Ilusión y realidad
Por Carmen Imbert Brugal
El lunes del año apenas comienza con su carga de metas, deseos y el entusiasmo de las personas convencidas de la buenaventura que augura el cambio de fecha. Ese fin y comienzo con la ficción de trascendencia.
Otras personas, sin embargo, arrastran consigo la fatiga que producen los excesos propios de las festividades, mezclada con el agobio provocado por la postergación de realizaciones que quedan en el pasado y por la desmesura de anhelos para el ciclo que comienza.
El disimulo ayuda, el convencimiento de que no ha ocurrido nada simplemente se debe actualizar el calendario, todo es mito y la vida sigue igual.
La rutina se impondrá tanto como la necesidad de entender que la dimensión de los problemas personales y públicos no disminuyó con los abrazos y felicitaciones recibidas a las 12 de la noche del 31 de diciembre.
Hoy no es un lunes cualquiera porque de alguna manera es Día de Reyes, aunque es día 5, paradoja tan divertida como desquiciante.
Para la infancia de otro tiempo fue momento de expectativa y misterio. La inocencia permitía aceptar como hecho cierto la entrada a la casa de tres reyes montados en sus camellos con las alforjas cargadas de juguetes.
Era la misma candidez de la muchachada que en el Cibao y región norte del país esperaba a un Niño Jesús repartidor de regalos y a un Santa Claus enorme ocupando espacios y buscando rincones para colocar paquetes. Temporada de alegría y de frustración para la niñez que buscaba sin encontrar y no entendía cómo si su comportamiento había sido óptimo no recibía recompensa.
Queda poco de la conmemoración, apenas la cabalgata organizada por el Cuerpo de Bomberos en el Distrito Nacional sin el esplendor de otrora y la dádiva para los menos favorecidos.
La ilusión se desvanece son otros los pendientes y otras las conmemoraciones. Algunos atribuyen a las disposiciones de la ley 139-97, la dejadez y el abandono de la celebración que carece del impacto y esplendor que una vez tuvo.
Con o sin la ley que rige hace 28 años la tradición se ha perdido. Podría reinventarse para la preservación y el disfrute. En el año 2017 recordaba el ejemplo de Uruguay que ayudaría a la reinvención de algo que un día fue importante. Desde el 1919, el laicismo erradicó el día de los Santos Reyes, pero el 6 de enero, la niñez celebra, recibe regalos, porque es “El día del Niño”.
Es difícil lograr que la inocencia perviva y suplantar las motivaciones que agreden la quimera. Asumir que hoy es 6 de enero sin serlo es extraño, complicado.
Con o sin feriado, con fantasía o engaño, con el Día de Reyes que no es el día de Reyes la realidad dicta. Atrás quedan los destellos de armonía y convivencia tan ideal como fugaz.
El año comienza, es la cuesta de enero con sus deudas y resaca, con la violencia y el desconcierto que impera a pesar de los fuegos de artificio tan artificiales como los mensajes oficiales para engatusar a incautos. Más que ánimo se necesita entereza para comenzar.
Hoy

