Higüey Camina con Fe: Historias de promesas, milagros y esperanza en el Día de la Altagracia

Por la Redacción

HIGÜEY, 21 de enero de 2026 — Bajo el cielo grisáceo de un amanecer temprano, la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia se convirtió nuevamente en el epicentro de una de las expresiones más profundas de fe y devoción popular en la República Dominicana.

Desde antes de que despuntara el sol, miles de peregrinos arribaron a esta ciudad del Este dominicano para vivir a plenitud el Día de Nuestra Señora de la Altagracia, una jornada que trasciende lo religioso para convertirse en testimonio humano de gratitud, esperanza, sacrificio y resiliencia.

Cada 21 de enero, Higüey se transforma. Las calles que conducen a la basílica se llenan de caminantes que, con distintos ritmos y silencios, avanzan guiados por una misma fuerza: la fe. Este año no fue la excepción. Distintas provincias se hicieron presentes con historias, lágrimas, promesas y el firme propósito de honrar a la Virgen de la Altagracia, patrona espiritual del pueblo dominicano.

Caminos de fe: historias que llegan al corazón

Desde San Rafael de Yuma hasta Higüey, Mary Paniagua emprendió la caminata. Su rostro reflejaba cansancio, pero también una serenidad única. Cada paso era una afirmación de agradecimiento por lo que, asegura, la Virgen ha hecho por su familia.

Caminaba junto a otros devotos, vestidos muchos con ropas blancas o cargando velas que iluminaban la madrugada. “No lo vemos como un sacrificio, sino como un acto de fe. Ella nos permite llegar aquí”, dijo con voz pausada y profunda.

No muy lejos de Mary caminaba Lilian Mota, también de San Rafael de Yuma, quien repite la peregrinación desde hace tres años. Su historia, tejida entre esperanza y angustia, está marcada por desafíos que parecían insuperables: una situación legal complicada en los Estados Unidos y la enfermedad de su sobrino, diagnosticado con cáncer en la garganta. “Prometí venir si la Virgen intercedía por nosotros, y aquí estoy”, expresó con voz entrecortada.

Al llegar a las inmediaciones de la basílica, Josefina Jiménez, procedente de Santo Domingo, avanzaba descalza. Cada paso sin zapatos simboliza la promesa que hizo a la Virgen para salvar la vida de su padre. “Cada piedra, cada calor en la planta del pie… todo vale la pena si él está aquí hoy conmigo”, compartió, deteniéndose un momento para tocar el suelo con reverencia.

El rostro humano de la devoción

La basílica y sus alrededores se convirtieron en un mosaico de historias profundamente humanas. María Ivelisse Aybar, otra caminante incansable, llegó desde la capital dominicana.

Para ella, esta peregrinación no es una ocasión aislada, sino una tradición personal que repite año tras año. “Le agradezco a la Virgen por mi salud, por mi familia, por cada día que puedo levantarme”, afirmó con una sonrisa tímida pero firme.

Desde Azua llegó Santa Arias, con palabras que resonaron entre los presentes: “La Virgen de la Altagracia es la madre piadosa, la que invocas cuando estás enfermo o enfrentando problemas”. Sus ojos se llenaron de emoción al recordar cómo su nieta recuperó la salud tras un periodo difícil. Por eso, desde hace tres años, cada 21 de enero está en Higüey para darle gracias a la madre protectora.

Cerca de ella, con paso lento y apoyado en un bastón, Jobido Frías, un anciano de mirada vivaz, narraba cómo la Virgen lo ha ayudado a recuperar la vista gradualmente. Con manos temblorosas depositó un “ofrecimiento” monetario en el área de promesas, símbolo de gratitud y esperanza.

En el ambiente se respiraba devoción, pero también historias de superación y fe inquebrantable. Santa Villanueva, que llegó desde San José de los Llanos, habló con convicción de los milagros recientes en su vida, especialmente relacionados con su salud. “Aquí estoy, porque todo lo que he pedido me ha sido concedido”, declaró con firmeza.

Promesas, retos y recuperación

La historia de Leonardo Lantigua es una de las que más captó la atención de los que escuchaban a su alrededor. Joven y lleno de vida, sufrió un accidente de tránsito que lo dejó inmovilizado de los pies.

A pesar de las dificultades, Leonardo nunca perdió la esperanza. Explicó que su condición mejoró poco a poco, y que la Virgen ha sido una presencia constante en su proceso de recuperación. “Le prometí dos pies de cera si podía recuperar mi movilidad. Hoy vengo con mi andador a cumplir esa promesa”, dijo con voz emocionada, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y gratitud.

Más al frente, Aída Sánchez, procedente de Elías Piña, compartió su historia con un fervor contagioso. Aseguró que la Virgen le devolvió la vida a su nieta en un momento crítico. “Yo entré donde la niña estaba y tuve que sacudirla para que ella viva”, relató con intensidad.

Esta vez, vino acompañada de otro nieto, un adolescente “vestido de promesa” con la esperanza de que la Virgen le devuelva completamente la visión. “Madre, te lo traigo vestido de promesa”, dijo con voz firme, mientras colocaba al joven frente al templo.

Desde la misma provincia también llegó Roberta Lebrón, quien atribuyó a la Virgen la estabilidad de su pequeño negocio de pollo y la superación de múltiples calamidades personales. Su fe se manifestó en cada palabra, con lágrimas de gratitud asomando en sus ojos.

Jóvenes, futuro y esperanza colectiva

No sólo adultos y ancianos marcaron presencia. Fernando Trinidad, un joven con aspiraciones como modelo, expresó cómo la Virgen ha influido en su trayectoria personal y profesional. Para él, la madre protectora ha sido un faro en su camino.

“En esta conmemoración le pido que encamine a nuestro país por el sendero del conocimiento y del amor, y que consuele a las familias que han sufrido casos lamentables”, dijo con madurez y esperanza.

Rafaela Félix, de Vicente Noble, Barahona, describió a la Virgen como “su madre”, a quien atribuye bendiciones tangibles: una casa propia y buena salud. Su relato fue un canto a la confianza absoluta en la figura espiritual que congrega a miles cada año.

Por su parte, Luz María Fulgencio, una mujer de 80 años de Monte Plata, compartió con emoción que sufrió una trombosis años atrás y que fue gracias a la intervención de la Virgen que pudo recuperarse. “Prometí visitarla todos los años mientras esté viva. Llevo 15 años haciéndolo y seguiré viniendo”, afirmó con la voz temblorosa, pero segura en su compromiso.

Un escenario de fe y organización humana

La Basílica y sus alrededores comenzaron a llenarse desde días antes del 21 de enero. Familias enteras instalaron casas de campaña, otros improvisaron casitas de lonas y muchos simplemente extendieron colchones y sábanas bajo la sombra de los árboles, creando un campamento de fe y esperanza frente al templo.

Algunos armaban fogones para cocinar, mientras que otros se agrupaban en pequeños grupos, entonando salves y oraciones a la Virgen. La devoción se vivía en cada gesto, en cada mirada y en cada palabra compartida entre los peregrinos.

No faltaron las personas discapacitadas y de la calle, quienes aguardaban las promesas de quienes peregrinaban, con la esperanza de recibir una ayuda que les permitiera aliviar sus necesidades más urgentes. También se observó una significativa presencia de nacionales haitianos, quienes formaban parte de ese mar de humanidad que colmaba el área verde y los pasillos de los alrededores.

Miles de visitantes, no solo de diversas provincias del país sino también del exterior, llegaron para participar de los actos litúrgicos, de convivencia y de fervor que marcan esta celebración.

Operativo de protección y asistencia

Dada la magnitud de la celebración, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), en coordinación con la Gobernación de La Altagracia y otras instituciones, desplegó el Operativo Altagraciano 2026, con más de 9,000 colaboradores y voluntarios.

El objetivo principal fue garantizar la seguridad y asistencia de los feligreses y visitantes. Desde la tarde del día anterior, el dispositivo de prevención vial ya estaba en marcha, con especial atención a posibles incidentes en las carreteras que conectan a la región Este del país.

El obispo de la Diócesis, Monseñor Jesús Castro Marte, anfitrión de la celebración, confirmó que todo estaba listo para la gran jornada de fe. Junto a él, autoridades eclesiásticas y civiles participaron en diversas actividades, entre ellas el Festival Gastronómico de la Yuca, que se realizó en la avenida Sacra, marcando el inicio de las festividades.

Misa principal y mensajes de reconciliación

La misa central de las 9:00 de la mañana se convirtió en el momento culmen de la jornada. Con la presencia tradicional de autoridades, entre ellas el presidente Luis Abinader y la primera dama Raquel Arbaje, la homilía de Monseñor Castro Marte resonó entre los corazones de los asistentes.

Sus palabras no solo estuvieron cargadas de espiritualidad, sino también de llamados al amor, la reconciliación y la unidad nacional.

Una devoción que une generaciones

El Día de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey no es solo una celebración religiosa: es una manifestación colectiva de historias humanas entrelazadas por la fe. Aquí, cada rostro, cada paso y cada lágrima cuentan una saga de esperanza, sacrificio y gratitud.

En estas peregrinaciones, no solo se camina hacia un santuario, sino hacia lo más íntimo del corazón dominicano: la certeza de que, incluso en los momentos más oscuros, la fe puede ser el motor que impulsa a seguir adelante.

En Higüey, este 21 de enero de 2026, la Virgen de la Altagracia no solo recibió ofrendas, sino también los sueños, los recuerdos y las fuerzas renovadas de un pueblo que, año tras año, no cesa de creer.

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