El buen uso del poder
Por Euri Cabral
Es costumbre escuchar en las conversaciones entre militantes de la política la afirmación de que “el poder es para usarlo”. Con esa expresión tradicionalmente se lleva la idea de que quien no abusa del poder, no lo usa para imponer sus posiciones o para perjudicar a sus opositores de momento o para obtener beneficios personales, no sabe usar el poder y por tanto merece que se le quite.
La afirmación de que “el poder es para usarlo” es incorrecta, incompleta y totalmente desacertada. Lo correcto es afirmar que el poder es para bien usarlo, para que desde su uso se puede servir a los demás y para nunca cansarse de hacer el bien. Y aquí no solo hablo del poder político de un presidente, no, me refiero al poder en todos los sentidos y en todos los escenarios. Desde el legislador que abusa de su influencia, del profesor que abusa de su autoridad, del fiscal que abusa de su fuerza y hegemonía, del ministro que abusa de sus subalternos, del comunicador que abusa de su influencia, en fin, de todo aquel que usa el poder para, desde la posición transitoria donde se encuentra, creerse por encima de todo y de todos, y pensar que el ese poder es para siempre.
El poder, cual que sea, con la excepción del poder de Dios, es pasajero, es momentáneo, se esfuma en algún momento, no dura para siempre. Y si no se usa bien, de forma correcta, que beneficie a muchos y que se esmere en no perjudicar, sus consecuencias serán siempre un efecto devastador cuando ya no se tenga la posición desde donde se ha abusado de ese poder.

En América Latina tenemos muchos ejemplos de personas que abusaron del poder político o judicial que ejercían en un momento, y al salir de sus cargos fueron arrasados, condenados y apresados por las mismas causas que ellos usaron para maltratar y abusar de otros. Pensemos en todos los integrantes de las dictaduras de Argentina y Chile, del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, del fiscal brasileño Sergio Moro, y del propio expresidente brasileño Jair Bolsonaro. Precisamente el caso Brasil es un ejemplo preciso de cómo el mal uso del poder tiene graves para quienes creen que es eterno. Con el presidente Lula Da Silva, la justicia brasileña dirigida por Bolsonaro y Sergio Moro, cometió un gran abuso del poder en su contra, condenaron y apresaron a Lula de manera injusta e ilegal, pero todo eso se revirtió en contra de ellos. Hoy Lula es presidente de Brasil, Bolsonaro es un reo de la justicia y Sergio Moro es una de las personas más repudiadas por la sociedad brasileña hoy en día.
Esta reflexiones las realizo precisamente a propósito de los más recientes fallos que ha habido en la justicia dominicana. La mayor parte de los acusados por corrupción del gobierno pasado están siendo liberados, porque los casos no tienen pruebas. Y eso seguirá pasando, pues desde el primer momento una gran parte de la sociedad dominicana entendió que el motivo fundamental de esa campaña llevada a cabo por la Procuraduría General de la República en contra de funcionarios del gobierno del presidente Danilo Medina, no era por un interés real de justicia, sino que tenía un objetivo político. Un lamentable mal uso del poder.

Quienes en los actuales momentos detentan alguna función de poder en la política o en la sociedad civil, deben entender bien lo que significa un buen uso del poder. No asuman nunca que el poder es para usarlo. NO. El poder es para bien usarlo. Y para saber como hacerlo es necesario primero llenarse de grandes sentimientos de humildad y de valoración de los demás. Tener como norma en sus vidas y en cada una de sus acciones, esa extraordinaria reflexión del apóstol Pablo, que en Gálatas 6:9, afirma lo siguiente: “No nos cansemos nunca de hacer bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no desmayamos”.
Presidente, ministros, funcionarios, directores, médicos, abogados, comunicadores, militares, policías, obispos, pastores, empresarios, obreros, en fin, todo el que en este momento tiene alguna autoridad o ejerce niveles de poder, nunca se cansen de hacer el bien, no cometan injusticias, piensen que el poder es pasajero y que cada quien cosecha lo que siembra. Nunca le hagan al otro lo que no quisiera que le hagan a ustedes. Su modelo en cada actuación debe ser Jesús, que amó intensamente al prójimo, perdonó sin límites, se entregró completamente y practicó la humildad, hasta entregar su vida por nosotros.
Euri Cabral
Economista y Comunicador