El colapso del vórtice polar podría desencadenar olas de frío extremo en febrero, advierten expertos
Montreal, Canadá, 7 Feb. -El vórtice polar, una gigantesca estructura atmosférica que actúa como contenedor del aire más frío del planeta, podría estar al borde del colapso tras un inusual calentamiento estratosférico de hasta 50 °C registrado en las últimas semanas.
Esta alteración podría provocar la irrupción de masas de aire ártico sobre amplias regiones de América del Norte y Europa, generando un invierno más impredecible y severo.
Este fenómeno está siendo monitoreado de cerca por los meteorólogos, quienes han identificado señales claras de un calentamiento estratosférico repentino (SSW, por sus siglas en inglés). Aunque este evento se inicia en capas altas de la atmósfera, su impacto se traslada a niveles más bajos, influyendo en la circulación atmosférica y desencadenando efectos persistentes durante varias semanas.
El vórtice polar funciona como un cinturón de vientos intensos que gira sobre el hemisferio norte durante el invierno, atrapando el aire ártico dentro de su perímetro. Se extiende desde la superficie hasta más de 48 kilómetros de altura. Sin embargo, cuando este sistema pierde fuerza o colapsa, el aire extremadamente frío se escapa hacia latitudes medias, provocando descensos súbitos de temperatura y tormentas invernales.
Los análisis más recientes a nivel de 10 mb muestran un vórtice deformado con forma ovalada. Una zona de alta presión en la estratósfera ha desplazado uno de los núcleos del vórtice hacia América del Norte, una señal clásica de disrupción severa. Esta deformación, según los expertos, suele preceder a un flujo persistente del norte que lleva aire ártico genuino hacia Canadá y gran parte de los Estados Unidos.
Un evento SSW se produce cuando ondas atmosféricas empujan aire cálido hacia la estratósfera polar, elevando las temperaturas de forma abrupta hasta más de 50 °C por encima de lo normal a unos 30 kilómetros de altitud. Este aumento térmico debilita los vientos que mantienen la estabilidad del vórtice, facilitando su desintegración.

Los modelos de predicción a corto plazo proyectan un corredor directo de aire polar descendiendo desde el Ártico hacia el continente americano. Solo el suroeste de Estados Unidos y Florida quedarían relativamente al margen de este patrón. En Europa, se espera un panorama más variable, con un enfriamiento marcado en el norte, mientras el sur y el oeste mantendrían condiciones más templadas.
Esta configuración de contrastes térmicos crea las condiciones ideales para borrascas invernales intensas, especialmente en el centro y este de Norteamérica, donde coinciden aire gélido en superficie y sistemas de baja presión activos. Los primeros modelos de febrero confirman un nuevo episodio de calentamiento estratosférico con anomalías térmicas extremas y una posible fragmentación del vórtice en dos núcleos. Históricamente, esta división suele anticipar olas de frío persistentes, no eventos aislados.
Más allá del impacto térmico, el colapso del vórtice polar acarrea consecuencias ambientales serias. Las olas de frío extremo pueden afectar ecosistemas no adaptados a temperaturas tan bajas, dañar especies silvestres y urbanas, y elevar drásticamente el consumo energético. Además, someten a una gran presión a infraestructuras críticas como redes eléctricas, sistemas de calefacción y transporte. Cuando se combinan con tormentas de nieve, el riesgo de interrupciones se multiplica.
Paradójicamente, en un contexto de calentamiento global, estos episodios de frío extremo no desaparecen, sino que se vuelven más erráticos e intensos.
Fuente: EcoEventos

