años fueron adversarias irreconciliables del balaguerismo.
La política dominicana tiene una extraordinaria capacidad para convertir enemigos en aliados y principios en recuerdos.

Uno de los reconocimientos más justos de la jornada fue el otorgado a Rafael Vidal Martínez. Hombre correcto, afable y respetuoso. Hijo de Fello Vidal, una de las figuras emblemáticas de Santiago y cercano colaborador de Balaguer. Rafael fue el último director de prensa de los gobiernos reformistas y siempre mantuvo una relación abierta y cordial con los medios de comunicación. Un reconocimiento merecido y probablemente de los más aplaudidos del acto.
El discurso central estuvo a cargo de Federico Antún Batlle, el eterno Quique.
Y cuando decimos eterno, no es una figura literaria.
Quique repasó el legado de Balaguer, recordó las obras construidas después de la guerra civil, destacó la transformación física del país y defendió la importancia histórica del reformismo. Difícilmente alguien pueda negar que durante los gobiernos balagueristas se desarrolló una agresiva política de infraestructura que dejó carreteras, presas, escuelas, hospitales y obras que todavía hoy forman parte de la geografía nacional.
Tampoco resulta exagerado afirmar que esa obra física, combinada con los desaciertos de los gobiernos perredeístas de los años ochenta, fue uno de los factores que permitió el regreso de Balaguer al poder en 1986.
Quique también habló del presente. Hizo llamados a la juventud, reflexionó sobre la crisis de valores, abordó los desafíos nacionales y reivindicó el papel histórico del reformismo.
Todo muy bien.
Lo que no explicó fue algo que probablemente interesaba más que cualquier evocación histórica.
¿Por qué el Partido Reformista llegó a convertirse en la sombra de lo que fue? ¿Por qué un partido que ganó cinco elecciones presidenciales terminó reducido a una organización que apenas sobrevive gracias a alianzas electorales?
¿Por qué el PRSC pasó de ser una maquinaria política nacional a una especie de museo político donde abundan los recuerdos, pero escasean los votos?
Esas preguntas quedaron sin respuesta.
Tampoco se habló de por qué el liderazgo partidario parece haberse congelado en el tiempo. Ni de cómo una organización que dominó amplias regiones del país terminó perdiendo presencia territorial, liderazgo juvenil, estructuras funcionales y capacidad de movilización.
Porque un partido no crece únicamente recordando glorias pasadas.
Los partidos crecen formando dirigentes, renovando liderazgos, celebrando congresos, fortaleciendo organismos, conectándose con los problemas de la gente y construyendo propuestas para el futuro.
Y lamentablemente el PRSC parece haber hecho exactamente lo contrario.

Sus posiciones sobre los grandes temas nacionales rara vez generan impacto. Sus organismos apenas se sienten. Su presencia en los debates públicos es limitada. Y su papel político parece reducirse cada cuatro años a negociar alianzas con organizaciones más grandes.
Una situación difícil para una organización que alguna vez fue una de las principales fuerzas políticas del país.
El reformismo sigue teniendo historia. Mucha historia.
Tiene figuras valiosas. Tiene símbolos reconocidos. Tiene una marca política que todavía genera respeto en determinados sectores.
Lo que parece no tener es una estrategia clara para recuperar relevancia.
Y ahí está el verdadero desafío.
Porque la política no vive del pasado. El pasado ayuda, inspira y orienta, pero no gana elecciones.
Los electores menores de 35 años nunca votaron por Balaguer. Muchos apenas conocen su historia por referencias familiares o por los libros. Para ellos, el reformismo es más una referencia histórica que una opción política real.
Por eso resulta paradójico que mientras el partido celebraba los 60 años de la llegada de Balaguer al poder, también quedaba en evidencia la enorme distancia entre aquella organización poderosa de 1966 y el partido minoritario de 2026.
Desde esta trinchera felicitamos al Partido Reformista Social Cristiano por la conmemoración de una fecha importante en la historia política nacional. Se trata de un capítulo inseparable de la democracia dominicana.
Pero también sería saludable que, junto con las celebraciones, llegaran las reflexiones.
Porque mientras Balaguer sigue siendo recordado seis décadas después de llegar al poder, el partido que construyó su legado parece debatirse entre la nostalgia de lo que fue y la incertidumbre de lo que será.
Y eso, para una organización que alguna vez movilizó multitudes, debería ser motivo de preocupación mucho mayor que cualquier aniversario.
