De Julio Sauri a Celso Marranzini y la cultura “hematofágica” de la opinión

José Ricardo Taveras

Los dominicanos, y en eso no somos una excepción, solemos ensañarnos justa o injustamente con los funcionarios, la mayoría de las veces sin reparar si el problema radica en ellos o no, esa actitud parece a priori razonable porque su trabajo es enfrentarlos y presentar soluciones, sin embargo no siempre es así.

Una muestra de lo antes dicho la constituye la actual animadversión de la población en general contra el señor Celso Marranzini Pérez quien le está pasando lo que a muchos que han ocupado su puesto y otros tantos ya les pasó:  lo están convirtiendo en el pararrayos de la actual crisis eléctrica y una gran parte de la opinión pública le vocifera como el pueblo judío a Pilatos, solo que en este caso en vez de crucificadle  se escucha por doquier casi un solo grito:  “destituidle”.

El más emblemático de los precedentes conocidos lo constituye el caso del Ing. Julio Sauri González, ampliamente vituperado y despreciado por haber sido el director histórico de la antigua Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). Para que tengamos una idea, no sé si igual al cuento de los sargazos, pero lo cierto es que se en una ocasión el funcionario adujo que una chichigua causó un incidente en el sistema eléctrico y la chichigua de Julio Sauri pasó a ser parte del folklore popular al ser convertida en un recurso sarcástico con el que se criticaban los apagones; sin embargo, hoy día el edificio de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) lleva su nombre, aunque no ha sido ejecutada, también una resolución del Ayuntamiento designa una calle con su nombre  y el tiempo ha ido reivindicando su imagen por su inobjetable integridad ética y moral, así como por su muy reconocida como profunda capacidad técnica.

La realidad es que el sistema eléctrico padece de problemas históricos y complejos, entre ellos la inconsistencia en la planificación de la producción para nada compatible con el crecimiento de la demanda de consumo y la incapacidad política para abordar el toro por los cuernos construyendo la red de autopistas eléctricas que haga eficiente la distribución y minimice las pérdidas que según se afirma ronda el cuarenta por ciento, así como viabilizar que todos paguemos justamente la luz para hacer desaparecer el subsidio del sector, así sea gradualmente.

No es mi campo pero escucho a gente que maneja el tema diciendo que tenemos capacidad instalada para abastecer el mercado, de manera que en lo que va del presente siglo, en general, los apagones suelen ser financieros, es decir, el gobierno apaga los pagos y los generadores las plantas, suele pasar cuando se atraviesa por situaciones de crisis especialmente en gobiernos adictos al gasto superfluo.

Para el sistema político ha sido conveniente que los dominicanos tengamos una cultura hematofágica o de vampirismo mediante la cual nos brinda satisfacción descuartizar funcionarios como si la fiebre estuviera en la sábana, se aprecia en la opinión pública muy a menudo cuando entes de opinión se centran en pedir que se cancele el funcionario, como si con ello se resolviera el problema. Los presidentes felices de la cultura porque suelen apagar crisis cancelando funcionarios y generando expectativas con uno nuevo que de vez en cuando nos lleva de Guatemala para Guatepeor, como suele decirse popularmente.

El espíritu de esta nota toma el caso de ejemplo de lo que no debe ser, una opinión pública y una ciudadanía responsable no se detiene en la búsqueda de chivos expiatorios, se centra en la raíz de los males para poder establecer las verdaderas responsabilidades, proceso lógico al cual sólo se puede llegar a través del análisis de lo que se debe hacer, lo que se ha hecho o dejado de hacer y el peso de la voluntad política superior en ello.  En ese proceso analítico por supuesto que los funcionarios entran en la ecuación, pero para poder juzgarlos imparcialmente, lo importante no es determinar que han hecho, sino con cuanto lo han hecho y de quien es la responsabilidad de que los recursos, que son la mejor manera de expresar la voluntad política, sean suficientes.

El Nuevo Diario

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