El  Derecho Internacional y los megas desafíos geopolíticos del presente

Por Milton Olivo

En el tablero contemporáneo de la geopolítica, la humanidad se debate entre el orden jurídico internacional que tanto costó construir tras las grandes guerras del siglo XX y una peligrosa deriva hacia la normalización de la fuerza como mecanismo de resolución de conflictos.

Las guerras entre Rusia y Ucrania, las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos, el secuestro de un presidente en funciones, y la creciente banalización del asesinato selectivo de líderes políticos y militares, evidencian una crisis profunda del Derecho Internacional, de humanidad y espiritualidad.

No se trata solo de conflictos armados: se trata de la erosión de principios fundamentales como la soberanía, la no intervención, y el respeto a la vida humana.

Determinar cuándo una acción o inacción de un Estado resulta perjudicial para otros no es simplemente un ejercicio político, sino jurídico. Un Estado incurre en responsabilidad internacional cuando viola una obligación establecida en tratados, costumbre internacional o principios generales del derecho.

Esto puede manifestarse tanto en acciones directas -como invasiones militares, bombardeos o asesinatos selectivos- como en omisiones, por ejemplo, al no prevenir crímenes internacionales dentro de su territorio.

Quizás el fenómeno más preocupante es la banalización del crimen en el ámbito internacional. El asesinato de líderes, ministros o figuras clave -justificado bajo argumentos de seguridad o prevención- abre una puerta peligrosa: si todo puede justificarse, entonces nada está prohibido.

Cuando el Derecho Internacional pierde su capacidad de imponer límites, el mundo entra en una lógica de «ley del más fuerte». Y en ese escenario, ningún Estado, grande o pequeño, está verdaderamente seguro.

La humanidad se encuentra en una encrucijada histórica. O se reafirma el Derecho Internacional como el marco legítimo de convivencia global, o se consolida un orden basado en la fuerza, la unilateralidad y la impunidad.

Los conflictos actuales no solo ponen a prueba la estabilidad global, sino la esencia misma del sistema internacional construido tras décadas de esfuerzo. Restablecer el respeto al derecho no es solo una necesidad jurídica, sino una urgencia moral.

Porque cuando el derecho se debilita, lo que emerge no es el orden, sino el caos. Y la historia ha demostrado, una y otra vez, que el caos siempre tiene un costo humano incalculable.

La crisis actual no es únicamente militar, sino profundamente política, económica y estratégica. La alianza atlántica, concebida como un mecanismo de defensa colectiva durante la Guerra Fría, enfrenta hoy tensiones internas derivadas de intereses divergentes entre sus miembros, el desgaste por conflictos prolongados y el cuestionamiento de su papel en un mundo multipolar.

La expansión hacia el este, las diferencias en gasto militar y la percepción desigual de amenazas han debilitado su cohesión, generando un debate sobre si la OTAN sigue siendo un instrumento de estabilidad o sí, por el contrario, contribuye a la escalada de tensiones globales.

En paralelo, el sistema de gobernanza internacional representado por el Consejo de Seguridad de la ONU evidencia una crisis de legitimidad. Su estructura, dominada por cinco miembros permanentes con poder de veto, responde a una realidad geopolítica de 1945, no del siglo XXI.

Este diseño ha derivado en bloqueos sistemáticos frente a conflictos críticos, donde los intereses de las grandes potencias prevalecen sobre el bien común global. La idea de transitar hacia una «democracia general internacional», donde las decisiones reflejen de manera más equitativa la voluntad de la comunidad de Estados, surge como una necesidad histórica para devolver credibilidad y eficacia al sistema multilateral.

Finalmente, la humanidad necesita un cambio de paradigma: pasar de una geopolítica basada en la competencia y la disuasión, a una centrada en la cooperación, la interdependencia y la seguridad compartida.

Esto implica reconocer que los grandes desafíos actuales -cambio climático, migraciones, conflictos híbridos- no pueden resolverse mediante la lógica de bloques o alianzas militares, sino a través de consensos globales. ¡Solo así será posible!

*El autor es escritor, novelista, pensador social y analista político dominicano.

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