Conformidad extraña
Por Carmen Imbert Brugal
La pócima necesaria debía suministraste rápido. El presidente de la Cámara de Diputados lo advirtió: “Sabemos que este tema no es simpático, pero son las medidas, es la medicina que el país en este momento necesita”.
Otro récord. La urgencia ameritaba la velocidad, el alarde de poder, la ratificación de que no son tres poderes es uno, como debe ser cuando el presidencialismo rige y el déficit obliga.
La recurrente exhortación: “Presidente, gobierne”, cuando el mandatario titubea después de alguna propuesta cautivo del barrullo y de la presión mediática, ha sido más que satisfecha esta vez y con un respaldo espléndido.
El presidencialismo manda, es un lastre que permite la gobernabilidad en nuestro sistema. Con menos pudores que antaño, sin disimulo en época de transparencia, persiste aquello que Juan Antonio Alix expuso en su décima “Corroboro-Corroboro” para denunciar el entonces mediocre trabajo los diputados.
Es conocido el resultado de estudios frecuentes destinados a evaluar la relación entre poder ejecutivo-legislativo en América Latina y El Caribe, los trabajos demuestran que el Congreso no se considera una institución indispensable para la gobernanza. Además del desprestigio de sus miembros, los designios presidenciales se imponen y la autonomía se diluye por conveniencia o incapacidad para rebatir.
La complacencia colectiva con el proyecto “anticrisis” convertido en la Ley 30-26 de “Medidas Procrecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional”, que tiene como objetivo “mantener la estabilidad y proteger a los sectores vulnerables y medios de la población”, semeja un masoquismo tributario digno de análisis.
Todos a una, con el ministro de Hacienda y Economía a la cabeza y un presidente cauto, menos locuaz y más epigramático, la aceptación generalizada es de antología. Quizás ayudó la rapidez, tiempo breve que no permitió reflexión ni argumento proporcional al corroboro de los legisladores que actuaron con un desenfado mayor que en ocasiones anteriores. Sin bostezos ni entra y sale, todo fue consumado en un abrir y cerrar de ojos.
Touché para la oposición. Fue sorprendida, estaba ajetreada con otros menesteres, no entendió el reto o no quiso entender. Estuvo entre la espada y la pared, cualquier movimiento podía ser fatal y ahora la inercia cobra. La esperanza podría estar en la queja previsible cuando comiencen a sentirse los efectos de la caricia fiscal. Alguna reacción habrá cuando inicie el proceso que pretende “fortalecer la disciplina fiscal, la sostenibilidad de las finanzas públicas y la previsibilidad en la gestión económica a fin de robustecer la capacidad del Estado para responder de manera eficiente y oportuna a los cambios y desafíos del entorno económico nacional e internacional”.
Innegable el repunte para el régimen, aunque con visos extraños. Qué pidió, cuanto ofreció para lograr armonía y aquiescencia. La jugada ha sido exitosa y conveniente. La ruleta se detuvo en el número solicitado que no fue aquel 13 que provocó la desgracia del administrador de la Lotería Nacional designado en el 2020. La casa pagó, gana y se ríe. De rifas, apuestas, bancas y fracatanes saben los corroboradores. ¿Cómo ocurriría el milagro? Hay detalles que las actas no consignan. ¿Tendrá el 2028 la respuesta?
Fuente: Hoy
