Confianza Traicionada: El caso del abogado acusado del asesinato de Francisca Emiliano

Santo Domingo, 10 de febrero – Doña Juana Emiliano, una mujer de 84 años, jamás imaginó que el hombre al que ayudó como un hijo, proporcionándole hogar, alimento y educación, se convertiría en el principal acusado del asesinato de su hija, Francisca Emiliano.

El abogado Bernardo Figueroa Ferreira, a quien la familia había acogido y apoyado en sus inicios en el sector Batey Bienvenido, en Santo Domingo Oeste, ahora enfrenta la justicia por este crimen atroz.

Conmovida y aún afectada por los múltiples accidentes cerebrovasculares que ha sufrido, Doña Juana intentaba contener las lágrimas mientras recordaba cómo ayudó a Figueroa Ferreira en sus primeros años.

«Ese hombre no era un desconocido», expresó con dificultad. «Vivió por un tiempo sin pagar ni un solo peso en una de mis casas en Bienvenido, Manoguayabo. Yo le pagaba el pasaje para ir a la universidad. Lo atendí en ese momento como un hijo», lamentó al hablar con reporteros de Listín Diario. Sin embargo, su voz se endureció al recordar que, tras su arresto, el abogado negó conocer a su familia.

«Ahora dice que no nos conoce a ninguno», comentó indignada.

Los nietos de Francisca, Samuel Terrero y Erideivi Martínez, narraron los antecedentes de este conflicto y cómo terminó en una tragedia. Según la familia, Figueroa Ferreira tenía un largo historial de abusos de confianza. «Hubo un tiempo en que estuvo enamorado de mi abuela Francisca, la acosaba constantemente. Ella misma lo enfrentó en varias ocasiones», contó Erideivi. No obstante, el conflicto final no tuvo que ver con acoso, sino con un terreno que el abogado intentó apropiarse de manera irregular.

Doña Juana había repartido sus bienes en vida y vendió una parte de su propiedad a una sobrina, quien a su vez la revendió a Figueroa Ferreira. Sin embargo, el abogado bloqueó el acceso al callejón que utilizaban los residentes, con el fin de ampliar su patio.

«Doña Juana le reclamaba porque él cerró el único paso que tenía la gente para salir», explicó Samuel. «Además, había un baño que siempre se le dijo que no iba incluido en la venta, pero él lo tomó como suyo», agregó.

Francisca, indignada por el abuso de poder, decidió llevar el caso a la justicia, y las autoridades citaron a Figueroa Ferreira para resolver el conflicto. Sin embargo, esta acción le costó la vida.

El asesinato de Francisca Emiliano

El día de su desaparición, Francisca se dirigió a la casa de su madre para dejar una citación legal dirigida a Figueroa Ferreira en la Junta de Vecinos. Fue la última vez que su familia la vio con vida. «Mi abuela fue sola a entregarle la notificación, pero él ya lo tenía todo planeado», aseguró Samuel. «Se valió de un sobrino de ella para que fuera a llevarle la carta directamente a su casa, en lugar de entregarla en la Junta».

Una vez dentro, Francisca fue brutalmente atacada. «El abogado la golpeó con un palo en la nuca, la amordazó y la metió en una maleta», relató Erideivi. Mientras su familia la buscaba desesperadamente, el acusado se paseaba con una sonrisa, simulando ignorancia. «Cuando le preguntamos si la había visto, se burlaba y decía que mi abuela era una bruja y que andaba volando», recordó Samuel con rabia.

Francisca Emiliano era una profesora jubilada de la escuela José Francisco Cabral López, ampliamente respetada en su comunidad. «Mi abuela Francisca era una mujer de su casa. Era la educadora del barrio. Le enseñó a leer y escribir a niños, jóvenes y adultos. Mucha gente aún no cree lo que pasó», expresó su nieto.

Una relación de confianza rota

Doña Juana aún no puede creer que alguien a quien ayudó tanto fuera capaz de semejante traición. «Él iba a visitarme a mi casa a cada rato, pero el trato con él cambió cuando descubrí sus engaños», comentó. En el pasado, Figueroa Ferreira había sido designado para cobrar los alquileres de las casas de Doña Juana en Batey Bienvenido, pero con el tiempo se hizo evidente que el dinero nunca llegaba y siempre tenía una excusa.

«Le quité la tarea porque se quedaba con el dinero de los alquileres», lamentó. Peor aún, los utensilios con los que asesinaron a Francisca estaban en su propia casa.

Después de cometer el crimen, Figueroa Ferreira intentó ocultarse, pero finalmente fue capturado por la policía. «Él se puso a beber después de lo que hizo y repartió alcohol a todo el mundo. Luego fue a la casa de la mamá de David (otro familiar) y volvió a decir que mi abuela andaba volando, sabiendo lo que había hecho», dijo Samuel.

Justicia para Francisca Emiliano

La Oficina Judicial de Servicios de Atención Permanente de Santo Domingo Oeste dictó tres meses de prisión preventiva contra el abogado, quien deberá cumplir la medida en Najayo Hombres mientras avanza el proceso judicial en su contra.

Según la investigación, Figueroa Ferreira no actuó solo. Un ciudadano haitiano, cuyo nombre no ha sido revelado, lo ayudó a introducir el cadáver en una maleta y a trasladarlo hasta la ribera del río Haina, donde intentaron esconder el cuerpo entre los matorrales.

La familia de Francisca exige una condena ejemplar. «Nosotros entendemos que no deben haber vacas sagradas. Él debe pagar por lo que hizo. Mataron a una mujer que le sumaba a la sociedad, una persona con hijos, nietos y una madre convaleciente», expresó Samuel con indignación.

El ciudadano haitiano involucrado también enfrenta cargos y cumple tres meses de prisión preventiva en la cárcel de La Victoria.

La historia de Francisca Emiliano es un recordatorio del peligro que representa la confianza mal depositada. Su asesinato ha conmocionado a la comunidad de Batey Bienvenido, que sigue exigiendo justicia para una mujer que dedicó su vida a la educación y el bienestar de los demás.

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