EE.UU. toma control de petróleo venezolano y complica relaciones con China sobre deuda clave, según Reuters

Caracas, Venezuela, 24 enero.  – La reciente intervención de Estados Unidos en el control de las exportaciones de petróleo venezolano ha alterado significativamente el complejo tablero financiero de Venezuela, poniendo en aprietos las relaciones económicas y diplomáticas entre Washington y Beijing, la principal acreedora del país sudamericano.

 La situación plantea nuevos desafíos para Caracas, que busca salir de un prolongado impago de deuda y reconstruir su economía devastada.

Así lo informó la agencia internacional de noticias Reuters en una serie de reportes que analizan las implicaciones de esta medida estadounidense sobre la economía venezolana y sus relaciones con otros grandes actores globales.

El control estadounidense sobre los ingresos petroleros, tradicionalmente destinados al pago de obligaciones externas, ha atrapado miles de barriles que originalmente se dirigían a China como parte de un mecanismo de pago de la deuda.

Esto ha generado tensiones entre las dos potencias, ya que Washington ahora dirige una parte crucial de los recursos petroleros de Venezuela, en un momento en que Caracas intenta reestructurar sus compromisos financieros tras años de incumplimiento.

El volumen de deuda externa de Venezuela se estima en alrededor de 150.000 millones de dólares, y aproximadamente una décima parte correspondería a préstamos otorgados por China bajo acuerdos que permitían el pago en crudo, según documentos y fuentes consultadas por Reuters.

Esta práctica formó parte de una serie de acuerdos petroleros entre Caracas y Beijing que, durante años, facilitaron el flujo de crudo venezolano hacia mercados asiáticos a cambio de financiamiento y apoyo económico.

Sin embargo, la dinámica cambió recientemente cuando Estados Unidos confiscó varios superpetroleros vinculados al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, acción que sorprendió a analistas financieros y diplomáticos internacionales.

El resultado es que los barriles que debían servir para amortizar parte de la deuda con China ahora están bajo supervisión y administración estadounidense, lo que complica cualquier intento de pago bilateral directo entre Caracas y Beijing.

Implicaciones financieras y legales

Expertos en deuda soberana y reestructuración consultados por Reuters coinciden en que el nuevo escenario representa un entramado extremadamente complejo.

 “Incluso bajo las mejores circunstancias, desenredar la posición de todos los acreedores dentro de la jerarquía crediticia iba a ser difícil”, afirmó Christopher Hodge, economista jefe de Natixis y exfuncionario del Tesoro de Estados Unidos.

“Ahora, con Estados Unidos controlando todas las finanzas que entran y salen, enfrentamos una situación sin precedentes en términos de opacidad y enredo en las finanzas de un gobierno.”

Aunque Washington controla actualmente solo los ingresos provenientes de la venta de petróleo, estos representan la fuente principal de divisas para Venezuela, un país cuyo motor económico ha estado tradicionalmente basado en la exportación de crudo.

Los documentos de la petrolera estatal PDVSA revisados por Reuters indican que tres superpetroleros realizaron rutas regulares entre Venezuela y China en los últimos cinco años, transportando petróleo destinado al pago de intereses bajo un acuerdo temporal fechado en 2019.

No obstante, estos envíos constituían solo una fracción de las exportaciones totales de crudo venezolano hacia el gigante asiático, una relación comercial que se remonta a más de una década y que ha sido crucial para el financiamiento del Estado venezolano.

AidData, un centro de investigación asociado a la Universidad William & Mary de Estados Unidos, señaló que parte de los ingresos en efectivo generados por el petróleo enviado a China se depositaron en cuentas controladas por Beijing y se utilizaron específicamente para cubrir obligaciones de deuda.

Esto ocurrió incluso cuando las sanciones internacionales y el impago de Venezuela bloquearon pagos a otros acreedores.

Control de ingresos petroleros y política estadounidense

La administración de Donald Trump, que puso en marcha las medidas que ahora permiten a Estados Unidos redirigir los ingresos petroleros venezolanos, anunció que dichas ganancias se depositarán en una cuenta con sede en Qatar controlada por Washington.

Esta acción podría otorgar a Estados Unidos una influencia sin precedentes sobre qué acreedores venezolanos se pagan y cuándo se realiza esos pagos, un control que tradicionalmente recae en el gobierno deudor o en procesos de reestructuración supervisados por entidades multilaterales.

Cuando Reuters solicitó un comentario oficial sobre los cargamentos petroleros y los pagos de deuda, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China reiteró su posición afirmando que Beijing ha expresado “repetidamente” que deben protegerse “los derechos e intereses legítimos de China y otros países acreedores de Venezuela”.

En una rueda de prensa celebrada el 7 de enero, un portavoz del ministerio chino condenó lo que calificó como el desvío de las exportaciones petroleras venezolanas y subrayó la necesidad de salvaguardar los mecanismos de pago acordados entre Caracas y Beijing.

Por su parte, Taylor Rogers, portavoz de la Casa Blanca, aseguró a Reuters que Trump negoció un acuerdo petrolero con Venezuela que “beneficiará tanto al pueblo estadounidense como al venezolano”.

Rogers también indicó que la administración estadounidense está habilitando que China compre petróleo venezolano, pero no a los precios “injustos y por debajo del mercado” que, según él, se aplicaban anteriormente cuando Caracas gestionaba directamente esas ventas.

Comerciantes que participan en ventas de crudo venezolano han informado que parte del petróleo continúa siendo ofrecido a refinerías chinas, aunque estas operaciones forman parte del mercado privado y no están dedicadas al pago de deuda.

“El pueblo de Venezuela obtendrá un precio justo por su petróleo de China y otras naciones”, afirmó el funcionario estadounidense, en un intento por justificar las medidas y destacar posibles beneficios derivados del cambio en la administración de los ingresos petroleros venezolanos.

Hasta el momento, el Ministerio de Comunicaciones de Venezuela, responsable de las consultas oficiales para el gobierno, no ha respondido a solicitudes de comentarios relacionadas con estas medidas ni con la situación de la deuda externa.

Reestructuración de deuda y jerarquía de acreedores

Especialistas en deuda advierten que la exitosa reestructuración de la deuda venezolana será difícil de alcanzar si persisten las actuales tensiones entre Estados Unidos y China sobre cómo se utilizan los ingresos petroleros.

Un acuerdo de este tipo es esencial para que Venezuela pueda levantar sanciones, acceder a financiamiento internacional y reanudar inversiones extranjeras, elementos cruciales para la recuperación económica del país.

Unos 60.000 millones de dólares en bonos venezolanos entraron en incumplimiento de pago en 2017, y alcanzar una reestructuración aceptable para todos los acreedores ha sido un desafío constante.

En procesos tradicionales de reestructuración, los acreedores bilaterales acuerdan qué pérdidas aceptarán, usualmente a través de mecanismos como el Club de París, lo que establece parámetros para que los prestamistas privados asuman pérdidas “comparables”.

“La comparabilidad del trato será un verdadero reto, especialmente si Estados Unidos controla el uso de los ingresos del petróleo”, explicó Mark Walker, asesor de deuda soberana con amplia experiencia en negociaciones internacionales y quien ha trabajado en intentos previos de reestructuración venezolana.

Presión sobre China y riesgos globales

Si Estados Unidos presiona a China para que acepte amortizaciones significativas sobre la deuda que Caracas mantiene con Beijing, y China se mantiene firme, el proceso de reestructuración podría estancarse, ralentizando la recuperación económica de Venezuela y deteriorando aún más su situación fiscal.

 Esto, a su vez, limitaría la cantidad que el país puede pagar a tenedores de bonos y otros acreedores, incluyendo instituciones financieras y gobiernos extranjeros.

China, que ha desempeñado un papel clave como prestamista bilateral en muchos países en desarrollo, ha sido fundamental en acuerdos de reestructuración de deuda a través de marcos multilaterales como el Marco Común de Acreedores, utilizado en negociaciones de deuda para países como Ghana, Zambia y Etiopía.

“La influencia obvia de China podría consistir en negarse a cooperar en futuras renegociaciones de deuda soberana bajo el Marco Común hasta que considere que ha sido tratada de manera justa en el caso de Venezuela”, afirmó Lee Buchheit, experto mundial en deuda soberana.

Esa amenaza tiene peso y podría influir en la dinámica de cooperación en acuerdos globales de reestructuración futura.”

Fuente: Reuters

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