Céspedes Morillo sostiene que la salida de Maduro fue producto de una traición interna cuidadosamente calculada
SANTO DOMINGO, 3 Feb. — Para el consultor político dominicano Rafael Céspedes Morillo, lo ocurrido en la madrugada del 3 de diciembre en Caracas no fue un simple golpe externo ni una acción aislada de fuerzas extranjeras, sino el resultado de una fractura interna en el corazón del poder venezolano, alimentada por traiciones, filtraciones de alto nivel y una operación diseñada con precisión milimétrica.
A su juicio, sin la colaboración desde dentro del propio régimen, el desenlace no habría sido posible.
Céspedes Morillo, quien trabajó de cerca con el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y conoce de primera mano la estructura del chavismo, aseguró que desde hacía meses se percibían señales claras de un quiebre.
“Era evidente que ahí se iba a armar algo”, afirmó, al señalar que las presiones de Estados Unidos no estaban orientadas únicamente a un ataque frontal, sino a provocar un “cisma interno” que debilitara el círculo de poder.
Estas consideraciones fueron expuestas durante una entrevista concedida al programa Propuesta de la Noche, que se transmite por Teleimpacto, canales 52 y 22, bajo la conducción del periodista Manuel Jiménez, espacio en el que el analista ofreció una lectura detallada de los acontecimientos y de los actores involucrados.
Uno de los elementos centrales de su análisis es el papel de las recompensas y los incentivos económicos como detonantes de la traición.
Céspedes Morillo recordó que “50 millones de dólares es un atractivo demasiado grande para cualquier nivel”, aludiendo a ofertas que, aunque negadas oficialmente por Washington, habrían creado las condiciones para que alguien dentro del régimen decidiera colaborar.
En ese sentido, consideró lógico que Estados Unidos rechace públicamente la efectividad de las recompensas, ya que admitirlo implicaría reconocer que un alto funcionario traicionó al poder.
Al referirse a los posibles responsables internos, el consultor enumeró a las figuras clave del chavismo: Delsy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López.
Sin embargo, descartó que la actual presidenta fuese la pieza determinante. “Para mí, la que menos condiciones tenía para lograr algo así era Delsy”, sostuvo, al explicar que su cargo carece de poder estructural sólido y puede ser removido con relativa facilidad dentro del sistema oficialista.
Por el contrario, Céspedes Morillo apuntó directamente a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delsy, como una de las figuras con mayor capacidad de maniobra.
“Si me obligan a decir que no fue Delsy, entonces diría que fue Jorge Rodríguez”, afirmó, al tiempo que lo describió como el actor con mayor control real del Estado: “En este momento, él es el dueño de Venezuela; si Jorge no autoriza, nadie tose”.
Otro aspecto clave fue la precisión logística del operativo. Según el consultor, la rapidez con la que se ejecutaron los movimientos solo pudo lograrse con información en tiempo real desde el anillo más cercano de seguridad.
“Tenía que haber alguien transmitiendo: ‘van a salir, están saliendo, ya salieron’”, explicó, al detallar que la distancia entre puntos estratégicos se cubre en apenas ocho o nueve minutos, lo que exige una coordinación perfecta entre desplazamientos terrestres y aéreos.
En ese contexto, Céspedes Morillo volvió a insistir en la infiltración del círculo íntimo del poder, incluyendo la histórica presencia de personal cubano en la seguridad presidencial, una realidad que —según afirmó— se remonta a los tiempos de Chávez y que fue sistemáticamente negada por el propio régimen.
“Yo sé que hay cubanos ahí desde Chávez”, aseguró, basándose en experiencias y datos que dijo haber conocido de primera mano.
El analista también se refirió a lo que denominó la estrategia estadounidense de las “4D”. La primera, explicó, fue el descabezamiento: “La cabeza no está ahí, se llevaron a Maduro”. La segunda, el desplazamiento, que habría comenzado con la salida del componente cubano. La tercera, a su entender, apuntaría al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, por representar el verdadero poder militar organizado. “Para democratizar Venezuela, tienen que quitar a Padrino”, sentenció.
Finalmente, Céspedes Morillo describió a la sociedad venezolana como un pueblo “sometido y adormecido”, donde el miedo y la desarticulación de la oposición han impedido un estallido popular tras los hechos.
Criticó duramente los errores de liderazgo opositor y advirtió que el rechazo al chavismo no se ha traducido en una fuerza política cohesionada.
“La gente no votó por líderes; votó en contra de lo que había”, concluyó, al subrayar que el poder, cuando se ejerce sin límites morales, resulta extremadamente difícil de desmontar.

