De escándalos en escándalos…

Francisco S. Cruz

Pocos gobiernos han vivido, de manera sistemática, cadenas de escándalos de corrupción pública-privada y narcopolítica como viene sucediendo en el gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader Corona. Y ha sido contraproducente que un gobierno que empezó con una cacería de brujas -2020-2024- abriendo procesos judiciales a exfuncionarios (culpables o no) con evidente tinte de politización esté terminando precisamente atrapado entre escándalos, irregularidades y narcopolítica.

Aquí, parecería, se está cumpliendo el cliché de que el último gobierno es el peor o más corrupto, pero con la diferencia de que el actual ni siquiera termina y ya se ha ganado, con creces, el mote. Y esa es una pendiente difícil de revertir, más cuando los escándalos de corrupción y narcopolítica han parido lo inimaginable: el cierre de la oficina de la DEA en el país.

Ese epitafio puede dar una idea, bastante gráfica, de hasta dónde la degradación política-institucional ha llegado en este gobierno, a pesar de la narrativa oficial de un “ministerio público independiente” que nadie cree y que deja intersticios de dudas y sombras porque es creativo con los nombre de los casos que “procesa” y que subrepticiamente se filtran a la prensa, en detalles, cuando aún no hay juicio de fondo ni condena. E igual o curiosamente, otros, caen en el olvido rápidamente.

Tengo la sensación de que el presidente Abinader tiene urgencia de terminar su actual periodo de gobierno agobiado de tantos escándalos, narcopolítica y unos funcionarios, en mayoría, sin partitura y tocando de oído a un altísimo costo político-electoral.

Ahora se hace difícil predecir permanencia más allá del 2028, y debe haber preocupación de que en un probable un cambio de gobierno -2028- empiece como el suyo: abriendo expedientes sobre corrupción pública-privada y que, encima incluya: empréstitos, vínculos con el narcotráfico, y un largo etcétera.

Y todo por obviar un principio cardinal en política: la retaliación selectiva (o judicialización de la política) nunca es buena y menos en un país como el nuestro donde la sentencia del padre De Meriño: “Tan fácil es pasar del destierro al solio, como del solio a la barra del senado” es tan patética como recurrente. En conclusión, está bien llegar o montarse en una ola -como sucedió en 2020-; pero jamás olvidar que las olas van y vienen…..

Finalmente, al PRM lo único que lo salva, de cara al 2028, es que la oposición se vuelva bruta y permita que la fragmentación o la miopía política del triunfalismo y los egos, en franjas de la oposición, le hagan el milagro. No lo dudo, lamentablemente ….(ya sucedió en 2020 y 2024). Ojalá me equivoque.

El Caribe

Comentarios
Difundelo