Cuando Washington mueve las piezas y la región paga el precio

En las últimas horas, tres hechos de indudable interés noticioso han vuelto a confirmar que el Caribe y buena parte de América Latina siguen siendo un tablero donde otros juegan ajedrez y los pueblos apenas alcanzan a mover las fichas que les dejan.
Venezuela, Cuba y Haití concentran hoy la atención regional, no por avances democráticos o señales de estabilidad, sino por la reiteración de viejos guiones: crisis internas profundas, liderazgos agotados y la siempre presente sombra de Estados Unidos marcando el ritmo.
Venezuela: el gobierno que manda… pero no decide

El caso venezolano es quizá el más ilustrativo. Tras la operación militar liderada por Estados Unidos que culminó con el arresto de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el país suramericano ha entrado en una fase acelerada de reconfiguración política. Oficialmente, hay un “gobierno de facto” encabezado por Delcy Rodríguez; en la práctica, la batuta parece estar en Washington.
Nadie sabe con certeza cómo terminará este proceso, pero resulta cada vez más evidente que la Casa Blanca —o para ser más precisos, el presidente Donald Trump— dirige la orquesta a control remoto. Mientras tanto, Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez ensayan un discurso confuso, contradictorio y claramente interesado, como si repetir consignas pudiera disimular una realidad incómoda: el margen de maniobra es mínimo.
No se trata solo de petróleo, aunque el petróleo siempre esté en la ecuación. La pregunta de fondo es cuándo y cómo se iniciará formalmente el retorno al orden democrático. Ya se habla de liberación de presos políticos, de una ley de amnistía en la Asamblea Nacional y de un freno —al menos táctico— a la represión. Todo muy bien presentado, como un manual acelerado de “cómo caerle simpático a una población harta”. El problema es que las encuestas son implacables: el rechazo a Delcy Rodríguez ronda el 90 %. Ni el mejor maquillaje político logra ocultar eso.
Diálogo con la “oposición”… o con los aliados de siempre

En ese contexto, el llamado a un “diálogo con la oposición” resulta casi una pieza de humor involuntario. El primer encuentro incluyó a actores conocidos por su cercanía funcional con el chavismo, como Henrique Capriles, un político cuya estrella se apagó tras dos derrotas presidenciales y que hoy parece más útil al régimen que incómodo para él.
Más que diálogo con la oposición real, lo que se observa es una conversación con partidos minoritarios, irrelevantes en cualquier medición seria y expertos en sobrevivir políticamente a la sombra del poder. Un teatro que los venezolanos conocen bien: oposición domesticada, pluralismo de utilería y democracia de cartón.
Lo verdaderamente penoso es el pobre desempeño histórico de la dirigencia venezolana, primero para enfrentar la dictadura del chavismo original y luego para aprovechar este momento crítico como una oportunidad de unidad real. Siguen fragmentados, sin rumbo claro y atrapados en un camino tan incierto como repetido.
Cuba: la revolución sin respuestas

Si Venezuela ofrece un drama político, Cuba aporta el colapso cotidiano. La isla vive una agudización de su crisis económica y de servicios: apagones interminables, escasez de alimentos, colas para todo y un turismo en caída libre. El régimen pide auxilio a viejos aliados como China y Rusia, confirmando lo evidente: la revolución socialista ya no tiene respuestas propias.
La falta de alternativas, sumada a las amenazas externas y a un modelo económico exhausto, dibuja un panorama de debilidad estructural. No hay épica que tape los apagones ni discurso que llene los estantes vacíos.
Haití: los buques que anuncian algo… o todo

Y luego está Haití. La llegada “sorpresiva” de tres buques de la Armada estadounidense a las costas de Puerto Príncipe no es un detalle menor. ¿Es una señal de intervención directa? ¿Un mensaje de advertencia al liderazgo político haitiano? ¿O simplemente el preludio de algo más?
En un país sumido en la violencia, el colapso institucional y una tragedia social permanente, cualquier movimiento militar externo genera más preguntas que respuestas. Haití lleva años tocando fondo, y aun así, siempre encuentra cómo caer un poco más.
Epílogo desde la trinchera
Venezuela, Cuba y Haití no son historias aisladas. Son capítulos distintos de una misma narrativa: liderazgos agotados, oposiciones débiles, pueblos cansados y potencias externas decidiendo cuándo y cómo se mueven las piezas. Mientras tanto, la región observa, comenta y espera. Porque, al final, en este juego geopolítico tropical, casi nunca ganan los que viven allí.

