El cambio nos lanzó por el despeñadero

Por Yudelis Méndez

De lo que prometió Luis Abinader como candidato del “cambio” a lo que ha hecho como presidente, hay un abismo como realidad que no se puede tapar con cháchara y menos con mentiras.
Nos vendieron “estabilidad”, pero la vida diaria cuenta otra historia. La canasta familiar nacional rondó RD$46,700–RD$46,900 en el primer cuatrimestre de 2025, con alzas en todos los quintiles de ingreso; el quintil más pobre pasó cerca de RD$27,900 en abril. El nivel de precios acumulado sigue apretando a los hogares, aun cuando la inflación interanual se moderó a 3.4% en julio de 2025. La gente no compra “tasas”; compra arroz, pollo, leche y pasajes. Y cada mes, un poco menos.
Otro deterioro del nivel de vida se registra en la mala calidad del Servicio Nacional de Emergencias 911, que antes fue un orgullo nacional.
Hoy abundan señales de fatiga: reportes de unidades en deterioro y fuera de servicio en provincias, artículos alertando del sistema “al borde del colapso” y denuncias de largas demoras que ponen vidas en riesgo. ¿Cómo se normaliza que una ambulancia tarde una eternidad? Eso no es eficiencia, es indiferencia.
En cuanto a la energía eléctrica, hoy lo que hay es pérdidas récord y apagones a todo lo largo y ancho del país.
Abinader y el PRM recibieron un sistema eléctrico con problemas crónicos y lo empeoraron: las pérdidas de distribución alcanzaron 43.5% a mayo de 2025, y solo cobran el 55.6% de la energía que compran y ponen en el mercado, los niveles más altos en 15 años.
Con redes viejas y gestión errática, volvieron los apagones, oficialmente atribuidos a “picos de demanda” y a circuitos con pérdidas superiores al 50%. La promesa de un “cambio” en el sector se convirtió en cortes, excusas y más transferencias fiscales. ¿Ese era el plan?
En relación con el auxilio vial, el gobierno anunció “Asistencia Vial 511” y más recursos para patrullas en autopistas. Pero el país sufre una crisis de seguridad vial con más de 3,000 muertes al año; los motociclistas son la mayoría de víctimas. El contraste duele: conferencias y pactos arriba; cruces y sirenas abajo. La pregunta no es cuántos letreros inauguran, sino cuántas vidas salvan.
Educación y salud
El Ministerio de Educación presume de tener 1.34 millones de estudiantes en jornada escolar extendida; sin embargo, comunidades denuncian eliminaciones o reducciones de esa misma jornada. Entre el boletín oficial y la escuela de tu barrio hay un abismo: la bandeja del almuerzo llega tarde, faltan docentes, se improvisan horarios. ¿Dónde está el cambio si los niños se van antes de tiempo?
La salud es termómetro social. SENASA reportó déficits y procesos internos bajo indagación; no es un titular, es una alarma que exige transparencia, auditorías y corrección de rumbo inmediato. Mientras tanto, el ciudadano enfrenta esperas, carencia de medicamentos y derivaciones que no llegan. La salud no puede ser un ensayo eterno.

Endeudamiento
Los números oficiales no mienten: la deuda del sector público no financiero sumó US$60,885 millones al 31 de julio de 2025 (46.7% del PIB). En 2019 era 40.4% del PIB. El endeudamiento creció y la factura vendrá con intereses. No se puede vivir de bonos verdes si el semáforo social sigue en rojo.
Respecto la pulcritud en el manejo de los fondos públicos, el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 dio a República Dominicana una puntuación de 36/100 (ligera mejora), pero eso no borra los casos y cuestionamientos: compras municipales “susceptibles de corrupción”, déficits en aseguradoras públicas, contratos opacos. La sensación ciudadana es simple: la vara punitiva baja para los de adentro y sube para los de afuera.

Seguridad y reforma policial
Los homicidios bajaron a una tasa cercana a 8 por 100,000 a mediados de 2025 (desde ~13 en 2023), un progreso medible. ¿Por qué, entonces, se siente tanta inseguridad? Porque el robo, la extorsión, el microtráfico y el miedo cotidiano no se resuelven con ruedas de prensa. La reforma policial no puede ser PowerPoint; debe sentirse en la esquina, el autobús y el colmado.
Casos como Operación Falcón y otros expedientes que involucraron a figuras políticas —incluida gente ligada al oficialismo— siguieron alimentando el discurso de “narco-política”. La justicia tiene nombres y expedientes; el país, memoria. No se construye confianza con silencios selectivos.
La angustia social trae consigo más ansiedad y problemas de salud mental, según organismos técnicos; el tejido familiar sufre. En valores y educación, el Gobierno empuja debates culturales con los que muchas familias creyentes disienten. Un Estado democrático debe proteger consciencias y asegurar que los padres sean socios y no espectadores en la formación de sus hijos.
“Cuando el impío gobierna, el pueblo gime; mas cuando el justo gobierna, el pueblo se alegra”. — Proverbios 29:2

Conclusión
Nos ofrecieron cambio y aceptamos. Aplaudimos licitaciones, inauguraciones y ruedas de prensa. Y dijimos que estaba bien.
Pero los datos y la calle cuentan otra cosa: canasta que no perdona, energía con pérdidas récord y apagones, auxilios que llegan tarde, deuda que crece, casos que erosionan la fe pública y escuelas que no alcanzan la promesa. Hubo avances puntuales (inflación moderada, homicidios a la baja), sí; pero el balance de vida cotidiana es de retroceso para demasiados.
Al final, esta es nuestra triste realidad. Entonces, dígame usted: ¿cuál fue el cambio?

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