El presidente del Parlamento de Irán suena como posible contacto de EEUU en conversaciones de guerra
DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos, 24 marzo. — Mucho antes de convertirse en presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Qalibaf emprendió durante casi dos décadas una ofensiva de seducción, presentándose como un hombre de la línea dura con el que Occidente podía hacer negocios en la República Islámica.
“Me gustaría que Occidente cambiara su actitud hacia Irán y confiara en Irán, y que tenga la seguridad de que en Irán existe una actitud para avanzar los asuntos mediante el diálogo”, dijo Qalibaf al periódico londinense The Times en 2008.
El piloto de 64 años y excomandante de la Guardia Revolucionaria ha negado que haya habido conversaciones con Estados Unidos, en medio de reportes de que se le mencionó como posible interlocutor de Washington en negociaciones, mientras la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán entra en su cuarta semana.
También persisten las dudas sobre el poder real de Qalibaf dentro de la teocracia iraní, sacudida tras el ataque aéreo israelí del 28 de febrero que mató al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años.
El hijo de Jamenei, Mojtaba, ahora nuevo líder supremo de Irán, ha respaldado a Qalibaf en sus repetidas y fallidas campañas presidenciales. Aun así, es probable que múltiples centros de poder dentro de la teocracia iraní compitan ahora por el control de la República Islámica, y persisten las incertidumbres sobre la situación de Mojtaba Jamenei, al que aún no se ha visto tras reportes de que resultó herido al inicio de la contienda.
Mientras tanto, Qalibaf ha sido vinculado a la represión contra manifestantes que pedían cambios dentro del gobierno iraní y ha visto cómo se arremolinaban acusaciones de corrupción a su alrededor durante su tiempo en el cargo.
Es posible que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sólo esté buscando una versión iraní de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien asumió el poder después de que el ejército de Estados Unidos capturara en enero al exlíder venezolano Nicolás Maduro.
“Muchos iraníes desprecian a Ghalibaf; los diplomáticos lo ven como pragmático”, escribió el analista Michael Rubin, usando una transcripción distinta del apellido del político. “Esos diplomáticos confunden el pragmatismo con el oportunismo. Ghalibaf es un sobreviviente. Ve en Trump a alguien que puede ayudarlo a lograr lo que el fallecido líder supremo Alí Jamenei le negó: la presidencia o algún papel equivalente de liderazgo interino”.
La agencia semioficial iraní Tasnim, considerada cercana a la Guardia, describió el martes los reportes en medios occidentales como una “bomba política” destinada a sumir en el desconcierto a los líderes del país.
“Se presentó a Qalibaf como parte negociadora para proyectar una imagen contradictoria y no unificada de Irán”, afirmó Tasnim. Y añadió: “La mención del nombre de Qalibaf tenía claramente la intención de crear divisiones internas dentro de Irán y de provocar conflicto entre las fuerzas políticas”.
El ascenso de Qalibaf dentro de la teocracia iraní
Qalibaf nació en la ciudad de Torqabeh, en la provincia nororiental iraní de Razavi Jorasán, hijo de un padre comerciante y no de un miembro del clero chií que tomó el poder en la Revolución Islámica de 1979.
Como muchos jóvenes de su generación, se unió a la Guardia paramilitar durante la sangrienta guerra de la década de 1980 con Irak, y ascendió rápidamente en sus filas. Tras el conflicto, se desempeñó durante varios años como jefe del brazo de construcción de la Guardia, Jatam al-Anbiya, encabezando esfuerzos de reconstrucción.
Formado como piloto, luego fue jefe de la fuerza aérea de la Guardia. En 1999, coescribió una carta dirigida al presidente reformista Mohammad Jatamí en medio de protestas estudiantiles en Teherán por el cierre gubernamental de un periódico reformista y la posterior represión de las fuerzas de seguridad. La carta advertía a Jatamí que la Guardia actuaría unilateralmente a menos que aceptara sofocar las manifestaciones.
La violencia en torno a esas protestas —las primeras de una serie de marchas cada vez más amplias en las últimas décadas— dejó varios muertos, cientos de heridos y miles de detenidos.
Qalibaf pasó después a dirigir la policía de Irán, modernizando el cuerpo e implementando el número de emergencias 110 del país. Sin embargo, una grabación filtrada de una reunión posterior entre Qalibaf y miembros de la fuerza voluntaria Basij de la Guardia lo mostraba afirmando que ordenó usar fuego real contra manifestantes en 2003 y elogiando la violencia empleada durante las protestas del Movimiento Verde de 2009 en Irán.
El entonces presidente iraní Hasan Rohaní hizo una referencia al incidente de 2003 cuando ambos se enfrentaron en un debate de la elección presidencial de 2017.
“Se argumentaba que usted decía que los estudiantes debían venir y entonces podríamos atacarlos en pinza y terminar el trabajo”, dijo entonces Rohaní.
Qalibaf se ofreció como alternativa a Ahmadineyad
Como alcalde de Teherán de 2005 a 2017, Qalibaf enfrentó acusaciones de corrupción, entre ellas por la donación de unos 3,5 millones de dólares a una fundación dirigida por su esposa.
Sin embargo, también aprovechó su notoriedad para viajar al Foro Económico Mundial e incluso elogió a la ciudad de Nueva York en una entrevista con The Financial Times, lo que sin duda levantó cejas entre otros miembros de la corriente iraní más estricta. Sus adversarios afirmaban que Qalibaf era como Reza Pahlavi, un soldado de mano dura que se convirtió en sha en 1925 y empujó rápidamente a occidentalizar Persia y a renombrarla como Irán, antes de entregar el poder a su hijo, el sha Mohammad Reza Pahlavi.
Qalibaf no rechazó de plano la comparación.
“Si el autoritarismo significa que cuando el sentido colectivo alcanza un plan y una decisión, yo soy muy decidido y firme para llevarlo a cabo”, dijo en 2008 a The Financial Times, presentándose como alternativa al presidente de línea dura Mahmud Ahmadineyad. Y agregó: “Cuando la conveniencia de la sociedad está en ejecutar un proyecto, entonces soy muy firme, muestro poca flexibilidad y no dejo que ese sentido colectivo se vea empañado o caiga en el desorden”.
Qalibaf se postuló en las elecciones presidenciales de 2005, 2013, 2017 y 2024, pero pese a los fracasos de esas campañas, diplomáticos de Estados Unidos sugirieron que contaba con el apoyo de Mojtaba Jamenei, según cables diplomáticos publicados por WikiLeaks.
Un cable de agosto de 2008 señalaba: “Según se informa, Mojtaba ha mantenido durante mucho tiempo una relación muy estrecha con el alcalde de Teherán y aspirante presidencial Mohammad Baqr Qalibaf; según se informa, Mojtaba fue la ‘columna vertebral’ de las campañas electorales pasadas y actuales de Qalibaf”. Y añadía: “Se dice que Mojtaba ayuda a Qalibaf como asesor, financista y proveedor de apoyo político de alto nivel. Según se informa, su apoyo y cercanía con Qalibaf se mantienen sin disminución”.
Con Jamenei ahora como nuevo líder supremo de Irán, la posición de Qalibaf podría verse reforzada de manera significativa.
El nombre de Qalibaf circula como posible negociador
Trump se retractó de un ultimátum de 48 horas para que Irán abriera el estrecho de Ormuz, y reportes de prensa sugirieron que Qalibaf podría ser un posible contacto iraní para el gobierno de Estados Unidos. El propio Qalibaf ha negado que haya conversaciones en curso.
“No se han celebrado negociaciones con Estados Unidos, y se usan noticias falsas para manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que están atrapados Estados Unidos e Israel”, escribió el lunes en X.
De manera sorprendente, a diferencia de muchos funcionarios dentro del gobierno iraní, el nombre de Qalibaf no figura en ninguna recompensa ofrecida por Estados Unidos.
Sigue sin estar claro si los israelíes consideran a Qalibaf un objetivo. Como presidente del Parlamento, Qalibaf elogió el ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, y afirmó que demostraba que el “régimen sionista nunca tendrá paz hasta el día en que sea aniquilado”.
Al parecer, Trump también se mostró preocupado el lunes de que su interlocutor negociador —al que no identificó— pudiera poner en riesgo la seguridad de cualquier conversación.
Cuando se le preguntó por qué no revelaría el nombre del negociador iraní, Trump les dijo a los periodistas: “Porque no quiero que lo maten, ¿de acuerdo? No quiero que lo maten”. (AP)

