Juan Pablo Duarte y las enseñanzas de Jesús

 Por Euri Cabral

Este 26 de enero del año 2026 se cumplen 213 años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria Dominicana y Fundador de la Nacionalidad. Según el historiador Emiliano Tejera, Duarte es «el dominicano de gloria más pura y el más grande entre los fundadores de la patria».

Desde hace años he sostenido la tesis de que Duarte fue, sobre todas las cosas, un gran hombre de fe y un seguidor en la práctica de las enseñanzas que Jesús legó a la humanidad. En varios escenarios he afirmado que durante su estadía en la tierra Jesús nos legó cuatro grandes enseñanzas: La de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, la de perdonar sin importar el nivel de las ofensas, la de servir y entregarse enteramente por los demás y la de mantener la humildad como norma de vida.

Esas cuatro grandes enseñanzas de Jesús estuvieron siempre presentes en la vida de Duarte, como parte de su profunda fe. En todo momento el Padre de la Patria Dominicana puso a Dios como el centro de su vida y de sus acciones. Y sus grandes esfuerzos por lograr la liberación de nuestra nación es la prueba más elocuente de su amor al prójimo.

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Duarte supo perdonar a sus enemigos sin importar la magnitud del daño que le habían hecho. Nunca albergó odio contra quienes no sólo lo apresaron, lo maltrataron, lo exiliaron y hasta estuvieron a punto de fusilarlo. El dejó la venganza en manos de Dios, tal y como establece la Biblia en Romanos 12:19.

Su entrega y servicio para con los demás y para con su patria, alcanzó niveles de antología. En dos ocasiones, en 1843 y en 1864, hizo que su familia vendiera sus bienes y posesiones para ayudar la causa independentista y la causa restauradora, respectivamente.

El espíritu de humildad de Duarte es una de las grandes virtudes de su vida. La humildad de Duarte se muestra claramente en dos hechos de magnitudes históricas. El primero fue cuando Mella lo proclamó Presidente de la República en la ciudad de Santiago, en julio de 1844. El actuó conforme a sus principios de humildad y de respeto institucional y dijo que no lo aceptaba para evitar nuevos problemas con las demás fuerzas que habían apoyado la causa independentista.

El segundo hecho que muestra la gran humildad del Padre de la Patria sucedió cuando a su retorno al país para ponerse a las órdenes del gobierno restaurador en 1864, las tropas invasoras españolas pusieron a circular un pasquín en su contra, diciendo que el venía a hacerse “el jefe de la lucha restauradora”. Ante esa falacia, Duarte primero se siente incómodo, pero su espíritu de humildad lo llevó a actuar con mesura y comedimiento, y decidió  retornar a Venezuela para cumplir una misión asignada por el gobierno restaurador. Y todo porque con humildad dijo: «Siempre fui motivo de amor entre todos los dominicanos, y jamás piedra de escándalo, ni manzana de discordia».

Cuanta grandeza, cuanta dignidad y cuanta humildad en esas acciones. Todo eso confirma en los hechos, que Duarte fue un gran hombre de fe y un seguidor en la práctica de las enseñanzas de Jesús. Por todo eso, en estos tiempos la imagen y el ejemplo de Duarte crece en una dimensión extraordinaria.

Duarte es un ejemplo de firmeza en los principios. Un ejemplo como ideólogo y precursor de la Independencia Nacional. Sus convicciones y sus trabajos para que la nación dominicana tuviera una constitución democrática, lo convierten en el Primer Constitucionalista Dominicano. Duarte es un ejemplo de un líder con visión clara y adelantada a su época sobre el papel de los municipios en el funcionamiento del Estado dominicano, lo que le convierte en el Primer Municipalista Dominicano.

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Duarte es un ejemplo de amor a la patria sin buscar nada a cambio. Es un ejemplo de lucha sin máculas por un ideal y por un objetivo hasta el final. Es un ejemplo de Liderazgo solidario, humano, democrático. Es un ejemplo de luchador con visión y acción por un ideal.

Juan Pablo Duarte fue fiel en la práctica a las enseñanzas que Jesús dejó a la humanidad. Por eso, es un ejemplo a seguir en nuestra lucha y nuestros deseos de que, cada vez más y más, la patria dominicana transite por senderos de amor, de esperanza, de armonía, de bienestar, de prosperidad, de felicidad, de justicia social y de muchas bendiciones del Dios Todopoderoso.

Euri Cabral

Es Economista y Comunicador

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