Abogados y juristas
Por Rafael Ciprian
Entre los abogados reina la costumbre de confundirlo todo. Es que existe la idea de que mientras más complejo se ponga el caso, más favorable será para justificar honorarios.
Por eso toda discusión en que intervengan los profesionales de la toga y el birrete siempre será infinita. Se extenderá a las calendas griegas. O se parecerá al cuento del gallo pelón, que no tiene fin.
En cada abogado existe, consciente o inconscientemente, un discípulo del célebre filósofo francés Edgar Morín. Juegan con la mentalidad compleja, hasta en lo simple.
Por el contrario, el jurista busca aclarar las cosas y hacerlas comprensibles. Por eso produce la doctrina en que deben abrevar los abogados.
Resulta bueno precisar que los profesionales del derecho, sin importar la función que desempeñen, esto es, la de juez, fiscal, profesor en la carrerajurídica, consultor legal o abogado es, en sentido amplio, un jurista.
Sin embargo, en sentido estricto, el jurista es y debe ser un profesional del derecho que va mucho más lejos que las funciones precedentemente mencionadas. Esto así porque el jurista piensa el derecho en niveles superiores de intelectualidad, que abarca las manifestaciones en la sociedad, más que en casos específicos o particulares, por la vasta formación cultural que posee.
El abogado actúa en lo micro social; el jurista, en lo macro social.
Todos los licenciados o doctores en derecho pueden ser abogados, si ejercen o litigan en los tribunales; o jueces, fiscales, profesores o consultores. Pero solo unos cuantos alcanzarán auténticamente la elevada estatura de juristas.
Como símil, podemos afirmar que el abogado suele ser una gallina o un pollo frente al jurista verdadero, que es un águila. El primero vive de picotear granos a ras del suelo y puede hacer vuelos rasantes; pero el segundo, el jurista, se remonta a las cumbres, planea con visión panorámica, capaz de auscultar el sentir de la sociedad, y de caer sobre su presa como un rayo.
Los abogados sirven para hacer trámites y procedimientos judiciales; para profundizar, unas veces, y resolver, otras veces, con sentido táctico, los conflictos entre los particulares.
Los juristas, en cambio, son capaces planear, modificar o criticar estratégicamente el sistema jurídico que norma y rige el país.
El abogado es un trabajador jurídico, más que un profesional liberal, a favor del que le contrate y le pague. Casi es un asalariado. El jurista es un pensador del derecho, un analista y un estudioso; un sociólogo, un científico jurídico y un filósofo, y vive de eso.
El abogado vive de sudar la toga y el birrete, en los pleitos judiciales; el jurista dedica sus esfuerzos a comprender y explicar las causas y efectos que produce el orden jurídico en la sociedad.

