Fronteras e la Cocaína
J.C. Malone
La República Dominicana y México constituyen las dos fronteras principales que la cocaína debe cruzar desde su punto de origen, Colombia, hasta su mercado final, Estados Unidos.
La República Dominicana funciona como almacén y “centro de acopio”; no es “coincidencia” que la mayoría de los cargamentos interceptados hayan salido justamente de esa isla caribeña. Tampoco es “coincidencia” el aumento considerable, inusual y constante de la migración de mexicanos hacia la República Dominicana.
Tampoco es “coincidencia” que en México estallara primero la epidemia de feminicidios de Ciudad Juárez, que Roberto Bolaño describe magistralmente en su inmensa novela inconclusa 2666.
Ahora, la epidemia de feminicidios ataca en la República Dominicana. La “cosificación” de la mujer es un subproducto de la cultura del narcotráfico; las “usan y descartan”.
En el pasado, existían los carteles de «productores», recordemos el de Medellín y el de Cali. Eso cambió: el negocio se segmentó, hoy los productores solo producen. Hay una infraestructura de transporte, “canales de suministro”, que mueven la mercancía entre Colombia y el “centro de acopio”, desde donde se despachan los pedidos al consumidor.
Entonces llega a México, la última parada antes de ingresar al gran mercado de consumo, los Estados Unidos.
Tampoco es “coincidencia” la matanza en México después del asesinato de “El Mencho”. Recuerden, primero cerraron la oficina de la DEA en la República Dominicana.
La violencia asociada al narco en México, por gravedad, llegará a la República Dominicana, como llegaron los feminicidios y los inmigrantes mexicanos.
La estrategia es sencilla, conocida y repetida: primero cierran la oficina de la DEA en Santo Domingo, obtienen la información y decapitan a una organización asesinando a su jefe (El Mencho) y extraditan a muchos dominicanos.
Seguirán las luchas internas por la sucesión en el liderazgo de las organizaciones. Seguirán las matanzas porque los mexicanos “se la cobrarán” a quienes los delataron desde Santo Domingo.
Estamos en el inicio de una ola de violencia; nada de lo que ocurra en el futuro inmediato será “coincidencia”. La sangre seguirá corriendo; esto recién empieza.

